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El cabrense y jugador del Eibar, Jordi Calavera, se lleva la 'calçotada' al País Vasco

Josep Maria, padre del futbolista del Eibar, acercó la gastronomía vallense al equipo vasco

Jaume Aparicio

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Toda la plantilla del Eibar junto con los 'chef' Josep Maria y Joan

Toda la plantilla del Eibar junto con los 'chef' Josep Maria y Joan

Jordi Calavera (Cabra del Camp, 23 años) quería sorprender a sus compañeros del Eibar. En su quinta temporada en Primera División el equipo armero anda como un tiro. José Luis Mendilibar ha conseguido consolidar al conjunto eibarrés en la parte media de la tabla. Se respira tranquilidad en Ipurúa. En ese ambiente familiar el lateral quiso exportar al corazón del País Vasco la tradicional cita gastronómica tarraconense de esta época, la Calçotada.

Para ello contó con su mejor aliado, su padre, Josep Maria. El progenitor del futbolista (y del jugador del Lleida Josep) asumió la tarea de alimentar a más de una treintena de personas con la misma bondad que si le hubiera pedido, en plena adolescencia, alargar una hora más su llegada a casa. 

Echó mano de un amigo de la familia, Joan, para recoger todo lo necesario. 600 ‘calçots’ de un agricultor de Cabra, 6 kilos de salsa, aceite, vino, carne, etc. Lo indispensable para que una ‘Calçotada’ salga bien. Necesitaron de una furgoneta y su correspondiente remolque para poder llevarlo 500 kilómetros hacia el noroeste. 

La cita era ineludible para la plantilla armera. Ningún jugador ni miembro del cuerpo técnico se lo quiso perder. Mientras Josep Maria y Joan andaban con los preparativos iban llegando los futbolistas. Los catalanes como Joan Jordán, Marc Cucurella, Marc Cardona y Pere Milla ya sabían de qué iba eso.

Otros confundía el ‘calçot’ con el porro. «No, no, esto es una especie de cebolla», les corregía Josep Maria. Aprendieron rápido a coger la mecánica de pelar el calçot, mojarlo en la salsa y comerlo boca arriba. Ni necesitaron baberos. ¡Que son vascos! 

El ambiente en Atxabalpe fue exquisito. Se notó que Eibar es un club que rompe moldes. Su familiaridad y cercanía es sumamente difícil de encontrar entre los clubes que forman parte de la élite del fútbol estatal. Lo confirma el propio Josep Maria, agradecido a la acogida que tuvo entre la plantilla «Fue un placer pasar el día con ellos. Me demostraron que son una verdadera familia». Todos se pasaron para saludar al ‘chef’ y a su ayudante Joan y agradecer una jornada perfecta para hacer piña.

Solo falta el debut de Jordi Calavera en Primera División. El mediano de los Calavera-Espinach todavía no ha podido cumplir su sueño de jugar en la máxima competición. Esta temporada, la que el club armero había decidido mantener al lateral derecho en su plantilla, luciendo el dorsal número ‘2’, ha sido la que más le han castigado las lesiones musculares.

Primero impidiéndole iniciar el campeonato junto al resto del equipo y, una vez recuperado, recayendo de la lesión en los primeros minutos que dispuataba con la camiseta del Eibar en Copa del Rey. Y en un escenario, el Molinón-Quini, en el que Jordi guarda un exquisito recuerdo por su paso allí la temporada pasada.

Los aplausos de una afición que le sigue considerando uno de los suyos mientras abandonaba con lágrimas el terreno de juego dejan claro la calidad del futbolista de Cabra del Camp tanto dentro como fuera del campo. En Eibar lo han comprobado con la implicación del jugador desde la enfermería. Ahora Jordi, a sus 23 años, quiere reafirmarlo sobre el césped. 

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