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El fútbol ayuda a caminar al pequeño Narcís

Con 8 años de edad padece una discapacidad psicomotora en sus piernas y en un brazo. Gracias al deporte, el avance y el afán de superación han tomado impulso. Practica el fútbol en la Escuela de Porteros Óscar Rodri

Marc Libiano

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Los pasos de Narcís Chaparro se arropan al fútbol. Este niño de 8 años, natural de Riudoms, se desvive por el juego. Ni siquiera una discapacidad psicomotora en sus piernas y parte del brazo le impide compartir sueños con su almohada. Narcís persigue mantener la tradición familiar. Su padre, Albert, vistió como portero de fútbol sala en Riudoms y Mont-roig. Las fábulas de los niños suelen arroparse en la ambición. Narcís admira a Ter Stegen, el arquero del Barcelona. Culé hasta las últimas consecuencias.

El fútbol para él no sólo otorga felicidad personal, se trata de una vía hacia el progreso. Su madre, Mònica, necesitó asumir que probablemente el pequeño iba a terminar en una silla de ruedas. Gracias al deporte, cada sesión de entrenamiento se transforma en medicina para el chico y su musculatura. La realidad actual es que Narcís va quitando grados a su discapacidad en cada revisión médica. “Entra al entrenamiento con una pierna torcida y sale con las dos rectas’, admite Mònica, que le observa con atención en el ensayo semanal, en la Escuela de Porteros de Òscar Rodri, donde actualmente practica la actividad Narcís. El campo de juego de la Escola Pare Manyanet de Reus es para él un nido de aprendizaje y de disfrute. Ama el fútbol.

La familia Chaparro derrocha balón casi las 24 horas del día. El hermano pequeño de Narcís, Albert, ha dado el paso hacia el Reus, después de exhibir virtudes esperanzadoras en el Riudoms. Se ha postulado como una de las perlas de la prestigiosa cantera rojinegra. Mientras, la Escuela de Porteros Óscar Rodri inventa ilusiones. En Narcís sólo hay una; la pelota. Este verano, después del Campus de final de temporada, y de vuelta a casa, en el coche, el aspirante a arquero ya preguntaba a sus papás qué día empezaba el nuevo curso. No hay respiro para él.

En los ejercicios técnicos que los entrenadores de la Escuela ofrecen a los chicos, Narcís actúa como uno más, sin diferencias ni distancias. Sus compañeros le adoran. Esa capacidad de superación que enseña resulta asombrosa. Se estira como el chiche para atrapar el balón, pelea para superar fronteras. Probablemente la realidad le impedirá privilegios, pero esa rebelión contra lo establecido sólo se encuentra al alcance de los niños, ajenos a los prejuicios.

El deporte como alimento

No sólo el fútbol ha completado el proceso deportivo de Chaparro. También la natación, el ballet o el judo. En esos escenarios, la actividad física ha permitido un avance ante la discapacidad, aunque para el pequeño Narcís, como el fútbol, nada. Así lo ha comunicado en varias ocasiones, ha llorado incluso cuando ha visto a sus amigos corretear detrás de la pelota. Hoy es feliz con esos guantes gigantes, imitando al alemán Stegen.

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