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Este Nàstic PROmete (Nàstic 2-1 Girona)

El conjunto de Raül Agné brilla y derrota al Girona para llevarse la 12ª edición del Trofeu Ciutat de Tarragona

Juanfran Moreno

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El Nàstic celebra la conquista del Ciutat de Tarragona. Foto: Fabián Acidres

El Nàstic celebra la conquista del Ciutat de Tarragona. Foto: Fabián Acidres

“Es que me gusta todo de ti”, sonaba en una de las letras de las canciones que se escucharon durante el calentamiento de Nàstic y Girona. Una de las canciones del verano que pertenece al artista latino Rauw Alejandro y que sirve para reflejar la relación actual entre el aficionado grana y su equipo. Este Nàstic promete e ilusiona porque es capaz de plantear y jugar el mismo partido ante el Atlético Levante que ante el Girona. Un equipo que presiona arriba si el rival quiere proponer, que en ataque ataca con pausa y verticalidad en función de lo que demanda la jugada y que explota el balón parado como viene siendo de costumbre en los últimos años. Ante un equipo de Segunda División llamado a pelear por el ascenso ofreció una actuación de altos vuelos que le valió para llevarse la 12ª edición del Trofeu Ciutat de Tarragona y para dejar claro que van a llegar al estreno en la Primera RFEF en pleno estado de forma y con la confianza muy elevada. La afición vibró y dejó claro al final del partido que este Nàstic le gusta de momento en su forma y fondo.

Cuando se tiene delante a un rival de superior categoría como el Girona siempre es una buena oportunidad para comenzar a vislumbrar el nivel actual del equipo. Con sus virtudes y sus defectos, pero es un test que se ajusta más a la realidad competitiva porque exige más, y eso provoca que los jugadores comparezcan con los cinco sentidos sobre el terreno de juego. Es por ello que Raül Agné apostó por una alineación que perfectamente podría ser la escogida para el debut liguero frente al Atlético Sanluqueño. Un once inicial con hasta seis caras nuevas (Manu García, Aythamim Artiles, Pedro Del Campo, Jannick Buyla, Robert Simón y Pablo Fernández). Seis futbolistas que han llegado para subir el nivel cualitativo del equipo y que tenían la oportunidad de darle continuidad a las buenas sensaciones que ofrecieron frente al Atlético Levante.

La salida fue ilusionante. De esas que enganchan y meten de lleno a la afición a las primeras de cambio. Lo que más convence es que las ideas se tienen muy claritas y eso que estamos a principios de agosto. El Nàstic es un equipo atrevido, sin complejos, que va a buscarte arriba porque su objetivo es recuperar el balón en la zona más adelantada posible. Ante el Girona demostró que esto es un concepto del juego que cada vez tiene más interiorizado y automatizado. La presión funcionó y en varias ocasiones fue el puente para construir las ocasiones más claras de gol.

Pedro del Campo está brillando en sus primeros partidos de grana. Foto: Fabián Acidres

El Girona buscaba salir jugando desde atrás con esa línea de tres que dibujó Míchel en la retaguardia. Dos recuperaciones en el centro del campo del Nàstic fueron el preludio de dos avisos claros de gol que tuvieron a Pablo Fernández como protagonista final y a Robert Simón como asistente desde el costado derecho. Es un cuchillo desde esa banda porque siempre da lo que demanda la jugada. En esas dos acciones casi consecutivas leyó a la perfección lo que pedía la transición. Esperó en el costado y cuando recibió con ventaja metió dos centros medidos que encontraron a un Pablo Fernández que parece tener imán. La primera la envió por encima del larguero y la segunda la materializó con un bello taconazo al que le faltó fuerza y atrapó Juan Carlos sin demasiados apuros.

Aquellos dos avisos espolearon a un Nou Estadi que comprobó que su equipo promete. No se sabe cómo irá la pretemporada, pero de momento lo que se ve es que es capaz de jugarle sin complejos a todo un Girona que presentaba varios futbolistas capitales de su plantilla. La gran diferencia respecto al año pasado de los granas parece ser que tiene más registros en fase ofensiva. Sigue siendo un equipo que domina la fase defensiva tanto en presión alta como en repliegue, pero ahora en los metros finales del área contraria ofrece una sensación de mayor peligro. Quizás es porque cuenta con jugadores con mayor talento, pero también porque el equipo llega a zonas de peligro de una manera más limpia. Es vertical, pero no abusa tanto del pelotazo como el año pasado. La línea de medios ya no se salta y el equipo ya no depende tanto del balón parado o de un chispazo de alguno de los de arriba. Hay una idea de juego ofensiva más pausada y un talento individual que favorece al colectivo y eso se comienza a vislumbrar.

En la segunda mitad, el Girona golpeó a las primeras de cambio. Le dio de su propia medicina al Nàstic con un robo en la fase de construcción a Javier Ribelles que dejó solo a un Christian Stuani que no perdonó ante Manu García. Por algo es uno de los mejores delanteros de Segunda División.

El gol no afectó a un conjunto grana que siguió jugando sin miedo y que se sostuvo anímicamente sin problemas. De hecho, siguió yendo a por el Girona sin miedo. Era consciente de que el empate era factible por lo visto en el terreno de juego. Andaban en lo cierto, puesto que en el 55’ llegó el empate. Si a este Nàstic se le vislumbra una mejoría en su juego también se le intuye que el balón parado lo va a seguir dominando. En un córner llegó la igualada con una jugada algo embarullada que terminó con Pablo Fernández cabeceando en boca de gol. Un tanto de ‘9’.

Los jugadores del Nàstic celebran el gol del empate de Pablo Fernández. Foto: Fabián Acidres

un Girona siempre está el riesgo de que el juego no termine de compensar. Gonzi lo evitó con una parada magnífica a un cabezazo de Bernardo que sostuvo el partido en la igualada. Lo aprovechó el Nàstic que siguió mandando. Ni el paso de los minutos amedrentaba el alto ritmo de juego que proponían los granas tanto con el cuero como sin él.

Joan Oriol avisó de que la remontada estaba cerca con un libre directo que hizo lucir las virtudes de Juan Carlos. El meta del Girona se estiró para sacar un cuero que ya se colaba por la escuadra en el 79’. Fue el preludio a un gol que llegaría en el córner provocado por esa parada. Al conjunto rojiblanco le volvió a faltar contundencia en su área y el Nàstic lo volvió a aprovechar para volver a hincar el colmillo. Esta vez fue Pedro Martín que en boca de gol no perdonó y marcó el gol de la victoria y el cuarto suyo en lo que va de pretemporada. El malagueño parece un jugador nuevo fruto de la confianza. Ayer fue un dolor de muelas para un equipo como el Girona. Juega en su sitio y con un ecosistema que le favorece y ahí es diferencial. El partido murió allí, ya que los gerundenses no pudieron levantarse. Este Nàstic promete.

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