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Épica insuficiente

El Reus cae en el Estadi ante el Albacete (1-2), en un partido de alternativas. Los manchegos, muy expertos, controlan mejor los detalles y se llevan los tres puntos

Marc Libiano

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Bela hipnotizó la energía juvenil del Reus con una maniobra de apariencia estéril a los 20 minutos. En realidad sólo parecía un centro. Sin más. La rosca del extremo del Albacete fue soltando veneno en cada tránsito de su viaje. Se convirtió en un cuchillo. La pelota se coló entre Catena y la llegada al primer poste de Zozulya. Éste intentó acariciarla. Badia perdió la dirección del balón y quedó vendido. Gol para el Albacete. Ni siquiera había asomado, pero el destino le había preparado un premio excesivo.

En parte porque no había salido del refugio, exigido por el entusiasmo de un Reus que dominó con jerarquía el amanecer del partido. Sólo Carbonell se presentó como novedad en el once. Ingresó por Planas, en la derecha del ataque. Carbonell nunca se vestirá de extremo, sus condiciones se relacionan con la asociación y no con la electricidad. Intentó actuar más por dentro y dejarle el pasillo a Bastos. No logró sentirse cómodo.

En todo caso, el Reus no sólo manejó el juego de posición. También amenazó. Primero con un despliegue romántico de Bastos, que conquistó  la autopista derecha hasta alcanzar el fondo. Se apoyó en Linares y ejecutó, aunque el balón chocó con el cuerpo Caro, un central de anatomía imponente. Fran se sumó a le alegría inaugural con uno de sus movimientos preferidos. Marcó la carrera al espacio y allí se la puso Mario. Ejecutó con la zurda Carbia, pero la pelota murió en las manos de Tomeu. Salió algo mordido el remate.

La genialidad imprevisible de Bela cambió el escenario. Creció el Albacete y el Reus perdió la brújula, incluso por momentos, pareció desorganizarse por su enorme pasión. Su enemigo acentuó el plan. Se resguardó para explotar las transiciones. No hubo más peligro para Badia. Tampoco emergió el Reus. Sólo un disparo de Gus obligó a estirarse a Tomeu Nadal. Un segundo antes del respiro. Al Reus se le enredó una mañana que invitaba a la degustación gourmet. Necesitaba recuperar la precisión y acudir al acoso y derribo. Sólo así podía derribar la propuesta plomiza del Albacete. Poco brillo, pero mucho oficio enseñó el rival manchego.

El Reus no conoce jamás la rendición. En su libro de estilo no existe esta palabra y por eso remó sin descanso cuando aparecieron las piedras. Rozó el empate Borja, que asomó en el segundo palo para acomodar la testa. Su remate careció de fuerza y colocación. Le había servido el balón Carbonell. Cuando las previsiones presagiaban baile rojinegro, el Alba volvió a tomar impulso. Los chicos de Ramis controlaron los detalles. Y el fútbol, muchas veces, premia a los minuciosos. En una estrategia, el despeje de puños de Badia se quedó a medio camino. La pelota colisionó en varios cuerpos hasta caer en los pies de Caro. La acompañó a gol en el área chica. Había tirado dos veces el Albacete. Su efectividad rozó la matrícula.

Bartolo alimentó la épica con los cachorros del filial, Enri y Planas más Ricardo, que todavía no ha encontrado la luz, pero que ansia aportar. Enri colocó de nuevo al Reus en batalla con un gol de pillo, de los que se pasan los fines de semana en la plazoleta engañando a los colegas. Cuerpeó con Fran Garcia y Tomeu, el arquero que partía con ventaja para secuestrar la pelota. Enri esquivó el choque final y salió por la derecha. Nadie sabe cómo, Nadal no blocó la pelota. El canterano del Reus la empujó a la red. Fue el toque de trompeta. La ofensiva de los luchadores. Pudo igualar el Reus con dos ejecuciones de Linares, pero no completó la gesta.  

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