Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

El derbi de Hitchcock (CF Reus 3 - 2 Pobla)

El Reus supera por la mínima a la Pobla en una noria de partido, con final repleto de suspense y show arbitral. Los rojinegros se quedan con diez tras la expulsión de Ricardo y necesitan sujetar el arreón épico tarraconense

Marc Libiano Pijoan

Whatsapp
Acción del derbi celebrado este domingo. Foto: Alfredo González

Acción del derbi celebrado este domingo. Foto: Alfredo González

Alfred Hitchcock escribió el guión del derbi, con una media sonrisa pícara y de puntillas para evitar el ruido. Escondió el jaleo y la alteración de los biorritmos. Ninguno de los hinchas imaginó el desenlace un puñado de minutos antes, cuando el partido transitaba bajo un orden cansino, perdido en la monotonía. De repente, emergió el suspense, con la ayuda de un show arbitral esperpéntico. Alfred decidió que Alberto Carbonell Hernández, el juez, agitara la anestesia y la convirtiera en vértigo con dictámenes quisquillosos, que trastornaron el sistema nervioso hasta de los bebés que tomaban el sol en el recinto.

En Reus se sintieron especialmente señalados. Natxo y Bernardo Tapia acabaron dirigiendo desde el palco. Ricardo, castigado entre la agonía y el desespero de los instantes de la verdad. El enredo se completó con un concierto de cartulinas desmesurado. La confusión no impidió que el Reus guardara el botín. Necesitó sujetar el arreón épico de la Pobla cuando el filial grana se desbocó. Eso sí, con el alma más que con cordura. De hecho, mantener la serenidad en el clima que se había instalado desafiaba a la utopía.

Antes, el derbi reinó bajo una calma tensa. En esa guerra fría, el Reus alcanzó el gobierno con un comportamiento desigual. Mezcló destellos exquisitos con siesta. Se empeñó en no acabar el trabajo, aunque no lo lamentó.

Los rojinegros madrugaron para tomar ventaja. Mordieron en una salida desde la cueva imprecisa de Ondoa, el arquero que aterrizó el jueves en la Pobla y disfrutó del privilegio dos días después. Vítor interpretó e interceptó el servicio con la testa. Originó una transición meteórica.

El balón cayó en zona de seguridad y murió en el 46 de calzado de Ramon Folch. Éste no se separó de la sencillez más compleja. Su visión periférica le ofrece derechos vip. Del resto se encargó su talento. Folch trazó un pase elegido hacia la carrera de David Haro, que había arrancado como un especialista de los 100 metros lisos. En la culminación, el control resultó definitivo. Deleitó a cualquier paladar gourmet. Haro pinchó el balón y convirtió cruzado, imposible para Ondoa. Se habían consumido cinco minutos. Nada más.

Esa puesta en escena no modificó planes. La Pobla se empeñó en querer jugar desde el orígen, a veces con elecciones casi temerarias. Fue un equipo fiel con su amorosa relación con la pelota. Le tuteó la posesión al enemigo, aunque su rostro no esquivó la ternura.

Mientras, el Reus mantenía el juego en el congelador. Sin padecer, aunque sin encadenar largos períodos de amenaza. El confort le traicionó. Se contaminó de una rutina sospechosa. Rafa, en uno de sus pocos viajes hacia la conquista del gol, se desplegó en un balón parado. Ejecutó desde la cal del área grande. El esférico chocó con el cuerpo de su colega David Haro. Él?no quería.

Vítor y Edgar crearon una sociedad de éxito a los 21 minutos. Se expresaron casi siempre con un toque. El luso optó por la rosca para definir. La sutileza del golpeo dibujó una parábola estética, aunque alejada del objetivo.

Nacho desequilibra

La Pobla no se descosió ante la intimidación esporádica rival. Hasta el punto que sólo necesitó un resquicio para igualar. Nacho lo descubrió entre Ángel y Moyano. Marcelo envió el presente hacia una diagonal inteligente. La concreción resultó maravillosa. Nacho sorteó la media salida de Badia con el control. Ya escorado y con hielo en la sangre, anotó.

Nacho apareció en el partido con excesiva intermitencia, pero cuando conectó en tres cuartos de cancha generó desequilibrio venenoso. Partió en la derecha, pero como los artistas bohemios necesita libertad para expresarse. Su figura se encogió demasiado en el segundo acto. La Pobla le echó de menos.

Antes, David Haro recogió con su pose de niño bueno un servicio imposible de Vítor. En una baldosa, el enganche mandó el balón al movimiento de David, que pasó de bonachón a diabólico en décimas de segundo. Ejecutó cruzado en el 45.

La excelencia en una estrategia otorgó calma al Reus. El germen nació en Vítor, Folch prolongó a la izquierda y colgó Ángel. Ya en corazón del área, Moyano se elevó para inventarse una asistencia de pívot, aunque con su cabeza. Colorado utilizó la sorpresa para aparecer y concretar, a los 5o minutos.

Los de Natxo pensaron en el disfrute, pero la Pobla permaneció de pie. Parecía inmune a los golpes. La eficacia distinguió al equipo de Posse. Segundo intento, segundo gol. Nació en una pérdida de Colorado y un desajuste colectivo posterior del Reus. Cristian mandó el partido a un final cardíaco, en el que Carbonell Hernández desquició y provocó alboroto. El juego casi acabó en el manicomio. Con Hitchcock a carcajada limpia.

Temas

  • DEPORTES

Comentarios

Lea También