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Deportes El perfil

Golpe de timón

El Nàstic apuesta por Toni Seligrat, un técnico que se basa en la intensidad y
la solidez defensiva y deja atrás el juego asociativo que se vendió en verano

Juanfran Moreno

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Toni Seligrat dirige un entrenamiento del Sabadell. FOTO: LLUÍS FRANCO (DIARI DE SABADELL)

Toni Seligrat dirige un entrenamiento del Sabadell. FOTO: LLUÍS FRANCO (DIARI DE SABADELL)

«Soy un entrenador al que le apasiona mi trabajo, me gusta mucho trabajar y relaciono la capacidad que yo tenga de trabajar con lo que yo pueda llegar a conseguir». Así se definía Toni Seligrat en una entrevista ofrecida al canal oficial del CE Sabadell, último club al que dirigió hasta el ecuador de la pasada temporada. El entrenador valenciano ha sido la figura elegida por la cúpula tarraconense para intentar sacar al Nàstic de la depresión absoluta en la que vive y que le tiene inmerso en los puestos de descenso a Tercera División.

La situación es insostenible y la dinámica es descendente. Un escenario en el que Toni Seligrat ya tiene experiencia. Algo parecido vivió en Huracán, cuando cogió al equipo en media tabla y lo acabó metiendo en el play off como segundo clasificado. Algo similar intentará hacer con el conjunto grana, aunque hoy en día la afición se conforma con salvar la categoría sin problemas. Esta era una tesitura que se vislumbraba casi como utópica en verano, pero la cruda realidad ha provocado que la permanencia sea el objetivo principal esta temporada.

Por ello el viraje que ha decidido dar la entidad tarraconense es evidente. El cambio de filosofía es drástico. Xavi Bartolo era un técnico que llegó con el cartel de técnico que apostaba por el fútbol asociativo y ofensivo, mientras que Seligrat es un entrenador totalmente distinto. Sus equipos apuestan por la intensidad, la contundencia defensiva y el dominio de las segundas jugadas. Una idea totalmente antitética a la que intentó implantar sin éxito el técnico ilerdense en el Nàstic.

«Un empate siempre es bueno, en casa y fuera. Todo lo que sea sumar considero que es bueno casi siempre. Pero yo quiero ganar siempre», así define Toni Seligrat su manera de plantear los encuentros. Se sale a ganar, pero siempre con la consciencia de que mejor un punto que cero. Un ideario que le ha funcionado, puesto que su estilo puede agradar más o menos, pero su currículo no engaña y en él hay varios episodios brillantes.

Una trayectoria de nivel

Un ascenso a Tercera División, dos ascensos a Segunda División B y cuatro promociones de ascenso a Segunda B le avalan. Tiene la espina clavada de no haber conseguido el ascenso a la categoría de plata. Quién sabe si en el Nàstic será el lugar en el que se quite ese manchón. De momento, aterriza en el Nou Estadi con solo 55 derrotas en 257 partidos. Números brillantes para un equipo que necesita puntos como el comer.

Su trayectoria en los banquillos comenzó en el Teruel en el año 2003. Posteriormente entrenó a clubes humildes como el Peña Ciutadella y el Sporting Mahonés. El valenciano también vivió una experiencia en el extranjero cuando se marchó en el 2007 a Grecia junto a Juan Caros Oliva para entrenar al Aris Salónica.

Sin embargo, fue en Gandía cuando vivió sus primeros grandes éxitos como entrenador. En el conjunto valenciano cosechó dos ascensos en tres años y dejó al equipo en Segunda División B allá por la temporada 2011. Tras su dorado paso por Gandía, el Olímpic de Xàtiva le contrató con el objetivo de regresar al bronce y Seligrat volvió a cumplir con el cometido. Consiguió el ascenso y se ganó la oportunidad de ocupar uno de los grandes banquillos del grupo III.

Rozó el ascenso con el Lleida

El Lleida Esportiu apostó firmemente por sus servicios en el año 2012 con el objetivo de pelear por el ascenso a Segunda División. Nueve temporadas después, Seligrat volvió a meter al Lleida en el play off. Un hecho que volvió a repetir en su segunda temporada en el conjunto ilerdense. En las dos se quedó a las puertas del ascenso. El primer año cayó en semifinales ante el Jaén y en el segundo también en semis ante el Leganés.

Tras su experiencia en Lleida, volvió a repetir hazañas en Huracán y Alcoyano. Al ya desaparecido club valenciano lo metió en el play off como segundo clasificado y cayó en la final del ascenso ante el Huesca. En su segunda temporada en el Huracán vivió el lado oscuro del fútbol y fue testigo directo de cómo el club valenciano era expulsado por la Federación de 2ªB.

En la siguiente temporada, la 2016-2017, Toni Seligrat llegó al banquillo del Alcoyano. Otra vez volvió a triunfar, puesto que volvió a meter a otro equipo en el play off de ascenso. Cuatro promociones de ascenso en cinco años rubricaron el valenciano. Esta vez se le escapó la Segunda División en los cuartos final ante el Cartagena.

El Sabadell fue su última experiencia. En el conjunto arlequinado estuvo una temporada y media. La primera fue una temporada sin pena ni gloria, mientras que el año pasado fue cesado por un enfrentamiento con su afición cuando el equipo marchaba noveno clasificado.

Toni Seligrat era uno de esos entrenadores que se sabía que iba a acabar volviendo a un banquillo de Segunda División B más tarde que temprano. Su última experiencia no fue tan brillante como se esperaba, pero su trayectoria en el fútbol de bronce le avala y de sobras. Su suerte será la del Nàstic. Hoy el equipo entrenará por primera vez a las órdenes del técnico valenciano en el Nou Estadi.

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