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El hombre ascenso

El reusense Ramon Masqué convirtió al Tenerife en club de elite después de alcanzar la Segunda A en el curso 1982-83. Llegó a la isla gracias al servicio militar y anotó hasta 14 goles en un año histórico. También llevó a Burgos y Alzira a la categoría de plata

Marc Libiano Pijoan

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Ramon Masqué durante la charla que ha mantenido con el Diari. Foto: Alfredo González

Ramon Masqué durante la charla que ha mantenido con el Diari. Foto: Alfredo González

Rubén Cano se había postulado en el famoseo por aquel gol decisivo ante Yugoslavia que ofreció a España el billete directo hacia el Mundial de Argentina en 1978. Fue en el estadio Crverna Zvezda, la misma noche en la que Juanito recibió un botellazo en la cabeza cuando abandonaba el césped con ese aire provocativo que a veces le delataba. El prestigioso Cano, cuatro años después, cayó de pie en la isla de Tenerife. Compartió aventura en la punta del ataque con un tal Ramon Masqué, reusense de cuna y producto de la cantera ganxet. 
Masqué había brillado en el primer equipo recién alcanzada la mayoría de edad. Se convirtió en pieza indispensable de aquel pionero ascenso a la categoría de bronce en el 81, gracias a sus goles decisivos en la promoción. Masqué inauguró su tránsito en Segunda B con una quincena de aciertos que  le alzaron hacia un nuevo vuelo. Jamás pensó que el servicio militar que precisaba cumplir iba a ser tan decisivo. 
El reusense estudiaba Económicas y prorrogó su paso por la mili, aunque un primer sorteo le destinó a Córdoba. Ramon disfrutaba de una segunda opción siempre y cuando renunciara a la prórroga. Curiosamente, el destino le había señalado; Tenerife.  El presidente del Reus en aquellos tiempos, Salvador Batlle, se disfrazó de intermediario para facilitar el pase de su jugador al Heliodoro Rodríguez. Se cerró con rapidez. Al primer día de servicio, el Tenerife ya le mimaba. 
El reusense gozó de privilegios impensables para cualquier otro militar. A los cuatro días salía del cuartel de paisano para acudir a los entrenamientos. Pocas veces pisó la cocina de comandancia para cumplir con lo que le habían ‘mandado’. 
El fútbol también sufrió un cambio radical. Masqué recuerda la intensidad en lo entrenamientos, el paso de la etapa amateur a la profesional. «Había más patadas los jueves que el mismo día de partido».  Aguirreoa, Mini, Manolo, Paco, Irsuta, Noly, Albert, David, Lasaosa, Rubén Cano y Masqué. El papel cuché más fetiche todavía ensalza aquel once mítico, de grato recuerdo para los hinchas más coleccionistas del viejo Tenerife. El ascenso se coronó tras un 6-0 mítico ante el Compostela, en el mismo Heliodoro. «En la ida sufrimos mucho, con un campo embarrado y muy duro. Les teníamos ganas», rememora el protagonista. Aquel éxito pionero gestó una relación idílica del club con la élite, con la época dorada posterior en Primera División. Ramon Fuertes cogió mosqueo monumental al ver que su delantero no renovaba para el proyecto en la plata. Un memorable partido de Masqué ante el Nàstic, en el Nou Estadi y con gol desde el centro del campo, volvió locos a los dirigentes granas, que ofrecieron un contrato de cifras irrechazables para la época. Todo en plena negociación entre el reusense y José López, presidente tinerfeño. 
En todo caso, su marcha no manchó un paso deslumbrante. Regresó como rival y recibió cariño a raudales. En Tenerife firmó 14 goles, definitivos para una gloria que marcó el paso de la entidad.
En realidad, Ramon Masqué se especializó en ascensos. Dejó huella en Burgos y Alzira, a los que también dejó en Segunda A. En casa, con CF Reus y Nàstic, les devolvió al foco. Les impusló a la Segunda B. Ramon inauguró un saga que heredó Sergi, consolidado durante años en el Reus, en el que llegó a lucir brazalete. Historías nostálgicas. Mitología pura.

Rubén Cano se había postulado en el famoseo por aquel gol decisivo ante Yugoslavia que ofreció a España el billete directo hacia el Mundial de Argentina en 1978. Fue en el pequeño Maracaná de Belgrado, la misma noche en la que Juanito recibió un botellazo en la cabeza cuando abandonaba el césped con ese aire provocativo que a veces le delataba. El prestigioso Cano, cuatro años después, cayó de pie en la isla de Tenerife. Compartió aventura en la punta del ataque con un tal Ramon Masqué, reusense de cuna y producto de la cantera ganxeta.

Masqué había brillado en el CF Reus recién alcanzada la mayoría de edad. Se convirtió en pieza indispensable de aquel pionero ascenso a la categoría de bronce en el 81, gracias a sus goles decisivos en la promoción. Masqué inauguró su tránsito en Segunda B con una quincena de aciertos que le alzaron hacia un nuevo vuelo. Jamás pensó que el servicio militar que precisaba cumplir iba a ser tan decisivo.

El reusense estudiaba Económicas y aplazó su paso por la mili, aunque un primer sorteo le había destinado a Córdoba. Ramon disfrutaba de una segunda opción siempre y cuando renunciara a la prórroga. Curiosamente, el azar le había señalado; Tenerife. El presidente del Reus en aquellos tiempos, Salvador Batlle, se disfrazó de intermediario para facilitar el pase de su jugador al Heliodoro Rodríguez. Se cerró con rapidez. Al primer día de servicio, el Tenerife ya le mimaba.

El reusense gozó de privilegios impensables para cualquier otro militar. A los cuatro días salía del cuartel de paisano para acudir a los entrenamientos. Pocas veces pisó la cocina de comandancia para cumplir con el trabajo que le habían encomendado.

El fútbol también sufrió un cambio radical. Masqué recuerda la intensidad en lo entrenamientos, el paso de la etapa amateur a la profesional. «Había más patadas los jueves que el mismo día de partido». Aguirreoa, Mini, Manolo, Paco, Irsuta, Noly, Albert, David, Lasaosa, Rubén Cano y Masqué. El papel cuché más fetiche todavía ensalza aquel once mítico, de grato recuerdo para los hinchas más coleccionistas del viejo Tenerife. El ascenso se coronó tras un 6-0 mítico ante el Compostela, en el mismo Heliodoro. «En la ida sufrimos mucho, con un campo embarrado y muy duro. Les teníamos ganas», rememora el protagonista. Aquel éxito precursor gestó una relación idílica del club con la élite, incluida la posterior época dorada en Primera. Ramon Fuertes cogió mosqueo monumental al ver que su delantero no renovaba para el proyecto de plata. Un memorable partido de Masqué ante el Nàstic, en el Nou Estadi de Tarragona y con gol desde el centro del campo, volvió locos a los dirigentes granas, que ofrecieron un contrato de cifras irrechazables para la época. Todo en plena negociación entre el reusense y José López, presidente tinerfeño.

En todo caso, su marcha no manchó un paso deslumbrante. Regresó como rival y recibió cariño a raudales. En Tenerife firmó 14 goles, definitivos para una gloria que marcó el paso de la entidad.

En realidad, Ramon Masqué se especializó en ascensos. Dejó huella en Burgos y Alzira, a los que también colocó en Segunda A. En casa, con CF Reus y Nàstic, les devolvió al foco. Les impusló a la Segunda B. Ramon inauguró un saga que heredó Sergi, consolidado durante años en el Reus, en el que llegó a lucir brazalete. Historías nostálgicas. Mitología pura.

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