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Herederos de una leyenda

Los reusenses Albert Casanovas, Raúl Marín y Joan Salvat desean recuperar el espíritu de las noches mágicas en el Palau d’Esports con una remontada ante el Liceo

Marc Libiano

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Salvat, Marín y Casanovas, hoy en la Plaça Mercadal. Foto: Alfredo González

Salvat, Marín y Casanovas, hoy en la Plaça Mercadal. Foto: Alfredo González

La Champions no es una competición al uso. Ofrece chance para las noches épicas, para las remontadas que quedan en la enciclopedia. En Reus conocen esa leyenda desde principios de los 70, cuando el histórico equipo de Sabater, los Vilallonga y compañía empezó a coleccionar Copas de Europa levantando marcadores imposibles. Existe un factor indispensable para que los sueños se cumplan; el Reus necesita el fervor del templo, un Palau d’Esports repleto. Fue así en la antigüedad y en la modernidad. Deberá ser así el sábado, cuando los de Jordi Garcia asuman un reto indiscutible; recuperarle tres goles al Liceo, un viejo enemigo clásico, de la misma aristocracia que el Reus. En Riazor, hace quince días, los gallegos tomaron ventaja; 4-1.

El cruce dispone de condimentos adictivos. El Reus defiende el título que conquistó en Lleida hace casi un año. Se enfrenta a un desafío mayúsculo, pero la Champions es su casa, su territorio natural. En este escenario siente la plenitud y con el prestigio no se admiten sospechas. Tiene pinta de noche de incendio, porque las previsiones hablan de un Palau semejante a un horno. Con 3.000 gargantas que pretenden hacer volar a los chicos. Resulta inadmisible que la pasividad inunde al Reus. Está prohibido. 

Albert Casanovas, Raúl Marín y Joan Salvat han crecido con un mito a cuestas. Sus antecesores les enseñaron el significado de ese ADN que prohíbe la rendición. De chicos gozaron en el cemento del templo con los ídolos de infancia y sus pequeñas gestas. El sábado se convertirán en protagonistas. Sentirán la plenitud del foco, llorarán o celebrarán con fiereza. Para los tres reusenses más carismáticos del actual viaje vivir la experiencia se convierte en un tránsito especial y esta generación de jugadores se ha ganado el crédito para una noche de cien fuegos. «Cuando saltas a la pista y ves el Palau lleno no hay nada igual. Es difícil explicarlo con palabras», admiten, en un encuentro con el Diari en el Mercadal, el centro neurálgico de la ciudad.

Los tres coinciden en que el reto necesita de un clima de extrema calor, aunque gestionar los excesos será en vital para el éxito. «Aunque sea complicado debemos mantener la cabeza fría, el partido nos va a exigir tranquilidad, no podemos precipitarnos». De hacerles levitar se encargarán los hinchas, sobre todo cuando aparezcan los momentos de dificultad. Habrá porque «el Liceo es uno de los equipos más sólidos del mundo», reafirman los tres exponentes de la familia ganxet. 

 

La última bala
Salvat, Marín y Casanovas coinciden en que el marcador del primer round resultó «exagerado para el partido que se vio, pero estamos preparados para afrontar la vuelta. Nadie tiene más ilusión que nosotros». Su jefe, Jordi Garcia, vivió un millón de batallas como la del sábado, cuando en activo competía con los miuras más poderosos del viejo continente. Pocos mejor que él pueden transmitir al grupo los sentimientos que florecen en las veladas de frac, con Europa alumbrando el instante. 

El Reus se enfrenta a la última gran bala de la temporada. No le queda más progreso que intentar levantar, por segunda vez consecutiva, el título que más ama y que todos desean. Pocos lo han conseguido en la historia. Para ello, la remontada ante el Liceo, que hoy es una ilusión, debe transformarse en realidad. Aquel equipo de Sabater y los Villallonga abrió el camino a generaciones posteriores. Una leyenda de la que hoy Salvat, Marín y Casanovas se han convertido en brillantes herederos.

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