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Fútbol: Beltran, el Casilla de hace 50 años

Historia de un joven cancerbero de Reus que acabó jugando en el Santiago Bernabéu
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Santiago Bernabéu durante una charla en el vestuario donde Beltran aparece  justo detrás. Foto: Archivo

Santiago Bernabéu durante una charla en el vestuario donde Beltran aparece justo detrás. Foto: Archivo

Kiko Casilla ha sido contratado por el Real Madrid. El portero de Alcover hará un viaje hacia la capital de España para jugar en uno de los equipos más grandes del mundo. Hace ya casi 50 años, otro portero propio de Reus hizo lo mismo. Su nombre es Josep Maria Beltran, y actualmente vive apartado de todo lo que tenga que ver con el fútbol, dedicándose al cultivo de su campo.

Su historia desde el inicio es rocambolesca. De jugar en categoría juvenil en Reus con 17 años y asistir a un torneo con la Selección catalana en Italia, a encontrarse, de repente, viajando a Madrid para firmar como jugador. Nos situamos en el año 64 y, al acabar la gira, se encontró con la noticia de que el Espanyol le había contratado. Hasta aquí, todo parecía relativamente normal, hasta que al llegar a la estación de Reus de vuelta, volvió a recibir una nueva e increíble noticia. Tal como explica, uno de los mandatarios del Reus estaba con su padre y una maleta al lado, diciendo que «no bajara del tren que me iba para Madrid». El club de Chamartín lo había fichado. La sorpresa fue mayúscula, pero aún quedaba historia.

Inicio de la aventura

De esta forma, Beltran cogió rumbo a Madrid con su padre y el miembro del Reus. Al llegar, fueron directos a las oficinas del club para acabar de finiquitar los papeles, surgiendo un problema. Comenzaron a aparecer dudas y decidieron que antes de contratarlo debían probar su valor. Tal como recuerda Beltran, el Madrid exigió que «hiciera un partido de prueba en Albacete», y si les gustaba, se quedaba.

Ese partido fue con el Madrid ‘B’, el portero del cual era nada más y nada menos que Julio Iglesias. En aquella época ya estaba lesionado, pero fue uno de los miembros que viajó con el equipo. Beltran recuerda siempre que «se pasó todo el viaje cantando, desde que salimos hasta que llegamos a Albacete». Ese fue el encuentro que cambió la vida a este joven cancerbero de Reus, ya que el Madrid decidió quedárselo con la temporada ya en su recta final, como portero suplente en el lugar de Vicente Train.

Era la temporada 63-64, con lo que tuvo la inmensa fortuna de coincidir con un tal Alfredo Di Stéfano, en su última temporada en el conjunto blanco. En su primer entrenamiento, Beltran vivió una anécdota con La saeta rubia y el míster de aquel momento, Miguel Muñoz, al encontrarlos de frente. Según narra contento Beltran «Miguel me presentó como el nuevo portero y Di Stéfano al verme, dijo entre risas que tenía barriga y me metiera en la sauna unas horas».

Pero no solo coincidió con el astro argentino, si no que pudo compartir vestuario con Puskas o Emilio Santamaría, entre otros. La temporada siguiente, 64-65, estuvo marcada por la final en Berlín de la Copa de Europa perdida la temporada anterior, a la que él no asistió; y la entrada de jóvenes figuras como ‘Pirri’, con quien Beltran hizo muy buena relación. Esa temporada que empezaba fue la única que vivió completa en el club merengue. Rememora que eran entrenamientos «duros, muy duros» y que existía «mucha seriedad, había gente que solo pensaba en ganar y debías intentar seguirles o te quedabas atrás».

También recuerda que, al ser parte del Madrid, le reconocía mucha gente y el club se enteraba en seguida de «qué estabas haciendo o dónde». Todo en el Madrid parecía estar controlado, gracias a un dirigente como Santiago Bernabéu. Sobre él dice que «apenas se le veía, pero si aparecía era por algo malo. Habría bronca». Eso sí, según nos cuenta «Bernabéu siempre me cogía para ir a las cenas de las peñas por ser de los más jóvenes».

El único lunar que se puede extraer de su experiencia fue su escasa participación en el conjunto blanco. Al ser tercer portero, las opciones de jugar eran mínimas, a no ser que fueran encuentros de carácter amistoso. Únicamente se sentó en el banquillo en una visita a Elche, en la cual no llegó a debutar finalmente. La razón de la escasa participación se basaba en la competencia y, según nos explica «porque quizás yo no tenía la motivación para llegar».

Esta respuesta llama la atención, pero la explica posteriormente: «Del Madrid me gustó todo, es una experiencia fantástica, un sueño. Pero no me gustó nada el fútbol profesional, no sé porqué, pero lo aborrecí». Esto llega a tal punto que asegura que no ha vuelto a «pisar un campo desde que lo dejé, si veo algo de fútbol es por la tele».

Beltran considera que, quizás, la presión a la que se veían sometidos los jugadores y esas exigencias que, tanto desde fuera como de dentro, sienten los futbolistas, hiciera que no quisiera continuar. Pese a esto, reitera que formar parte del Madrid era otro mundo: «Con solo 18 años cobraba 12.000 pesetas al mes», y continúa «al formar parte de la plantilla eres conocido y entrenas con gente que yo coleccionaba en cromos». Beltran se sorprendió al ver que se trataba de « gente normal, buenos chicos».

Fin al Madrid y al Nàstic

La temporada siguiente (65-66) pasó al Rayo Vallecano, que por motivos políticos se convirtió en el filial del Madrid. Con ellos jugó en Segunda División y disfrutó de más minutos, formando un conjunto hecho por jóvenes valores como él. Las temporadas siguientes, obligado a hacer la mili, pasó por Cartagena y Zaragoza, y después de idas y venidas, acabó recalando en las filas del Nàstic de la mano de Enrique Bescós, que le acabo convenciendo en la temporada 69-70.

Debido a que Beltran buscaba dejar el fútbol para casarse y ocuparse de otros menesteres, la oportunidad del Nàstic era perfecta. Disputó su última temporada en el club tarraconense, siendo su partido de despedida contra, nada más y nada menos, que el Reus. Era un partido donde quien perdiera, dejaba la categoría. Venció el Nástic por tres goles a uno y Beltran dejó el fútbol definitivamente con solo 24 años. Una historia sorprendente.

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