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Graduación en el Mini

El Reus certifica la permanencia virtual en el Mini Estadi, donde supera al Barça B por la mínima, con un gol de Máyor (0-1)

Marc Libiano

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CF Reus

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Olmo cruzó uno de sus balones teledirigidos hacia el costado diestro, con el Reus abriendo sus alas. Yoda se acostó en el carril interior y Miramón ocupó su espalda, a plena carrera. Cuando Miramón despega, tiemblan las fronteras. Karim Yoda se elevó poderoso para prolongar esa pelota con la testa. Le salió un servicio milimétrico. Giró el cuello y direccionó el tesoro siempre por delante del despliegue de Miramón. Del resto, se encargó el aragonés.

Asombra como un lateral enseña tanto desequilibrio en la otra orilla. Miramón dispone ahora de ese ángel que convierte en oro todo lo que toca. Ingresó en el área y modificó el ritmo. Aceleró ante Cucurella, que se comió el amago y se arropó en la puntualidad para finalizar su magisterio. Envió la pelota al segundo poste para que Máyor la acariciara a gol. Como cuando le acaricias a un bebé el moflete.

Miramón ofreció un Máster gratuito para los presentes de cómo trabajar el lateral. Recogido y de frente. En cualquiera de las situaciones. A lomos del carrilero, el Reus inició entonces una actuación coral. Sólo el exceso de autocomplacencia podía penalizarle.

Los rojinegros gobernaron el juego con autoridad, con esa capacidad de trasladar el balón de un lado hacia otro deliciosa. Salían de la primera línea de presión azulgrana con criterio, casi sin pestañear. Pocos manejan la posesión como el Reus en la categoría. Con el mérito de que lo hizo en casa de esa escuela que encumbra el fútbol posicional. La academia de los finos violinistas. La Masia.

El Barça B anda poseído por la desconfianza. Por el miedo que da el precipicio. Es una escuadra tierna en el repliegue y previsible cuando desea construir sus argumentos de ataque. Le mantuvo de pie la falta de tino del Reus, en parte habitual en el guión rojinegro. Deja su suerte en un alfiler. Parece que le guste.

El Reus pudo acabar con el partido por adelantado. Sin necesidad de laborar en el desenlace. No acertó. Dos remates de Yoda en la boca del lobo chocaron con Costas cuando el paisaje se había abierto hacia la gloria. Karim siempre prefiere la zurda para la ejecución. Eso le obliga a perfilarse y a consumir segundos de oro. Actuar a pierna cambiada también dispone de inconvenientes. Una estrategia que dibujó Vítor desde la derecha, la remató casi sin querer Lekic. No se coló de milagro. Ortolá estiró cuerpo como un chicle para evitar el drama.

El precoz Marqués, todavía en edad juvenil, inauguró los mejores instantes del filial en el amanecer del segundo acto. Ingresó en el césped y marcó un movimiento a la espalda de Pichu. Le vio de reojo Ruiz de Galarreta, que trazó un pase maravilloso. De nivel superior. Marqués culminó con la zurda pero le salió mordido el disparo.

El Reus se conformó con estar bien recogido. Se equivocó. Necesitó de un vuelo de Supermán para mantener su botín. Cabeceó Aleñá desde el área chica y Badia la escupió a córner. Preocupaba la pérdida de tensión competitiva del Reus, al que le urgía volver a conectarse.

El desgaste de la tarde permitió a los rojinegros aliviarse, aunque no visitaron con amenaza el área del Barça, más entero y enérgico, consciente de que parte de su futuro vital en la categoría se exponía en esos minutos de la agonía. Ni en la épica, los cachorros azulgranas desnudaron la resistencia de un Reus menos orquestra y más superviviente. Nadie le impidió su graduación. En la Masia certificó su permanencia en Segunda. Fiesta grande.

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