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Embarba desnuda al Reus

Los rojinegros ceden ante un Rayo superior (0-2), que se arropa en la exhibición de su enganche para vencer con solvencia en el Estadi. Máyor se lesiona en el primer tiempo y el cambio de dibujo esta vez no ofrece soluciones

Marc Libiano

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Querol se lamenta mientras Alberto, en el suelo, atrapa un balón. Foto: Alba Mariné

Querol se lamenta mientras Alberto, en el suelo, atrapa un balón. Foto: Alba Mariné

Los pies de Adrián Embarba (Madrid, 1992) fabrican felicidad para el Rayo, que late bajo el liderazgo de este atacante de cortas dimensiones pero de tren inferior asombroso. Si recibe y despega resulta una utopía detenerle. Enseña potencia y una destreza técnica descomunal. Embarba se esconde detrás del punta, en Reus De Tomás, y su misión pasa por descubrir pasillos invisibles para descoser rivales. Si entra en contacto con la pelota en tres cuartos de cancha, al enemigo sólo le queda el rezo y la súplica. Las ventajas se las crea él bajo el mandato de la precisión. O sirve o acaba. Cada una de las situaciones que genera ofrece una incidencia descomunal. Lo padeció el Estadi, que se rindió ante la pequeña exhibición del enganche y el rostro imponente del Rayo. 

La imprudencia del Reus en el origen de sus ataques sufrió abundante castigo, perdió el partido y la credibilidad. Los dos goles que recibió se gestaron en pérdidas intolerables en cualquier libreto de EGB. En el ABC de cualquier educador formativo. Los poderosos con tradición como el Rayo suelen penalizar con cirugía dolorosa errores de ese tamaño. Embarba, que ya había repartido pánico en dos arranques venenosos, se encargó de golpear una concesión de Menéndez. Ni precisó combinar ni hallar socios por el camino. Sorteó con agilidad una emboscada de piernas malignas y ante Badia fue un fino violinista. Definió con la dulzura de un bebé. Mandó la pelota pegada al poste con su zurda. Se habían consumido 11 minutos.

El plan del Rayo, muy hambriento en la presión, había tomado un sentido madrugón. La valentía para ir a buscar al Reus a su propio campo forma parte de la esencia de un aspirante al regreso. En Vallecas quieren verse en el partidazo del Plus en pocos meses. En todo caso, los madrileños necesitaron sujetar la energía de un enemigo que se rebela ante lo establecido con frecuencia. No hay fin hasta que los minutos y el deseo se agotan. 
 

Máyor rozó el empate cuando el Reus pedía auxilio y se armaba de corazón. Ocurrió con dos remates con la testa consecutivos, en una maniobra que se inauguró en la autopista diestra, con Miramón y Querol como compañeros de viaje. El reusense la puso de rosca hacia el segundo palo, pero Alberto adivinó el primer intento de Máyor. No emergió el respiro. Desde la otra orilla sirvió Menéndez y la cabeza del alicantino asomó de nuevo. La peinó con suavizante. Los dedos de Alberto y el poste se aliaron para evitar el grito de éxtasis del Estadi.

El Reus fue virtuoso para no destruirse. Y eso que comparecieron mil males. Entre ellos, el abandono por lesión de Máyor, tras un choque con Abdoulaye, una especie de camión de mercancías vestido de central, y un disparo al travesaño de Embarba, de libre directo. Ingresó Lekic, aunque el gol quiso instalarse en las botas de Querol, en el soplido final del primer tiempo. El reusense conquistó una aventura imposible a la espalda de Amaya, que se despistó. Querol le adelantó por la izquierda ya casi en área chica. Acompañó la pelota con la puntita de la diestra, pero cayó mansa a las manos de Alberto.

Cambio de dibujo
Garai, como en Huesca, modificó el plan, que derivó hacia el 4-4-2 tradicional, con dos puntas. Acudió a Edgar Hernández y sacrificó a Fran ya en el intermedio. No esperó. Querol volvió a descolgarse por detrás de Hernández y Lekic como punta de un rombo en el medio que completaron Tito, el pivote defensivo, y Gus y Juan Domínguez como interiores. El cambio de dibujo no cuajó esta vez, entre otras cosas porque el Rayo halló el premio con excesiva prontitud. 

Dejan Lekic, de espaldas y muy alejado del arco rival, se enredó con un balón que debió descargar de primeras. Prefirió tirar caños en una baldosa y la decisión le condenó. Perdió el sentido y la pelota que inició una transición fulgurante de los vallecanos, que terminaron con la resistencia rojinegra.
 

Santi profundizó para la carrera de Aguirre, inesperado titular por lesión de Trejo, y éste recogió el guiño de su entrenador para anotar un 0-2 definitivo. Todo lo que sucedió después se acercó al quiero y no puedo del Reus, que perdió la brújula y el juego y abusó de los balones directos. Sólo un remate inocente de Edgar Hernández inquietó a Alberto. Mientras, en el otro lado, Embarba prefirió decorar su magisterio imitando la mano de Dios de Maradona. A él le pillaron. 

Ficha Técnica

Reus: Edgar Badia; Jorge Miramón, Pichu Atienza, Olmo, Menéndez; Ledes (Borja, min. 67), Tito, Juan Domínguez; Querol, Máyor (Lekic, min. 39) y Carbia (Edgar Hernández, min. 46).
Rayo Vallecano: Alberto García; Baiano, Amaya, Ba, Álex Moreno; Comesaña, Beltrán, Cerro (Velázquez, min. 84); Embarba, Raúl de Tomás (Domínguez, min. 77)  y Aguirre (Manucho, min. 63).
Goles: 0-1, Embarba (min.12); 0-2, Aguirre (min.57).
Árbitro: Jorge Valdés Aller (comité castellano-leonés). Mostró cartulina amarilla a Pichu Atienza (min.31), Ledes (min.50) y Olmo (min.58) por parte local; y a Aguirre (min.34), Baiano (min.62), Raúl de Tomás (min.72) y Cerro (min.74) por parte visitante.
Incidencias: Encuentro de la 10a jornada de la Liga 1/2/3, disputado en el Estadi Municipal de Reus ante unos 3.000 espectadores.

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