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El Reus sobrevive al límite

El equipo resiste a su falta de recursos y sigue sumando. Afrontó el derbi con solo 13 fichas del primer equipo. Ricardo Vaz y Carbonell se cayeron por lesión

Marc Libiano

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Alfredo González

Alfredo González

Ocho puntos en seis jornadas justifican el esfuerzo descomunal del Reus, que se sujeta casi de puntillas en un alfiler. No por su escasez de talento, sí por la falta de recursos. Su fondo de armario resulta tan corto que para competir en el campeonato más igualado del continente debe convivir con una exigencia desmesurada. Le faltan efectivos y le sobran amenazas. De momento resiste, aunque nadie sabe hasta cuándo.

Ni siquiera Xavi Bartolo expone como coartada la realidad que debe afrontar cada semana. Cuando llega el domingo prepara la estrategia con naturalidad y no tiene ningún problema en soltar a los chicos del filial, que se adaptan a una responsabilidad brutal a ritmo de vértigo. Es un máster avanzado para ellos, aunque corren un riesgo inevitable, la misma categoría puede encumbrarles o devorarles. La gestión de sus minutos y de sus emociones necesita de una minuciosidad rigurosa. Planas, Gonzalo, Guerrero, Enri y Arjona no se han asustado cuando se les ha requerido. Una grandísima noticia que tampoco esconde las deficiencias del equipo. Bartolo apenas puede agitar los partidos porque en la zona ofensiva no dispone de alternativas. Va con lo puesto.

En el derbi, al que el Reus le rascó un punto, Bartolo necesitó armar la rotación en el segundo tiempo. Arjona y Enric, los dos del B, y Bastos, un improvisado interior cuando su naturaleza responde al lateral diestro, se convirtieron en los elegidos. Ricardo Vaz y Carbonell se cayeron por lesión. El Reus se presentó en el gran partido con sólo 13 fichas de la primera plantilla. Dato demoledor. El técnico no quiere oír ni hablar de excusas, pero se trata de una situación objetiva.

Ni las limitaciones han provocado que el Reus haya modificado su estilo, esa idea que ha patentado desde el arranque del proyecto. De entrada desea luchar por el protagonismo en cada examen. Quiere la pelota y no huye de esa responsabilidad. Propone. La hoja de ruta, hasta el momento, no se discute. Ni siquiera cuando el Estadi pide más juego directo. La elección del ideario es innegociable.

Los adeptos no escondieron el orgullo de sentir y de admirar la aventura y el compromiso de sus jugadores justo después del derbi. Había síntomas de satisfacción a pesar el empate. A nivel general se conocen las adversidades y se venera la actitud de los chicos, mientras se mira de reojo esa zona de la grada donde Vítor, Cuenca, Yoda y Tito, observan el esfuerzo de sus compañeros. Ansían que llegue el frío de diciembre. A finales de año se encuentra, si el club se pone al día, el final del túnel.

Mientras, el Reus se aferra al fútbol y a ese espíritu de supervivencia que ha adoptado como hábito para competir con orgullo en cualquier escenario y ante cualquier rival, muchos con tradición de Primera más que de Segunda. El desgaste psicológico y fisico resulta inevitable y más con el equipo metido todavía en la Copa. Ante la extrema adversidad, el Reus, de momento, levita. Nadie sabe hasta cuándo.

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