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Humildad para conseguir un sueño

El alumno del Club Dojo Tarraco Eloi Moreno ha conseguido un hito histórico en el mundo del judo al convertirse en el primer catalán con Síndrome de Down en obtener el cinturón negro

Gerard Cañellas

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Eloi Moreno posando para el Diari de Tarragona en el gimnasio en el que entrena. Foto: pere ferré

Eloi Moreno posando para el Diari de Tarragona en el gimnasio en el que entrena. Foto: pere ferré

Eloi Moreno toma un batido en el gimnasio muy bien acompañado: le secundan su entrenador, Javier Rodríguez, y dos de sus compañeras de equipo, a las que no para de tirar piropos. A los pocos minutos de conocerle uno se da cuenta de lo alegre que es. Cercano como nadie, empieza a explicar técnicas y elementos concretos del judo imposibles de asimilar. 
Ahora mismo, es probablemente una de las personas más felices del mundo. Con 22 años Eloi se ha convertido, según la Federació Catalana de Judo, en el primer judoka catalán con Síndrome de Down en conseguir el cinturón negro. Además, asegura que también se siente muy emocionado por que se va a hacer famoso. El éxito del tarraconense no ha pasado desapercibido por los medios de comunicación y ya ha contado su historia ante más de una cámara. 
«Fenomenal, y todo gracias a Javi», responde cuando le preguntan cómo se siente después de conseguir este hito histórico del judo en Catalunya. Algo que no deja de hacer Eloi es agradecer el trabajo que hace su entrenador por él. Lo tiene en un altar. Siempre se ha dicho que sólo los humildes llegan lejos, o por lo menos en el mundo del deporte. Pues esa sinceridad y modestia del judoka de Tarragona son probablemente dos de los factores, junto al trabajo y la constancia, que le han permitido conseguir ese deseado cinturón negro.
Está claro que esa constancia es el pilar fundamental del éxito. Eloi descubrió el mundo del judo cuando tenía seis años. Lo que empezó siendo una simple extraescolar acabo convirtiéndose en un sueño. 
El joven judoka admite que «el hecho de ganar la primera copa me hizo sentir que este era mi deporte». Pero siempre haciendo referencia y mostrando agradecimiento al apoyo de su familia y de Javi.

Eloi, al lado de su entrenador Javi Rodríguez, es humilde en su carrera como judoka en la que la constancia ha sido clave. Foto: pere ferré


Entrenando hora y media tres días a la semana ha llegado hasta aquí, pero Eloi es consciente de que si quiere ir más allá deberá dedicarle mucho más tiempo. «Ya he pactado unas vacaciones con Javi en Agosto, pero en Setiembre de vuelta al trabajo», declara Eloi mientras mira a su entrenador sonriendo. Asegura también que él siempre se ha puesto metas en su carrera como judoka. Años atrás ya quería llegar hasta donde se encuentra ahora. 
Eloi, al recibir el cinturón negro de primer dan, se siente como el ayudante y la mano derecha de Javi. Muestra de nuevo en esta afirmación la inmensa estima que siente por su entrenador y el hecho de que es consciente que sin la ayuda de su compañero de aprendizaje no habría conseguido este triunfo. 

Su maestro asegura que Eloi es un chico «muy sociable y que se lleva muy bien con todo el mundo, sobretodo con las chicas». Dejando las bromas de lado, Javi define a su alumno como alguien que «hace migas con todos, aunque a veces se despista un poco».
En el ámbito más técnico Eloi es un buen judoka, y así lo demuestra el nuevo color que ya forma parte de su vestimenta: «sabe tirar bien y también sabe caer, hay cosas que le cuestan un poco más pero domina la técnica», defiende su maestro.
Eloi es uno más, y así le ha tratado siempre Javi. Éste asegura que cada uno tiene sus limitaciones, como la gente que empieza a hacer judo de adulto: «Lo mejor de Eloi es su carácter, transmite mucha energía positiva dentro del club».
Eloi es consciente de que el hecho de haber conseguido este éxito sufriendo esta discapacidad debe servir como ejemplo a toda esa gente que como él tienen una serie de limitaciones contra las que se puede luchar y con esfuerzo y dedicación conseguir las metas que uno se propone. Eso si, sin dejar de lado la constancia y la humildad, dos elementos indispensables para lograr esos objetivos.

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