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El gol estaba en Valladolid (Valladolid 0-3 Nàstic)

Dos goles de Maikel Mesa y uno de Jean Luc dan los tres puntos al equipo de Rodri que ni siquiera tuvo que arriesgar con Uche

Jaume Aparicio

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Gaztañaga y Luismi en el partido de esta tarde. Foto: LaLiga

Gaztañaga y Luismi en el partido de esta tarde. Foto: LaLiga

No hizo falta Uche para que el Nàstic volviera a marcar. No uno, sino tres goles consiguió el equipo grana en Valladolid para sumar tres puntos importantísimos. En su reencuentro con las redes Maikel Mesa hizo doblete. Abrió y cerró el marcador. El primero cabeceando un centro perfecto de Kakabadze. El segundo, empalando el cuero para reventar la red del portero Masip.

Entre uno y otro la sobrecarga eléctrica de Jean Luc. Ese rayo que ilumina todo el cielo en un parpadeo. Desde 25 metros clavó un golazo de bandera, después de una mala salida del arquero local.

El partido salió perfecto. Dimitrievski dejó su portería a cero. Increíblemente, porque el Valladolid tuvo oportunidades para perforarla. Hasta estrelló un balón al palo, con el 0-3. La suerte, esta vez, se alió con el Nàstic en defensa y en ataque, porque los tres disparos entre los tres palos acabaron en gol.

Rodri optó por la prudencia con Uche. Había muchas ganas de que volviera al equipo. Su ausencia había debilitado tanto el ataque grana que lo había dejado sin capacidad goleadora. Hasta los compañeros tenían ganas de volver a ver al nigeriano sobre el césped. Pero el técnico grana ya había advertido que si había una mínima posibilidad de recaída no iban a arriesgar. Así que Uche se quedó en el banquillo. Y como el equipo demostró haber recuperado la pólvora en ataque, ahí lo dejó todo el partido. Reservando los goles del nigeriano para otras fechas en las que más falta hiciera.

Una titularidad que cató Jean Luc por primera vez esta temporada. El extremo había contado poco en este inicio de liga. Apenas una hora. Su presencia acentuaba la propuesta prevista del Nàstic. Líneas cerradas en posición defensiva y velocidad a la contra como plan principal de ataque. De posesión, más bien poca. El Valladolid la asumió toda. Especialmente tras el gol de Maikel Mesa a los diez minutos de partido.

Manu Barreiro fue el precursor del tanto con un pase espectacular al primer toque que dejó a Kakabadze solo con todo el carril diestro para correr. Tuvo todo el tiempo del mundo para preparar un buen centro. Una asistencia precisa a la cabeza de Maikel Mesa que el canario cabeceó al fondo de la red.

La mitad de los deberes ya estaban hechos pero quedaba más de una hora para completar el otro 50% del trabajo. El de picar piedra, mucha piedra, para resistir el asedio blanquivioleta.

Un acoso facilitado por los errores individuales grana. Will Zahibo perdía balones en plena salida facilitando el ataque desprevenido de los pucelanos. Rodri rompió la pareja de centrales en la que había confiado hasta la fecha. Dejó a Perone en el banquillo para apostar por la velocidad de Suzuki para contrarrestar la movilidad de Mata y el dinamismo de Iban Salvador. Aunque perdiera altura en las jugadas de estrategia.

El japonés no estuvo fino. Sigue sin reconducir sus pasos al Suzuki de hace dos temporadas, cuando se destapó como un central fiable y seguro. Tampoco los laterales mostraron la fortaleza que debían. Kakabadze se veía siempre superado por la falta de colaboración de Jean Luc. Javi Jiménez dejaba mucho espacio para que Toni o Iban Salvador pensaran su próximo movimiento. La resistencia la mantuvieron Gaztañaga, inmenso imponiendo su superioridad táctica, y Molina, el achicador de La Canonja. La indecisión de los delanteros fue de gran ayuda a la hora de proteger el arco de Dimitrievski. No supieron como rematar al Nàstic y perdonaron lo indecible.

El cerrajón grana hizo que el Valladolid se estableciera en campo grana, descuidando el aspecto defensivo. Cuando el Nàstic abandonaba la reclusión en su área tenía espacio para correr, a la espalda de la zaga castellana. Ahí atacó el Nàstic con la verticalidad de sus jugadores más iluminados. Jean Luc se activó en una de esas ráfagas muy suyas, en un partido gris del marfileño. Corría, peleaba pero parecía que iba con el freno de mano. Lo soltó cuando tocó. Masip, el portero del Valladolid, dejó su portería para rescatar un pase pésimo hacia atrás. Calculó mal la velocidad del africano. El extremo del Nàstic llegó antes. Con algo de fortuna se quedó con el cuero y desde 25 metros, levantó el rostro y dibujó una parábola magistral para hacer el 0-2.

La eficacia estaba siendo brutal. Dos tiros, dos goles. El tercero también acabó alojado en el fondo de la portería de Masip. El genio lo puso Juan Delgado. Increíble, pero cierto. En otra actuación negada del chileno, mediocre en ataque y pasivo en defensa, descolgó un balón con un toque exquisito que desarboló al defensa. Con toda la calma, cedió el cuero a Mesa que fusiló sin piedad al meta pucelano.

El Valladolid lo siguió intentando hasta el final. Dos palos, una mano impresionante de Dimitrievski. El gol se resistió y el Nàstic se llevó los tres puntos. Igual que el curso pasado.

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