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El mito del Reus Deportiu que vistió de azulgrana

Joan Sabater. El líder del Reus de las seis Copas militó en el Barça en el curso 1961-62, cobró 50.000 pesetas y viajaba en su Seat 600

MARC LIBIANO PIJOANMARC LIBIANO PIJOAN

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Joan Sabater celebra un título con la camiseta del Reus. FOTO: DT

Joan Sabater celebra un título con la camiseta del Reus. FOTO: DT

En la fase final del campeonato de España del curso 1961-62, el FC Barcelona peleó por el título con otras dos referencias hockísticas del momento, el Espanyol y el Voltregà. En aquella liguilla destacó como goleador azulgrana un tal Joan Sabater Escudé (Reus, 1938), a pesar de que la escuadra no pudo campeonar.

Ese hallazgo resultaría común si el personaje no dispusiera de un significado irrepetible, pero, como deportista, Sabater escapó de todo lo común. Fue faro de su época y líder indiscutible del Reus Deportiu de las seis Copas de Europa (1967-72). Considerado el mejor jugador del Mundo, los caprichos del destino llevaron al reusense al rival histórico en sus prometedores inicios.

Sabater militó una temporada en el FC Barcelona. Tal y como detalla el exdirector del Diari, Josep Cruset, en su libro «L’Aventura del gran Reus», el Reus Deportiu se había estancado en el campeonato y, para poder aspirar a la titularidad con la selección española en el Mundial de Chile, el joven accedió a la propuesta azulgrana en 1961, con un sueldo de 50.000 pesetas, más los gastos de desplazamiento.

El jugador acudía a entrenar dos días por semana más los partidos de sábado o domingo con su Seat 600. Como además debía presentarse a los controles periódicos que realizaba la selección española, muchas semanas precisaba instalarse en Barcelona. Dormía en una pequeña habitación que le facilitaba su padre, en aquel tiempo propietario de una tienda de bolsas de mano en la Ciudad Condal.

El Barça lo componían Borràs, Vila, Barguñó y Vilar, además de Sabater. El equipo disputaba sus partidos en la pista de debajo de las gradas del campo de fútbol de Les Corts.

El mismo verano de 1961, la entidad blaugrana firmó a dos jóvenes del Barcino, los hermanos Juan María y Joaquín Vilallonga, aunque para el equipo reserva. Lo que nadie imaginó durante aquellos días fue la amistad exitosa que uniría a los Vilallonga y a Sabater. «Creo que aquel año se empezó a crear el gran Reus», confirma el protagonista. Juan María y Joaquín figuran en la alineación imborrable del combinado rojinegro de las seis Copas de Europa. El padre de los Vilallonga prometió a Sabater que los hermanos ficharían por el Reus cuando éste regresara a la primera línea. Cumplió su palabra.

A nivel deportivo, el Barça, con el reusense como estandarte, protagonizó una buena campaña. En cambio, a poco más de 100 kilómetros, el Reus Deportiu sufrió un descenso dramático a Segunda División y ese fracaso, de forma sorprendente, se transformó en el arranque de una época gloriosa.

El nuevo presidente, Engelbert Borràs, recuperó a Sabater para devolver al equipo a la élite. «En el Barça me trataron muy bien, pero los amigos me convencieron». El regreso a la máxima categoría se demoró dos cursos (1964), ya que un accidente de tráfico en la carretera de Cambrils lesionó a Sabater, que se perdió el tramo final de la 1962-63. Tras el deseado ascenso, el Reus se coronó en espejo Mundial.

Este domingo, en otro capítulo del Clásico Reus-Barça, el mito acudirá a la cita en la localidad que conserva en el Palau. Y su deseo por el rojinegro no se discute. «Quiero que gane el Reus, eso ni se pregunta». Alto y claro.

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