Espartanos a una: ‘¡Arooo! ¡A luchar!’

Crónica. Durante unas horas Tárraco se transformó ayer en Egipto para acoger la carrera de obstáculos Egyptian Race

MARIA PEDREROL

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Uno de los equipos intentando superar el rocódromo, en el Pont del Diable.  FOTO: FABIÁN ACIDRES

Uno de los equipos intentando superar el rocódromo, en el Pont del Diable. FOTO: FABIÁN ACIDRES

‘Mientras más sudes aquí, menos sangrarás en batalla’ (Rey Leónidas). Muchos os preguntaréis: ¿y éste quién es? Leónidas (hijo de león) fue un rey espartano que dirigió a un pequeño grupo de aliados griegos en la Batalla de las Termópilas en el año 480 a.C. Pues bien, ayer, bajo el nombre de ‘Royal Spartan Tárraco’, un pequeño grupo de tarraconenses emprendimos una batalla por la Tarraco romana que, durante unas horas, se vio rodeada de esfinges, pirámides y faraones. Qué decir que incluso el Francolí dejó de serlo y se convirtió en el imponente río Nilo. Sudamos, y mucho; batallamos doce kilómetros recorriendo el río y el Pont del Diable; sangramos (algunos). Pero nos llevamos la medalla de haber luchado como buenos espartanos.

La responsable de toda esta locura es la Egyptian Race, una carrera de obstáculos (spartan para los entendidos y para los que no, aunque no me gusta especificarlo así, una especie de entrenamiento militar americano) que ayer plantó 34 pruebas entre el Parc del Francolí y el acueducto romano. Para superarlos a lo largo de esos 12 kilómetros a grito de ‘¡aroooo!’ (porque si gritas te animas más y duele menos). El speaker nos dio el pistoletazo de salida: 5, 4, 3, 2, 1... y ‘equipo, ¡A correr!’ Y a la aventura.

Por el camino nos encontramos de todo: redes en el suelo que había que superar reptando (puñetas, ¡la coleta! Mal empezamos...). Muros, muchos muros. Pirámides hechas de troncos de dos colores... ‘Tenéis que subir y bajar de la pirámide sin tocar los pies en el suelo. El amarillo lo tenéis que pasar por encima y el negro, por debajo’. Gran información de la voluntaria que estaba controlando ese obstáculo... ¿Cómo carai hacemos eso? Pues lo hicimos, ¡porque somos guerreros!

Hubo también tiro de jabalina, eso nos dio un respiro en el momento de mayor desnivel. Y descubrimos que... No, no tenemos mucha puntería. Cargadas de sacos que pesaban prefiero no saber cuánto.... Y llegamos al Pont del Diable. Uno de los emblemas romanos por excelencia de la Tárraco espartana. Algo muy ‘chungo’ tenía que haber allí, eso seguro. Y sí, lo había: el fly monkey, unas cuantas barras de hierro encastadas a lo alto de una estructura metálica y con una ‘distancia de seguridad’ (leáse la ironía) de el ya famoso metro y medio. Ala, cuélgate de una, balancéate, suéltate y agarra la siguiente sin caer. Prueba... Superada por solo 3 (y nuestro coach, dos veces, ¡o sea que cuenta el doble!).

Seguimos, corrimos más, mucho más, superamos más obstáculos... Y llegamos al punto de partida donde nos esperaba lo... Venga va, lo mejor. Entramos la mitad del grupo juntos. Hubo mucho agarre, anillas, monkey bar, subida a la cuerda, un muro de 3 metros... Lo reconozco, no logramos pasar ni la mitad (solo algunos). Pero lo intentamos. Y ya lo dicen, ¿no? Si no lo intentas, jamás lo conseguirás. Eso es poner en práctica todos los valores que este tipo de locuras te enseñan no solo durante la carrera en sí, sino también en los entrenamientos. Que por cierto, también hacemos juntos. Porque somos espartanos, sí, pero sin mis compañeros y amigos no habría Leónidas.

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