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El escorpión pica de nuevo

Le llaman ‘Tito Escorpión’ por un golpe de boxeo que recuerda al alacrán. Seis veces campeón de España, se retiró en 2005. Entrena a jóvenes en un gimnasio de Tarragona en su primera experiencia como educador

Raúl Cosano

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Alberto, en el gimnasio Kick Boxing y Muay Thai. Foto: Pere Ferré

Alberto, en el gimnasio Kick Boxing y Muay Thai. Foto: Pere Ferré

Alberto ‘Tito Escorpión’ López se ha vuelto a sentir púgil, aunque en otra vertiente. Por primera vez, esta eminencia del boxeo (seis veces campeón de España) enseña su maestría a chavales que quieren aprender. «Es muy gratificante ver cómo aprenden los chicos, cómo progresan, cómo van haciendo las cosas que tú les indicas y van modificando su actitud. Te llena mucho», reconoce con entusiasmo. «Le hemos recuperado para la causa», concede con humor Albert Giménez, el responsable del gimnasio Kick Boxing y Muay Thai de Tarragona. 

Albert, un defensor de estas disciplinas en su componente didáctico para los más pequeños, resume el encuentro casual: «Resulta que su mujer llevaba al hijo al gimnasio y hablando salió el tema de Alberto, el padre. Me dijo que había sido boxeador y que había competido a gran nivel, así que a partir de ahí él acabó pasando por aquí e interesándose por lo que hacíamos». 

Alberto, ‘Tito Escorpión’ sobre el cuadrilátero, acabó pronto convertido en profesor de boxeo, dos días por semana. Con ello, este barcelonés afincado desde hace años en La Pobla de Montornès, recuperaba la práctica que le había hecho célebre en el pasado: 20 años como boxeador profesional y una carrera intensa, con más de 60 combates a sus espaldas, algunos de ellos internacionales, y seis flamantes títulos de campeón de España en superpluma. 

Se encumbró, además, sobreponiéndose a retiros temporales y a sinsabores. Los últimos dos títulos los logró, además, en 2004, diez años después de haber conseguido los anteriores, una especie de fructífera segunda juventud. Además, tomó parte en el Campeonato del Mundo Hispano, en dos Campeonatos de la Unión Europea y en el Campeonato de Canadá, América y México. 

«Es muy difícil mantenerse en este nivel, porque aunque estés muy bien preparado, hay factores externos que ya no dependen de ti», cuenta, y habla de varios malos tragos: desde decisiones injustas de los árbitros en algún combate a dificultades para acceder a peleas por intereses no siempre claros, momentos agrios de un deporte volátil y siempre en el alambre, a pesar de los motivos que llevaron a ‘Tito Escorpión’ a él: «Yo jugaba a fútbol pero me cansé de que los resultados dependieran del esfuerzo de otros. Yo quería un deporte individual, en el que los éxitos y también los fracasos fueran sólo míos». 

En la memoria de ‘Tito’ hay combates míticos, como aquel contra Bonifacio García Ochaíta en Leganés que acabó en nulo y luego, en la revancha que pidió Alberto, ganó en Barcelona, o aquel con el cinturón de campeón de España en juego en el que se impuso a Locomotora López por KO. Fue un luchador osado y ambicioso, capaz de poner en juego su propio título una y otra vez antes los aspirantes, y aun así salir victorioso. A los 48 años, hacía 13 que se había retirado, desconectando casi por completo, olvidándose del deporte que le había llevado a lucir en las páginas de los periódicos deportivos. «Como mucho le pegaba al saco que tengo en casa, pero nada más», cuenta.

Ahora el gusanillo de la enseñanza le ha atrapado. Va dos días por semana a impartir clase, cuando su empleo de transportista se lo permite, y planea acudir más. Los chavales están encantados. No se sabe si a los alumnos les habrá enseñado ya su secreto, su marca de la casa, ese golpe de volea desde arriba que recuerda al picotazo del alacrán y que a algún preparador le dio la idea para bautizarle como ‘Tito Escorpión’. 

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