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Héroes de domingo

El Reus remonta un 0-1 ante el Rayo Majadahonda y conquista tres puntos vitales (2-1), en otra exhibición de compromiso y fidelidad de los jugadores

Marc Libiano

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Alfredo González

Alfredo González

Fran creyó en una de esas aventuras utópicas en las que sólo él cree, a los 87 minutos, con el resto de sus compañeros suplicando oxígeno y el partido en un auténtico alfiler. Podía caer para cualquiera de las dos orillas. Carbia no conoce el miedo. Secuestró la pelota y avanzó entre un mar de piernas malignas. Cuando sintió el aroma de la cal del área armó un disparo imposible. Quería el cosquilleo emocionante del éxito, como un romántico escritor. La pelota salió escupida por anatomías rivales, pero Juan Domínguez ya había despegado. Sin aliento ni fuerza. Sólo con la fe de su corazón. 

Juan ingresó en el área sin avisar a los vecinos, por sorpresa. Adivinó el rechace, se quedó con la pelota y la cruzó al poste largo. Definió como un fino especialista. El gol encendió al Estadi y premió a once héroes de domingo. Reus debería presumir de su equipo de fútbol.

El acierto agónico de Domínguez coronó otra pequeña hazaña de unos tipos que no paran de desafiar imposibles. Necesitó el Reus levantar un 0-1 cruel de Aitor, el supersónico delantero del Rayo Majadahonda, un enemigo que se marchó del Estadi con su dignidad impoluta. Ofreció minutos de quilates y demostró que su poca tradición en la élite no le otorga complejos. Precisamente se expresa sobre el césped sin prejuicios. Juega como un equipo gigante.

En realidad, la tarde derivó hacia un intercambio de golpes sin desmayo, de ratitos deliciosos para los dos protagonistas. Ninguno renunció a su Biblia particular. Bartolo repitió la fórmuna de los tres centrales, aunque sólo es una postura de protección en el repliegue. Con la pelota, el Reus asume responsabilidades y persiste en sus riesgos de jugar hasta en medio milímetro de baldosa. Parecido le ocurre al Rayo. De esa mezcla sólo podía salir entretenimiento. Dibujos animados.

Pronto amenazó el Reus. En una de esos progresos corales con el balón, las paredes terminaron en los pies de Bastos, acostado como siempre en la derecha. Planas, inteligente, le dibujó el movimiento a la corta y se abrió el espacio para Linares. Bastos le envió el servicio puntual, siempre por delante de la carrera del delantero. Linares recibió, acomodó el cuerpo por delante del defensor como manda el manual, pero el último control se le alargó demasiado. Su intento murió en las manos de Basilio.

El Reus había inaugurado su actuación con personalidad, pero rápido entendió que enfrente había resistencia. El Rayo empezó a mover la pelota con un criterio fascinante. La traslado de un lado hacia otro con firmeza y obligó a los rojinegros a guardarse. En el refugio precisó armarse de paciencia el Reus. Lo sabía de antemano. El orden de los reusenses impidió complicaciones excesivas. El rival no le tiró entre palos. En cambio, cuando el descanso gritaba su espacio, otra aparición de Bastos merodeó el gol.

El carrilero se incorporó, recibió la pelota, paró y, cuando pisó tres cuartos de cancha, modificó el ritmo. Fue profundo y con la diestra la puso en el segundo poste. Por allí apareció el más pequeño de estatura, Adri Guerrero, el otro lateral rojinegro, que la acompañó con la testa, aunque el remate topó con Luso, salvador bajo el arco. El Reus perdonó sus colmillos y el enemigo le clavó los suyos, cuando los hinchas apuraban todavía el café en la cantina.

El Rayo desnudó al Reus en una contra estratosférica, en tres pases ocupó los espacios y acertó. Lo hizo Aitor, un atacante con piernas de velocista de los 100 metros lisos. Su remate, en carrera, pegó en la madera y en la espalda de Badia, que le había achicado el ángulo en la salida. En lugar de viajar escupido hacia el córner, el balón ingresó en la portería. Simbolizó el drama del Reus. Sólo hasta ese instante.

Catena ejerció de líder de la banda. Decoró su imperial manifestación con un empate balsámico y decisivo. Anduvo infranqueable en las coberturas, rápido en los regresos, milimétrico en las entregas. Tiene pinta de central de época. Cambió la historia del partido añadiendo remate a su repertorio. De cabeza, tras un córner que habilitó Gus a los 50 minutos. Catena conectó de nuevo a un Reus inagotable. No se cansa de creer, de luchar.

La obra de Domínguez, cuando la fatiga ahogaba gargantas, confirmó la enésima gesta del equipo. Incluso Fran persiguió el 3-1 que no llegó de casualidad con el tiempo consumido. Resta una semana justa para el 29 de octubre y los chicos ya han realizado su trabajo. Les toca cumplir a los dirigentes.

Ficha Técnica

CF Reus. Edgar; Bastos, Catena, Olmo, Gonzalo (Enri, min.82); Domínguez, Ledes, Ortiz; Planas (Carbia, min.59), Linares, Guerrero y (Borja Herrera, min.88)..

Rayo Majadahonda. Basilio; Galán, Rafa, Luso, Morillas; Valentín, Enzo (Martínez, min.63), Verza (Ramírez, min.77), Fede; Aitor García y Ruibal.

Goles. 0-1, m.47: Edgar Badía (p.p). 1-1, m.50: Catena. 2-1, m.87: Domínguez.

Árbitro. Domínguez Cervantes (Comité andaluz). Mostró tarjeta amarilla a Olmo (min.80), por parte local, y a Galán (min.65), por parte visitante.

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