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'En Japón me ficharon sólo para vender camisetas'

Entrevista a Achille Emaná, delantero del Nàstic

Jaume Aparicio López

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Achille Emaná posa en el Nou Estadi, un estadio que considera su casa. Foto: pere ferré

Achille Emaná posa en el Nou Estadi, un estadio que considera su casa. Foto: pere ferré

Achille Emaná (Yaundé, 34 años) dejó el Nàstic en verano para irse al Tokushima Vortis, de la Segunda división, una experiencia rica económicamente, pero que se convirtió en un calvario deportivo. No jugó ni un partido. Seis meses después volvía a poner rumbo a Tarragona, junto a su ‘hermano’ Sergio Tejera, con la intención de ayudar al Nàstic a salir de la zona de descenso.


- ¿Quién se necesitaba más, Achille al Nàstic o el Nàstic a Achille?

-No lo sé. Las dos partes estamos contentos con mi regreso.

- Pero se buscaban.

- Obvio. Pero yo pude decir que no. Clubs no me faltaban. Pero prefería volver aquí, donde me siento bien, tengo a mi familia y la afición me quiere.

- ¿Por qué se fue?

- Por muchas cosas. En gran parte por una incomprensión. No tuvimos tiempo para sentarnos.

- ¿Fue una cuestión económica?

- Esa parte no lo sé, porque lo llevaba todo mi agente, José Pablo Varela. Yo estaba de vacaciones y me llamó para decirme que el Nàstic no respondía. Los japoneses presionaban y nos fuimos.

- ¿Cuándo te diste cuenta que no había sido una decisión acertada?

- No hubo un momento exacto. Fue algo más relacionado con un problema evidente día a día, que no jugaba. Usaron una lesión que tuve en el gemelo como excusa para dejarme fuera. Tampoco es que el tratamiento médico que me hicieron fuese ‘ejemplar’. El entrenador ya tenía su equipo. No contaba conmigo. Me compraron para vender camisetas. Puro marketing. Solo jugué dos partidos amistosos. Me llevó a un partido de Copa pero tampoco me hizo jugar. En ese momento dije ‘basta’.

- Cobrabas bien.

- Sí, está claro que tengo que dar de comer a mis hijos, pero si al final estás solo, no disfrutas con el fútbol y tampoco de estar con tus hijos, ¿de qué te sirve?

- Tenías mucho interés en conocer la cultura japonesa ¿Cómo fue esa experiencia?

- Yo vivía en Tokushima, una ciudad muy tranquila, donde no hay muchos jóvenes. Es más, de gente mayor y jubilada. Muy diferente a Tokio, que es más viva, con extranjeros y donde la gente habla inglés. En Tokushima no hay nada. Ni tiendas grandes, ni una discoteca. Eso sí, es una sociedad muy respetuosa. Son muy formales. A las 5.00 se van a trabajar y a las 22.00 todo el mundo está en su casa. No hay nadie en la calle. Hasta los taxistas duermen en el taxi.

- ¿Cómo encajaste en esa sociedad tan diferente a la que estabas acostumbrado en España?

- Me costó muchísimo. Para poder comer tuve que organizarme y formar un pequeño círculo, acudiendo al mismo restaurante y el mismo menú. Solo cambiaba si venía a visitarme mi agente y me traía algo de España. No jugaba y encima estaba solo allí. Me aburría.

- ¿Desde allí mirabas Tarragona y el Nàstic con añoranza?

- Siempre he seguido a todos los equipos que he estado. En mi Instagram sigo al Toulouse, Betis, Nàstic… hasta al Valencia que estuve allí de niño. Ver los mensajes de los aficionados del Nàstic me ilusionaba.

- Te preguntaban que cuándo ibas a volver.

- Y no sabía que decirles. Nada estaba en mi mano. Pero para un futbolista saber que a pesar de que no estás hay gente que quiere que vuelvas es una alegría.

- Se le ha echado de menos en la plantilla. Sobre todo Sergio Tejera. - Es que Sergio es Sergio. Antes de coincidir el año pasado nos conocíamos, pero el año pasado empezamos a vivir juntos.

- ¿Cómo fue eso?

- Cuando llegué al Nàstic coincidimos en el hotel de La Pineda. Yo encontré una casa y el también buscaba otra. Pero yo le dije: ‘¿Para qué vas a alquilar una si estás pagando la tuya en Barcelona? Vente a la mía, que tengo un montón de habitaciones. Además, es Géminis como yo y mis hijas. Lo único que nos diferencia es el año. Nos entendemos a la perfección.

- Y se convirtió en un hermano más.

- Tenemos una relación de sangre. Le echaba mucho de menos. En estos seis meses ha cuidado de la casa, de mi hermana, de mi hija, como si fuera su propia hija. Ha hecho más que algunos hermanos míos de mi propia sangre. Es más que un hermano. Daría mi vida por él.

- Ha vuelto muy implicado con el equipo.

- Cuando entro en el campo pienso en la familia, en la afición. Algunos pueden pensar que solo es un juego o un trabajo. Pero no podemos olvidar que hay niños que vienen a vernos con frío, lluvia, etc. Imagínate que están aguantando todo eso y ven que en el campo los jugadores no corren o el equipo no funciona. Es una decepción.

- La afición aguanta, pese a las dudas.

- Solo le pido a la afición que mantenga la esperanza. Que no se rinda porque les necesitamos. En casa somos fuertes por ellos. Si no están, los rivales se crecerán en nuestro estadio. No pueden bajar los brazos, nosotros no lo haremos.

- ¿Cómo ve a su hermano Stephane?

- Lo veo en buena progresión. Cuando firmé me preguntaron por él y dije que lo mejor era que se quedara. Aquí me tiene a mí, el entrenador le tiene confianza y sabe que va a jugar. Es un niño y hay que darle tiempo y que asuma la responsabilidad que supone ser delantero. Nos puede aportar muchísimo.

- En Lugo se vio que conectan en el campo.

- Me gustaría que se hablara de esta conexión cuando estemos fuera del descenso.

- Por cierto, Camerún campeona de África.

- Estoy muy contento por la selección. Nadie confiaba en el equipo. Los jóvenes demostraron cómo se hace. Siendo un equipo, una familia sobre el terreno de juego.

- Su generación estaba llena de estrellas (Eto’o, Webó, Geremy, Kameni). ¿Qué os faltó?

- No le faltaba nada, le sobraban egos. Cada uno hablaba de lo que cobraba y que por eso tenía que jugar. Nos pusieron en contra unos de otros.

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