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'Gesta inmortal': El CF Reus conquista el sueño del ascenso a Segunda

Lo ha hecho después de vencer de nuevo al Racing Santander en un Estadi repleto y eufórico

Marc Libiano Pijoan

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Els jugadors del CF Reus arribant a l'Estadi envoltats de l'afició. Foto: Alfredo González

Els jugadors del CF Reus arribant a l'Estadi envoltats de l'afició. Foto: Alfredo González

Els aficionats escalfaven motors abans d'entrar al camp. Foto: Alfredo González

Els aficionats escalfaven motors abans d'entrar al camp. Foto: Alfredo González

Xavier Llastarri i Joan Olivé, president del CF Reus, i l'economista Xavier Sala i Martín comentant la jugada abans del partit. Foto: Alfredo González

Xavier Llastarri i Joan Olivé, president del CF Reus, i l'economista Xavier Sala i Martín comentant la jugada abans del partit. Foto: Alfredo González

Els jugadors celebren el gol de David Haro. Foto: Alfredo González

Els jugadors celebren el gol de David Haro. Foto: Alfredo González

Un moment del partit al Municipal de Reus. Foto: Alfredo González

Un moment del partit al Municipal de Reus. Foto: Alfredo González

Els jugadors celebren l'històric ascens. Foto: F.G

Els jugadors celebren l'històric ascens. Foto: F.G

Foto: Alfredo González

Foto: Alfredo González

Foto: Alfredo González

Foto: Alfredo González

Foto: Alfredo González

Foto: Alfredo González

Dinis Almeida interpretó ruido, exceso de tráfico en el costado derecho. En lugar de elegir un pase de seguridad sencillo, atisbó un horizonte repleto de luz al otro lado de la orilla. Pateó a lo Xabi Alonso o como Koeman, aquel defensor sin cintura del Dream Team de Cruyff, para cambiarle el sentido al ataque.

El central pareció sentir, a lo lejos, el silbido simpático del colega de la pandilla. Vítor medio caminaba por la izquierda. Desprendía cero preocupaciones en su rostro, incluso miraba al tendido con sonrisa vacilona. El enganche acompañó con la mirada la curva del balón. Su elegancia para domarlo rozó el insulto. El control, una delicia para los sentidos. Lo pinchó con el exterior a pleno trote. Transformó un recurso imposible en un simple crucigrama. Exclamó admiración el Estadi, aunque el artista prolongó su obra.

Vítor analizó con minuciosidad cirujana el movimiento a su espalda de Ángel Martínez, el lateral hipster que ya volaba. Éste, valiente, conquistó el fondo con los ojos repletos de sangre y esperó el guiño genial de su socio. En realidad, Vítor le avanzó el amigo invisible de Navidad. La pelota le llegó por delante, entre dos rivales. Ideal para pensar poco y ejecutar. Ángel la envió al primer poste. Sabía que por allí iba a aparecer el niño diabólico. Edgar arrastró enemigos a la larga y entre un mar de piernas y anatomías gigantescas se coló David Haro. Acabó de primeras. Clack. Quedó vendido Santiago. Se habían consumido siete minutos. Estalló el templo.

En realidad, la carta de presentación del Reus generó admiración. En lugar de especular con el botín, de vivir de rentas, exprimió su personalidad para transmitir todavía más entusiasmo. Fue ambicioso, en otras palabras.Alimentó el extasis, evitó la rutina.

Incluso, antes del delirio que provocó Haro, amenazó con una carrera de 100 metros lisos Benito, por esa autopista derecha que ya ha patentado como dueño inapelable. Benito, como en Santander, eligió transportar la pelota al segundo poste cuando el camino moría. En esta ocasión, Vítor prefirió dos toques en lugar de culminar sin apenas cocinar. Raro, pero escogió mal.

Solvencia deslumbrante

El orgullo del Racing quedó de nuevo amenazado. Munitis suplicaba evitar la agonía de El Sardinero y por lo menos sus chicos le contentaron. A medias, pero compitieron con dignididad. Con ese dolor en el alma que te consume por dentro, pero que te hace sobrevivir en escenarios extremos.

El Reus fue más cerebral que pasional. Siempre manejó los registros, todo lo que ocurrió le apetecía, le hacía feliz. El juego no alcanzó el aire preciosista de Santander, pero tampoco hizo falta. Con el balón jamás renunció a su esencia. Quería combinar y combinar, manejar los tiempos hasta la extenuación del toque. En el repliegue, cuando necesitó refugiarse, exhibió actitud de cuadrilla. Fidelidad colectiva. Disciplina militar. No se recuerdan concesiones, más allá de un remate de Artiles poco hambriento que Badia controló con las manos.

El Reus eligía esperar o ir a la presión con criterio. No cayó en el manicomio. Resultaba imposible que perdiera la cabeza, ya instalado en el confort, en la amabilidad de la tarde. David Haro hace tiempo que se doctoró en el oficio de morder. En tres cuartos de cancha, llamó a filas a sus compañeros para que acompañaran ese pequeño desafío en bloque. La conquista del balón se coronó en la cueva del Racing, que decidió esquivar el pelotazo y salir con delicadeza. Casi le costó el segundo. Haro secuestró el balón y despegó. Leyó el movimiento de Edgar Hernández, al que le cayó la pelota muy escorado. El control le restó ángulo y Santiago, el arquero del Racing, le aguantó poderoso. La definición de Edgar chocó con su cuerpo.

Trámite y delirio

El Reus convirtió el segundo parcial en un trámite lento, en el que apenas ocurrió nada. Su rival se consumía en el querer y no poder que le ha incordiado durante todo el cruce. A los de Natxo les bastó con esa conducta profesional impecable que no han abandonado durante todo el curso, ni siquiera cuando han asomado las angustias.

El delirio, la gloria,pone al club, a toda una ciudad, en el plano y premia a los que durante más de 100 años de leyenda lucharon por el fútbol en una ciudad que ha despertado del letargo. Se derramaron lágrimas en el césped y en la grada, seguramente como recuerdo eterno a aquellos que lo vieron y se tomaron la cerveza en el cielo. Porque el Reus abre la puerta de Segunda División y acaba con sus propios complejos. Escribe una gesta que ya es inmortal.

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