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El dueño del gol

Raúl Marín recobra su mejor versión como líder del Reus de Mariotti. Este atacante diferencial ha terminado pichichi de la OK Liga

Marc Libiano Pijoan

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Raúl Marín celebra uno de sus 50 goles de esta temporada, en el Palau d´Esports. Foto: Alba Mariné

Raúl Marín celebra uno de sus 50 goles de esta temporada, en el Palau d´Esports. Foto: Alba Mariné

La relación paradisíaca entre Raúl Marín (Reus, 1986) y el gol se gestó desde los dos años de edad, cuando aquel pequeño entusiasta, con unos kilos de más, se calzó los patines y eligió su mundo. Porque el hockey siempre lo fue. Marín renunció a tiempo de guateque con sus amigos e incluso a los estudios para conquistar sueños. Perdió un millón de horas en la pista exterior del Reus Deportiu para depurar sus virtudes. Ese talento individual que hoy enseña tuvo su germen en los interminables días de frío o calor, también de soledad. A Raúl nadie le puede discutir su pasión por el juego.

De benjamín, bajo la tutela y el marcaje del mítico Alejandro Avecilla, aquel internacional virtuoso de los 90, el atacante fue capaz de anotar hasta 12 dianas en un partido ante el Valls. Convivía con otros nombres ilustres en la cantera del Reus. Albert Casanovas o David Arellano también anhelaban la élite.

Con dos años vio como el Reus le rechazó por bebé, por niño precoz. Antes de ingresar en el templo necesitó de un paso previo por el Pla de Santa Maria. Una vez el Reus le firmó escribió un idilio casi perfecto con la entidad de la calle Gaudí. De hecho, con 14 años, Manolo Barceló ya le graduó en la primera plantilla. Todo iba tan deprisa que nadie paró a pensar que ese chico, con una magia diferencial, todavía era un niño.

Alcoy, Igualada y Vilanova sirvieron como Máster de madurez y realidad antes de regresar al Reus hecho, como un delantero de destino brillante. En la 2010-2011 se coronó ya como pichichi del campeonato vestido de rojinegro. Acumuló 44 goles, pero el premio colectivo superó cualquier inyección a su ego personal. El Reus campeonó aquel año. Celebró la competición doméstica junto a su gente, en aquella última jornada de mayo ante el Tenerife, en la que Raúl decoró su viaje deslumbrante con un gol de coleccionista. Ideal para poner y enamorar a cualquier ojeador.

El poderoso Barcelona coronó el tránsito del reusense, que se marchó al enemigo histórico en verano de 2013. En el Palau acumuló prestigio y títulos, aunque no terminó de cuajar. Precisó marcharse para recobrar ese peso específico que había alcanzado.

Como hijo pródigo

El camino de vuelta a casa se consumó este verano. Raúl no dejó dudas. Se comprometió por cuatro temporadas. Eligió un proyecto en lugar de los cantos de sirena con derroche económico del extranjero. También eligió protagonismo. Sabía de antemano que se iba a convertir en el hombre franquicia. Mariotti se lo confirmó rápido. Le entregó el liderazgo.

Marín ha respondido con 50 goles y de nuevo se ha erigido como un experto gestor de presión. Con la exigencia se crece. El resto pasaba por dejar al Reus en zona Champions a nivel colectivo. Lo ha logrado. Además ha añadido 50 goles descomunales a su nómina de méritos. Ha vuelto a postularse como pichichi. Como dueño del gol.

 

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