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Deportes FÚTBOL

'Guiño del destino' (CF Reus 1 - 0 Mallorca B)

Un gol de Edgar Hernández en el descuento le ofrece al Reus una victoria agónica para respirar aliviado. Los rojinegros pueden perder el partido en la acción anterior al éxtasis, pero Badia ejerce de nuevo como salvador
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Edgar Hernández celebra con euforia su gol decisivo de hoy. Foto: Alba Mariné

Edgar Hernández celebra con euforia su gol decisivo de hoy. Foto: Alba Mariné

 

En el templo reusense  se oían gritos de rechazo de los más impacientes. Los típicos «fuera, fuera» alimentaban el drama. Los corazones de los hinchas  elevaron a un millón sus pulsaciones por segundo cuando  Vallejo le miró a los ojos a Edgar Badia. El mano a mano estaba escrito. El mediocentro del Mallorca B llegó como un avión desde segunda línea. A su derroche de potencia le faltó lo más difícil de este caprichoso juego. Se le nubló el panorama cuando vio a Badia, siempre firme en el uno contra uno. Su tiempo de reacción suele alcanzar velocidad supersónica en ese escenario. También ante Vallejo. El arquero arregló el problema y Dinis, el central portugués del Reus, corrió al rechace. Escupió el balón. Desde entonces, el desenlace final del guión resultó maravilloso.
Vítor recogió aquella pelota y decidió analizar con una calma sorprendente la situación. Evaluó con su periscopio la opción más sencilla para generar peligro. En realidad hizo fácil lo más difícil. Decidió que el cambio de orientación habilitaría a Sellarès. Su servicio tomó la precisión de un reloj suizo. A Sellarès le encantó el presente. Prolongó el balón hacia el segundo palo y por allí emergió Edgar Hernández. El atacante de Gavà vivía inmerso en un bucle horrible de desconfianza. No falló esta vez. Empujó la pelota con el alma y enloqueció. Recogió el premio que había merecido mucho antes y el éxtasis alumbró Reus.
Edgar convive con la presión que debe soportar el delantero franquicia. El club se esforzó para traerle y él anda hambriento por responder. Dispone de condiciones y sus números en el pasado avalan su talento. Natxo le dio la alternativa en el once consciente de que sólo volverá si alcanza una cuota máxima de protagonismo. Ante el Mallorca enseñó repertorio. Fijó a los centrales y salió muy ganador en las disputas aéreas. Incluso se atrevió en el cuerpo a cuerpo. En la definición careció de claridad hasta que ese gol le abrió un nuevo camino.
En el primer tiempo, el atacante ya amenazó con una media vuelta de manual, aunque Royo, el arquero visitante, solucionó su remate con una parada de reflejos. El Reus manejó el juego casi al tran tran. Sin un ritmo frenético.Tampoco fue muy exquisito, pero sí compitió bien con el aire en contra. Porque el insoportable viento se apoderó de la pelea. 
Fran fue el primero que se acercó a la gloria. Utilizó la sorpresa para llegar a posición de remate. Le cayó un balón cómodo. Se confió. Impactó tan mal que se esfumó el peligro. El debutante Óscar Rico completó el ramillete de ocasiones con una falta directa que estrelló en la cruceta. En ese lanzamiento exhibió parte de sus virtudes. Se trata de un futbolista distinto en el golpeo. Convierte melones en flores. Cada uno de sus servicios llevan caviar delicioso.
La polémica
Murió el primer parcial envuelto en la polémica. El Reus apuró en una estrategia que ejecutó Vítor y cabeceó a la red Moyano. Según el asistente en fuera de juego. Las dudas inundan la jugada. Moyano no se lo podía creer.
El paso del tiempo suele consumir a los ansiosos. A los faltos de seguridad. Le pasó al Reus. Avanzaba el segundo parcial y el miedo confundió al equipo, que quería y no podía. Futbolistas como Folch, Vítor o el mismo Rico, amantes del juego asociativo, perdieron de vista la pelota. El Reus abusó del juego directo. Las prisas le traicionaron. Natxo prefirió agotar su crédito con pólvora antes que con fútbol de salón. Quizás pensó que el clima no ofrecía espacio para el toque. Aparecieron el luso Vaz y Marc Sellarès. No hubo minutos  para Colorado. Cassamá se vio obligado a remediar el contratiempo físico de Ñoño un poco antes.
El técnico aguardaba el zarpazo final mordiéndose las uñas desde el palco. Su sanción le impedía gritar desde la zona técnica. Soportó con frialdad el desaire de algunos aficionados hasta que los ‘Edgars’, Badia y Hernández, le hicieron levantar de la silla. La gloria final ofrece crédito. Fue como un guiño del destino.

El fútbol puso a prueba la entereza de un proyecto en pocos segundos. Hubo algo de azar, de suspense e incluso un guiño del destino. Se cumplía el descuento en el Estadi y el Reus agonizaba. Su rival le esperó casi siempre para cazarle en una transición. Curiosamente apareció en el momento justo para enterrar las esperanzas de play off. Incluso el trayecto de Natxo como técnico.

