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El embrujo de Quini

El mítico exdelantero de Barça y Sporting ejerce de presidente de honor en el club Gijonés y despertó la admiración de los hinchas en el Estadi. Aún en el palco, le reconoció a Llastarri que no habían merecido pasar

Marc Libiano

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Quini, en el palco del Estadi municipal. Foto: Alfredo González

Quini, en el palco del Estadi municipal. Foto: Alfredo González

Enrique Castro Quini (Oviedo, 1949) no evitó los gestos de admiración de los hinchas del Reus. Sentado en primera fila del palco sentía el calor y el intento de saludo de los curiosos que se instalaron en la tribuna baja, muy pendientes siempre de cada movimiento en la zona VIP. El Brujo es símbolo, un tipo admirado no sólo por lo que fue sobre el verde, también por los valores que transmitió fuera de él y su capacidad para unir más que para separar. Hoy y tras una etapa intensa como delegado del primer equipo de su Sporting, ejerce como dirigente encargado de las relaciones institucionales. Es decir, una especie de presidente de honor que marca la línea de conducta del tradicional y emblemático club de Gijón. El viejo Sporting no ha evitado el descenso a Segunda pero conserva hábitos y ascendencia dentro del fútbol español. Para ello, Quini resulta esencial. Emblema del bien.

El embrujo de este personaje fundamental para conocer la historia del prestigioso fútbol nacional traspasa fronteras. Despierta admiraciones a raudales incluso vestido de traje y corbata. Fue un delantero inundado de gol y carisma. Conserva el respeto del gremio y su figura dispone de una influencia trascendental en el plantel actual que dirige Paco Herrera. No hay ningún futbolista del Sporting capaz de discutirle el status. Correría serio peligro. Hace dos años, Javier Fernández, presidente del Sporting le consideró gancho fundamental hacia el exterior y le coronó como dirigente de relaciones institucionales.
Durante el descanso del pulso copero que mantuvieron el Reus y el Sporting en el Estadi, el Brujo prefirió aguardar en su localidad. No acudió al reservado en el que las autoridades disfrutan del típico picoteo en el antepalco. Solo, con la mirada observadora, se refugió en las sensaciones que le transmitía el lugar y en la simpatía de sus gentes. No esquivó ni una sonrisa. Todo lo contrario. El presidente del Reus, Xavier Llastarri, le facilitó una botella de agua, justo antes de la reanudación del juego. 


Quini acompaña siempre a la expedición del Sporting en cada viaje lejos de Gijón. No sólo eso. Los rivales que visitan la bella ciudad asturiana disfrutan de un recibimiento especial. En la puerta del hotel de concentración les espera Quini para darles bienvenida. En su visita inaugural a Reus, el exdelantero vio con sus propios ojos algo casi inaudito, como el rival le perdonaba dos penaltis a su Sporting, además de un ramillete de situaciones claras que, probablemente, él hubiera soñado en su época en activo.
La confesión sincera
Enrique Castro nunca ha olvidado la sinceridad a pesar de encontrarse en un mundo donde a veces se oculta la verdad con demasiada frecuencia. Quizás por eso se trata de una personalidad diferencial. Tras la clasificación ajustada del Sporting se dirigió hacia Llastarri, le dio la mano y le soltó una confesión noble. «No sé que decirte presidente. No hemos merecido pasar, pero esto es el fútbol». Habrá próximo capítulo el pocos meses. Con ese embrujo de El Brujo.

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