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El campeón cede su trono

El Reus cae ante el Barcelona en la semifinal de la Copa de Europa (2-4). Los rojinegros fallan hasta cuatro directas, aunque pierden con orgullo

Marc Libiano

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Gabriele Baldi

Gabriele Baldi

Cuesta vivir un Clásico de Copa de Europa en el congelador, sin la ebullición de costumbre, alejado el partido de la zona de confort, a miles de kilómetros de Catalunya. El Dragao Caixa había ardido hora y media antes, en la semifinal portuguesa. Después quedó huérfano de calor y público. Sólo los valientes hinchas de Barça y Reus alimentaban de crédito el Clásico, que no defraudó. Una vez más.

Gabriele Baldi

Ni siquiera los dos protagonistas esperaron al típico café de sobremesa. Se intercambiaron golpes casi desde el calentamiento, con esas miradas que desafían al miedo en las eternas previas. No tardaron tampoco en encontrar el gol. Primero, Bargalló con una cuchara tierna que perforó a Ballart por bajo. Marín respondió segundos después. Inauguró una transición y por el pasillo interior halló una grieta. Ejecutó de pala y Sergi Fernandez no pudo reaccionar.

El Clásico europeo se armó de igualdad, con dos equipos destinados a no especular. El Barça lo desgastó con su inacabable fondo de armario. Llevó el juego al terreno físico. Incomodó al Reus con esa presión en el origen de cada ataque rojinegro. A pesar de ello, Salvat había enviado una pelota al poste, aunque descosió al Reus un penalti que forzó Pascual. Se perfiló para atacar por detrás de portería. Marín le persiguió, no le esperó, y le cazó dentro del área. Barroso envió la pelota al ángulo.

Fue entonces cuando el Barcelona encontró esos cinco minutos demoledores. Si anda efectivo te destruye. Lo hizo con otras dos acciones malabaristas de dos de sus artistas. Primero Lucas, con una pizca de fortuna, superó a Ballart. La pelota cayó en la red llovida, mordida por un rechace. Otra acción en el fondo, por detrás de la portería rojinegra, fue el germen del 1-4. Defendió mal el Reus la maniobra de Lucas, que cedió al primer poste. La esperaba Pablo Álvarez con el gancho. Marca registrada del argentino. El Reus se enfrentaba a una barbaridad. La distancia no resultaba tan abundante en cuanto a juego. En el descanso desafiaba a una utopía.

Gabriele Baldi

El ADN del Reus impide la rendición. Y el equipo resistió. Persistió. Se dejó el alma en la pista. Dispuso de hasta cuatro tiros directos para acercarse a la remontada. No acertó en ninguno. Sin el porcentaje alto en la pelota parada no se puede frenar al Barcelona. Marín erró tres y Àlex otro. El capitán ha perdido el ángel cuando las directas le distinguían como un especialista. Una pesadilla para los rivales.

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El Reus desbocó el partido. Lo agitó. No le quedaba otra. Se descubrió mucho. Expuso todo, pero sin puntería. El Barça rotó los porteros en el intervalo por una inclemencia física de Sergi Fernández. No hay problema. Egurrola es otra garantía estratosférica. Sujetó al Barça cuando lo necesitó. Sólo Marín, con otra pala exterior, le batió en una superioridad numérica del Reus. Fue el 2-4. No hubo más respuesta del campeón, que cedió su trono con orgullo.

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