En el templo reusense  se oían gritos de rechazo de los más impacientes. Los típicos «fuera, fuera» alimentaban el drama. Los corazones de los hinchas  elevaron a un millón sus pulsaciones por segundo cuando  Vallejo le miró a los ojos a Edgar Badia. El mano a mano estaba escrito. El mediocentro del Mallorca B llegó como un avión desde segunda línea. A su derroche de potencia le faltó lo más difícil de este caprichoso juego. Se le nubló el panorama cuando vio a Badia, siempre firme en el uno contra uno. Su tiempo de reacción suele alcanzar velocidad supersónica en ese escenario. También ante Vallejo. El arquero arregló el problema y Dinis, el central portugués del Reus, corrió al rechace. Escupió el balón. Desde entonces, el desenlace final del guión resultó maravilloso.

Vítor recogió aquella pelota y decidió analizar con una calma sorprendente la situación. Evaluó con su periscopio la opción más sencilla para generar peligro. En realidad hizo fácil lo más difícil. Decidió que el cambio de orientación habilitaría a Sellarès. Su servicio tomó la precisión de un reloj suizo. A Sellarès le encantó el presente. Prolongó el balón hacia el segundo palo y por allí emergió Edgar Hernández. El atacante de Gavà vivía inmerso en un bucle horrible de desconfianza. No falló esta vez. Empujó la pelota con el alma y enloqueció. Recogió el premio que había merecido mucho antes y el éxtasis alumbró Reus.

Edgar convive con la presión que debe soportar el delantero franquicia. El club se esforzó para traerle y él anda hambriento por responder. Dispone de condiciones y sus números en el pasado avalan su talento. Natxo le dio la alternativa en el once consciente de que sólo volverá si alcanza una cuota máxima de protagonismo. Ante el Mallorca enseñó repertorio. Fijó a los centrales y salió muy ganador en las disputas aéreas. Incluso se atrevió en el cuerpo a cuerpo. En la definición careció de claridad hasta que ese gol le abrió un nuevo camino.

En el primer tiempo, el atacante ya amenazó con una media vuelta de manual, aunque Royo, el arquero visitante, solucionó su remate con una parada de reflejos. El Reus manejó el juego casi al tran tran. Sin un ritmo frenético.Tampoco fue muy exquisito, pero sí compitió bien con el aire en contra. Porque el insoportable viento se apoderó de la pelea. 

Fran fue el primero que se acercó a la gloria. Utilizó la sorpresa para llegar a posición de remate. Le cayó un balón cómodo. Se confió. Impactó tan mal que se esfumó el peligro. El debutante Óscar Rico completó el ramillete de ocasiones con una falta directa que estrelló en la cruceta. En ese lanzamiento exhibió parte de sus virtudes. Se trata de un futbolista distinto en el golpeo. Convierte melones en flores. Cada uno de sus servicios llevan caviar delicioso.

La polémica

Murió el primer parcial envuelto en la polémica. El Reus apuró en una estrategia que ejecutó Vítor y cabeceó a la red Moyano. Según el asistente en fuera de juego. Las dudas inundan la jugada. Moyano no se lo podía creer.

El paso del tiempo suele consumir a los ansiosos. A los faltos de seguridad. Le pasó al Reus. Avanzaba el segundo parcial y el miedo confundió al equipo, que quería y no podía. Futbolistas como Folch, Vítor o el mismo Rico, amantes del juego asociativo, perdieron de vista la pelota. El Reus abusó del juego directo. Las prisas le traicionaron. Eso sí pudo ponerse por delante en otra aparición de Edgar. Chocaron los dos centrales visitantes One y Raúl y el delantero se presentó ante Royo. Le sorteó con eficacia y mandó la pelota a gol. El visitante Clausí le quitó la euforia bajo palos.

Natxo prefirió agotar su crédito con pólvora antes que con fútbol de salón. Quizás pensó que el clima no ofrecía espacio para el toque. Aparecieron el luso Vaz y Marc Sellarès. No hubo minutos  para Colorado. Cassamá se vio obligado a remediar el contratiempo físico de Ñoño un poco antes.

El técnico aguardaba el zarpazo final mordiéndose las uñas desde el palco. Su sanción le impedía gritar desde la zona técnica. Soportó con frialdad el desaire de algunos aficionados hasta que los ‘Edgars’, Badia y Hernández, le hicieron levantar de la silla. La gloria final ofrece vida. Fue como un guiño del destino.

 

Ficha técnica

CF Reus. Edgar Badia,  Olmo, Dinis, Moyano, Ñoño (Cassamá, 68’), Jaume Delgado, Folch, Vítor, Fran (Ricardo, 81’) Óscar Rico (Sellarès, 75’), Edgar Hernández.

Mallorca B. Royo, Clausí, Gabri, Raúl, Oné, Vallejo, Cortés, Nico (Damià, 95’), Iriarte, Tià Sastre, Cedric (Connor, 77).

Goles. 1-0, Edgar Hernández (92’).

Árbitro. Gorostegui ernández. Amarillas para Delgado, Edgar Hernández, Oné, Vallejo y Raúl.

Incidencias. Unos 1.200 espectadores en el Estadi municipal.

 

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