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Estrategia vital (CF Reus 2 - 2 Villareal B)

El Reus salva un punto ante el Villarreal B gracias a su precisión en el balón parado. Los rojinegros exhiben un buen nivel en el primer tiempo pero decaen en el segundo. El rival exige máxima atención con su fútbol estético y dinámico
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El balón entrando en la portería castellonense justo después de uno de los dos goles del Reus. Foto: Alba Mariné

El balón entrando en la portería castellonense justo después de uno de los dos goles del Reus. Foto: Alba Mariné

Jason agarró una pelota en tres cuartos de cancha y no pensó. Ejecutó. Como el mejor tiroteador del oeste. A los 17 minutos, armó la pierna e impactó con violencia. La parábola que tomó ese balón adivinaba algo maravilloso. Una pequeña obra de arte. Edgar Badia, el arquero del Reus, se estiró casi consciente de que era imposible alcanzar aquel misil. Significó el 0-1 para el Villarreal B cuando éste no había enseñado nada. Jason fue generoso con sus compañeros. Les regaló un premio que no esperaban y que marcó la pelea en el Estadi.

Sólo la escuadra y el cartabón rescataron a un Reus instalado en la angustia. Las urgencias le mantienen atenazado. Por momentos, bloqueado. El equipo vive inmerso en esa espiral de dar todo y recibir más bien nada. Necesita mucho para hallar premio. Sus 'enemigos', muy poco para golpearle. Ocurrió ayer ante un rival de comportamiento exquisito. Fiel al fútbol preciosista. El filial ‘groguet’ le exigió la máxima atención al Reus, que necesitó de la estrategia para encontrar el mal menor. El empate sirve de poco a efectos numéricos. De algo en el aspecto mental. Sobre todo para no caer en estado depresivo.

En todo caso nadie puede acusar a los chicos de Natxo de no querer. Su afán no permite sospechas. El hambre comparece sobre el verde cada domingo. También la ambición. Quizás se marchó la confianza. Ésta sólo se recupera con éxito. Y de eso hace seis semanas que el equipo anda huérfano. El fútbol aparece y desaparece en partes iguales. La actuación ante el Villarreal B lo refleja. La esperanza tiñó el primer tiempo con argumentos sólidos en el juego. Decayó la fe en el segundo al mismo tiempo que la brillantez futbolística.

 

Gobierno inicial

La puesta en escena dibujó una pelea terrorífica en la sala de máquinas. Los dos protagonistas querían ser centro de atención. Agarrar la pelota. El Reus ganó el primer pulso. Se sintió dominador. Gobernó el juego. Quizás sin demasiada precisión en las entregas, pero sí empleando contundencia en cada disputa. Cuando había dificultades para combinar, el recurso Sellarès resultó fundamental. Todas las caídas, las segundas jugadas, terminaban en pies rojinegros.

Sólo el zarpazo de Jason alteró el sistema nervioso local. Su delicioso disparo pareció romper la jerarquía reusense. Sólo pareció. El Reus se aferró a un balón parado para responder rápido. A los 23 minutos, Vítor sirvió una falta al segundo poste. Por allí compareció como un avión Olmo, que prolongó hacia al corazón del área chica. Sellarès, al segundo intento y con algo de suspense, materializó el empate. Hubo justicia. Con el Reus y con el mismo ‘Sella’. Andaba hambriento de la medicina preferida para cualquiera atacante. Anotó la tercera diana en su cuenta particular y quiso más. Llamó a filas al resto de sus compañeros para persistir. No había espacio para la complacencia.

Natxo vio como su apuesta para el once, Fran Carbia, caía lesionado justo después del 1-1. Masqué compareció para jugar por detrás de Sellarès, tal y como había empezado Fran.

Un remate del mismo Masqué, tras servicio de Miguel Marín, se convirtió en premonición. Con el primer parcial a un paso de morir, Sellarès se acercó al segundo más que nunca. Cabeceó en boca de gol otra estrategia que tuvo origen en Vítor y continuación en Moyano. Bañuz, con un acto reflejo supersónico, escupió la pelota. Respiró el Villarreal B, que pidió el descanso a gritos. Lo celebró. Estaba vivo.

Creció el filial groguet. Era de esperar. Encontró mayor protagonismo con el balón y se sintió importante. Le ayudó el 1-2 tempranero de Esteve. En el primer balón que tocaba tras ingresar como rotación. Sólo tuvo que empujarlo tras una acción colectiva estética. Centró Jason y culminó Esteve. A los 55 minutos

 

La épica como recurso

Natxo modificó al equipo con Jorge, que agitó el partido en la media hora final. Su presencia se hizo fundamental para realizar una llamada a la épica. No regresó la fluidez, pero el corazón siempre estuvo. De eso, el Reus anda sobrado.

Sellarès remató fuera otra falta lateral y Vítor, desde fuera del área, obligó de nuevo a Bañuz. El recurso del balón parado emergió otra vez a los 81 minutos. En un córner. Vítor soltó de nuevo su cinta métrica para calcular distancias. Puso la pelota en zona caliente con delicadeza. La peinó el flequillo de Olmo. Lo suficiente para romper el sistema defensivo rival. El 2-2 ofreció impulso al Reus. Jorge pudo decidir con un disparo que chocó en un defensor. La épica se quedó a medio camino. Ofreció un punto. Gracias a la escuadra y el cartabón.

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