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El Reus vuela en la Vespa de Benito

Los rojinegros conquistan una nueva victoria por la mínima, esta vez ante el Zaragoza, y acarician la permanencia. Deslumbra la maravillosa actuación del lateral, hoy en el carril izquierdo. Ha decidido un gol de David Querol, a los 27 minutos

Redacción

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Imagen de archivo de un partido de esta temporada. Foto: Alfredo González

Imagen de archivo de un partido de esta temporada. Foto: Alfredo González

Ni siquiera las inclemencias naturales pueden con la energía de Benito, un defensor con alma de extremo. El guión le había desplazado a la izquierda por aquello de tapar agujeros, ante la siempre inoportuna enfermería. Benito es para el Reus como Slash para los Guns N' Roses, sus solos definen suertes. Encandilan oídos. Ni siquiera con la pierna de palo apaciguó su estatus. Benito ofreció su Vespa para servir al Reus otra conquista. De quilates, porque la gesta de la permanencia ya es cuestión de tiempo.

 El Reus conectó su espíritu de supervivencia en la trinchera, en la apertura de puertas, con el Zaragoza amagando mayor ligereza con la pelota. Sobre todo gracias a los movimientos de Ros, un centrocampista de buena relación con la pelota y con extrema facilidad para la sorpresa. De oficio llegador, así lo llaman los gurús. Ros gozó de dos remates consecutivos para armar líoy hastío, pero no acabó todo lo que había creado a través de su computadora inteligente. Apareció sin avisar en la zona decisiva. Cuando precisó ejecutar, primero chocó con el cuerpo de Olmo, galáctico salvador. Al central no se le cayeron los anillos para mancharse en el barro. Luego no impactó con fiereza ante Badia, que casi ni se inmutó para solucionar el problema.

 Ros se acordó de su ternura poco después, porque el Reus se desbocó. Se arropó en otra maravilloso papel de Óscar de Folch en su teatro de los sueños. Folch enseñó un repertorio de virtudes infinito. No sólo se dedicó a impartir magisterio cuando había que tocar, en las disputas ya suele vencer con frecuencia y puntualidad. A su vera sorprendió en el once Tébar, un pivote que habla el mismo idioma que el capitán. Otro socio para combinar, para sentir el placer de transportar la pelota. Vítor asomó la cabeza en ese vértice imaginario que dibuja sociedades deliciosas. Con el Reus en plan jerárquico, emergió el confort.

Benito, el asistente

Benito se disfrazó de zurdo otro domingo. En lugar de llorar el marrón se lo tomó como un desafío deslumbrante. Ni siquiera la amenaza de su dudosa izquierda le quitó del foco. Benito fue tan perseverante como preciso. Pudo anotar con un punterazo con la pierna mala que Ratón, el guardián maño, le adivinó. No importó. Poco después, el carrilero mandó un servicio al espacio, para el movimiento relámpago de Máyor. Éste la acarició escorado y la acompañó hasta el segundo poste. Querol llegó para empujarla de primeras y para seguir celebrando. No hace demasiado le anotó cuatro al Zaragoza. Un 4 de junio de 2016, precisamente. Trabajaba en la Costa Brava. Viaje idílico.

 Precisamente, las piernas diabólicas de Querol y David Haro iniciaron sus Juegos Olímpicos con el Zaragoza descosido, exhibiendo su orgullo histórico. En la espalda de los centrales aragoneses se abrió campo abierto, adictivo para los velocistas rojinegros. Allá corrían Querol y Haro, aunque costó generar pánico.

 Asomaba de nuevo el peligro de dejar caer el juego en la monotonía, en esas horas muertas de biblioteca en donde parece que no ocurre nada, pero si te olvidas de cerrar tu trabajo puedes pagarlo. Sea con un suspenso o con un gol venenoso en contra. Y ante la fe tradicional del Zaragoza conviene rebelarse.

 Benito sacó de paseo su ramillete incansable de asistencias para habilitar a Querol, que había marcado una diagonal estética fabulosa. El canterano acabó de primeras. La pelota lamió el poste. El valor de Benito resulta tan indispensable que ya da igual dónde actúe. En la izquierda, en la derecha o en un tablao flamenco. El lateral gambeteó como Garricha poco después. En ese lugar donde el resto de los humanos se encogen, Benito recortó y paralizó sentidos. Su servicio atrás lo recogió Vítor, en el corazón del gol. Abandonó la violencia por la colocación. Besó la madera.

La agonía pidió al Reus rigurosidad militar de nuevo para guardar el botín. Los militares suelen mantenerse fieles a la causa. También los chicos de Natxo, que siguen firmes y ni pestañean. Esta vez subidos en la Vespa de Alberto Benito.

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