Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Deportes FÚTBOL

El año que Cruyff brilló en Levante

'El Flaco' recaló en la plantilla granota en la temporada 1980/81, en Segunda. Sus exigencias afectaron al rendimiento del equipo pero su elegancia deslumbró al joven Claudio Barragán

Jaume Aparicio López

Whatsapp
El holandés Johan Cruyff con la camiseta del Levante. Foto: ud levante

El holandés Johan Cruyff con la camiseta del Levante. Foto: ud levante

Claudio Barragán acababa de llegar a Levante. El presidente Paco Aznar le había ofrecido una plaza en la primera plantilla granota. Una llamada demasiado fuerte como para no oírla. Era el fútbol o seguir ayudando a su padre en la albañilería de Manises.

El 26 de octubre de 1980, con 16 años, Claudio debutaba con el Levante en Segunda división ante el Granada (0-0). Fue titular, pero a la media hora ya era sustituido por Campuzano. «En aquella época existía una regla que obligaba a los equipos a alinear a dos jugadores sub'20», explica Barragán, que ese año jugó más con el Juvenil que con el primer equipo.

El Levante era segundo cuando los rumores sobre una hipotética llegada de Cruyff inundaron el vestuario granota. Barragán admiraba al tres veces Balón de Oro (1971, 1973 y 1974). «Imagina lo que era para mí, un chico que hace unos meses jugaba en Regional Preferente, la posibilidad de tener cerca a uno de tus ídolos del momento», explica.

El Flaco quería regresar a Europa después de su experiencia americana con Los Ángeles Aztecas y Washington Diplomats y buscaba equipo. Tenía 33 años.

Paco Aznar se las ingenió para ofrecerle un contrato imposible para un equipo de Segunda división y con problemas económicos. Las cifras bailan. De 40 millones de pesetas (240.000 euros) a los diez millones que publicó el propio Levante en un historia del club en 1984. Además, Johan exigía parte de las taquillas –tanto del Nou Estadi de Valencia como de los campos que visitaba– y un chalet en L’Eliana. Todo por cuatro meses de competición.

El resultado económicamente fue una ruina para el club. Acabó con un agujero importante en sus arcas. Deportivamente el tiro tampoco salió bien. El 'holandés volador' disputó diez encuentros en los que marcó dos goles al Oviedo. El balance fue pobre para un candidato al ascenso: cuatro victorias, dos empates y cuatro derrotas, lo que llevó al Levante hasta la novena posición.

Barragán cree que los ‘caprichos’ de Cruyff desestabilizaron al equipo. Mientras ellos viajaban en autobús, el crack lo hacía en avión junto con el presidente. O en Vitoria, por ejemplo, cuando no alcanzó un acuerdo con el Alavés por un porcentaje de la taquilla y no se vistió de corto.

Para satisfacerle aún más, Paco Aznar, fichó a su excompañero en el FC Barcelona Joaquim Rifé como entrenador, sustituyendo a Enrique Pérez ‘Pachín’. Pero Cruyff no se llegó a acomodar ni a los entrenamientos.

«Se pasaba muchas sesiones con el pie en el cubo de agua, sal y vinagre para tratarse una lesión en el dedo», relata Barragán. Eso sí, cuando al Flaco le daba por corretear con la pelota, deslumbraba.

Claudio Barragán se pasaba el entrenamiento mirándole. «Era la elegancia personificada». Solo podía observarle de lejos por esa manía de algunos entrenadores como Rifé que separaban a los profesionales o titulares de los jóvenes. «Cada grupo entrenaba en medio campo. Pero aún así, podía ver cómo se movía y trataba de asimilar sus movimientos. Aprendí muchísimo», asegura.

En el campo Claudio Barragán gozaba de un desparpajo felino. Un delantero centro, como el 'Flaco', que alumbró a un generación de futbolistas con sus goles en Mallorca y en el 'Super Depor', donde formó un ataque letal junto con Bebeto. Pero fuera se recluía en la humildad inculcada en la cuna. Tanto que «no sé si le llegué a dar los ‘buenos días’ por el respeto que me generaba».

Durante cuatro meses se cambió a diario a unos metros de Johan, pero le faltó el valor para pedirle una fotografía. «Me arrepiento de no haberlo hecho», admite. Tal era luz que rezumaba la leyenda de Cruyff. Capaz de sosegar al más fiero de los delanteros de los 80/90.

Temas

  • DEPORTES

Comentarios

Lea También