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El supercampeón de cal Roig

La familia materna de Bruno Hortelano es originaria de L'Espluga de Francolí. La abuela, Isabel, reside en la casa pairal donde nacieron Pilar y Trinitat, madre y tío del atleta

Francesc Joan

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Bruno Hortelano, con la medalla de oro de los 200 metros del Europeo que ganó el pasado viernes.  Foto: EFE

Bruno Hortelano, con la medalla de oro de los 200 metros del Europeo que ganó el pasado viernes. Foto: EFE

No hay día que pase sin que a Isabel Ferran la feliciten durante sus paseos matinales por L’Espluga de Francolí. «Ayer vi otra vez a tu nieto por la tele... Aún le recuerdo correteando por aquí», le comenta una vecina. «¿Así que te va a llevar a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro?», le pregunta otro. Ella huye de cualquier protagonismo, pero se ha convertido en el foco de atención de este municipio de la Conca de Barberà durante los últimos días. Es la abuela de Bruno Hortelano, el atleta que ha roto moldes en la velocidad nacional después de proclamarse campeón de Europa de los 200 metros el pasado fin de semana en Amsterdam y que dedicó tan sonada victoria a Isabel. Jamás un español había disputado una gran final en esta disciplina; tampoco en los 100, en la que se quedó a sólo cuatro décimas del bronce (es el plusmarquista nacional con 10.06).

Una abuela feliz

Bruno tiene sus raíces maternas en Cal Roig. En la casa pairal, ubicada en el Passeig Cañelles de L’Espluga, nació su abuelo Josep Roig; también su madre Pilar y su tío Trinitat (y a la vez padrino); y allí sigue viviendo su abuela, Isabel Ferran.

A sus 90 años Isabel se mantiene pletórica. Mientras empieza a preparar ya la maleta para irse a Río de Janeiro donde verá competir a Bruno en los Juegos Olímpicos –el velocista se la llevará- ojea algunos recuerdos de su nieto en L’Espluga. Básicamente fotografías. Es una de sus pasiones, hasta el punto que ella misma se encargó de digitalizar el archivo familiar. También le encantan las nuevas tecnologías. Casi ninguna se le resiste. Tampoco el whatsapp, la aplicación con la que conversa casi a diario con su propio nieto.

También con su hija Pilar, que reside en Kazajistán. Desde el país asiático la madre espluguina de Bruno Hortelano admite que «toda la familia está orgullosísima por su oro, y a la vez sorprendidos por la repercusión mediática que ha tenido. Él estaba convencido que podía hacerlo bien».

Tanto Pilar como el padre de Bruno, Gonzalo Hortelano, son biólogos moleculares. Llevan cuatro años en Astaná, donde Gonzalo está impulsando y desarrollando el departamento de biología de una nueva y moderna universidad de la capital. Viven a caballo entre Kazajistán y Canadá, donde Gonzalo conserva su plaza en un hospital. En el país norteamericano han pasado los últimos 24 años –allí nació y estudia su otro hijo, Daniel, de 19 años-. Bruno nació en Australia hace 24, aunque a los pocos meses se trasladó a Canadá y se acabó formando deportiva y académicamente en Nueva York.

Lluvia de felicitaciones

A Pilar también le llueven las felicitaciones. Desde l’Espluga, donde residen varios familiares –los Roig son numerosos en el municipio- y amigos; también desde Tarragona, donde ella estudió durante siete años «como interna en el colegio Sagrat Cor»; y desde Madrid, donde reside la mayor parte de la familia de Gonzalo, originario del País Vasco.

Recién llegada de Amsterdam donde vio ganar a su hijo, Pilar explica que «Bruno ha pasado muchos veranos en l’Espluga. Tiene muchos amigos de la infancia allí con los que jugaba a fútbol, iba a la piscina... Ahora lleva un par de años sin ir porque las competiciones no se lo permiten y los últimos inviernos nos hemos llevado a la abuela Isabel a Canadá, así que nos reunimos allí toda la familia y por eso no veníamos. Pero tenemos ganas de regresar».

La madre del campeón de Europa de los 200 metros recuerda que «Bruno ya era muy rápido cuando iba a gatas por casa» y cuenta una anécdota aún desconocida. «Él se decidió por el atletismo a inicios del año 2000. Aquella primavera fue mi padre quien le regaló sus primeras zapatillas de clavos». El abuelo Josep fallecería aquel mismo verano.

Los vínculos de Bruno no acaban ahí. La iaia Isabel hizo socios de la Penya Barcelonista de l’Espluga a todos sus nietos, y siguen siéndolos, incluido el velocista.

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