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El Scudetto se escribe con Català

El portero reusense, Adrià Català, se proclamó ayer campeón de la Liga italiana con el Lodi, tras romper la hegemonía del Forte dei Marmi

Marc Libiano

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Adrià Català celebra con los aficionados del Lodi el título de Liga. Foto: Cedida

Adrià Català celebra con los aficionados del Lodi el título de Liga. Foto: Cedida

Me contaba no hace mucho Roger Molina, en una de esas charlas hockísticas interminables, que la gran virtud de Adrià Català (Reus,1994) gravita en saber escuchar. En su cultura ilimitada para el aprendizaje. Adrià siempre ha visto en Molina un espejo innegociable. La sociedad reivindica fundamentos que van más allá del resultado. Son exponentes de la Academia OK Porters, un refugio que defiende a capa y espada la figura del arquero. No cómo un simple muñeco que escupe bolas, sí como un protagonista activo del juego.

Adri Català es el hijo mayor de Josep Maria, ese canterano del Reus que hacía latir al templo en los 90 cada vez que asomaba por la pista. Su disparo de pala encogía corazones y hacía temblar a los rivales. Gritaba con entusiasmo el Front ‘Bom Bom Català, Bom, Bom’. Josep Maria nunca atrapó el foco, en parte porque la salud no le acompañó. Precisó dejar la práctica del hockey por un problema cardíaco, aunque no abandonó su pasión. De hecho la ha transmitido a sus hijos. El primero, Adri. También Aleix, el pequeño de la saga.

Un click del destino provocó inquietud por la portería a Adrià, concretamente a los 11 años. Hasta entonces había probado como jugador, aunque no le reían mucho las gracias. Fue en Cambrils cuando descubrió un encanto que jamás había imaginado. No se separó más de las guardas y de esa especie de armadura que protege la valentía de los porteros. De la fama de locos escapa Adrià, un tipo responsable con la causa, agradable hasta para una piedra.

El meta terminó su formación en Can Reus, donde llegó a sujetar el peso de la suplencia en la primera plantilla, justo a la vera de otro de sus maestros, Guillem Trabal. Hace tres años prefirió la aventura al confort. El negocio ha salido rentable. En la ciudad italiana de Lodi ya es icono. No estamos hablando de una plaza sencilla. En Lodi se habla hockey por los cuatro costados. Hoy, maravillas de Adrià Català.

A las órdenes de Nuno Resende, quizás el técnico portugués con mayor prestigio, Adrià ha impulsado de forma definitiva su carrera. Ha necesitado responder a las urgencias defensivas de un equipo descarado, con un modelo de juego valiente. De hecho, el Lodi ha terminado como máximo goleador del Scudetto. También ha salido campeón. Ayer, en la pista del hegemónico Forte dei Marmi, con un gol definitivo del veterano Domenico Iluzzi . Con Català en plan estelar. Conquistando un pedazo de historia. Un año atrás ya había levantado la Copa.

Justo en la mañana previa a la decisiva batalla de anoche, Adrià recibió una inesperada sorpresa emocional. La familia le mandó un vídeo para alterar sus pieles. La respuesta fue directa y sencilla. ‘Papá, hoy ganamos el título’. Desde casa, rezando para que la red no complicara la existencia, Josep Maria, Cori y Aleix sintieron la plenitud al ver campeonar a Adrià. No hubo distancia entre Reus y Forte dei Marmi. Sólo lágrimas de orgullo.

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