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Humillados en el Nou Estadi

El Nàstic cae ante el Sporting por 0-4 en otro partido pésimo de los de Lluís Carreras

Jaume Aparicio

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Los jugadores del Sporting celebran uno de los cuatro goles que han marcado en el Nou Estadi. Foto: Pere Ferre

Los jugadores del Sporting celebran uno de los cuatro goles que han marcado en el Nou Estadi. Foto: Pere Ferre

El Nàstic va de mal en peor. Ha jugado dos partidos en el Nou Estadi y en los dos ha acabado sucumbiendo a su rival. Contra el Almería aún aguantó el tipo. Ayer, contra el Sporting, el equipo de Carreras fue vapuleado. Sometido y humillado por un rival que sólo tuvo que esperar a los errores granas para llevarse los tres puntos. Le resultó tremendamente sencillo hacerlo.

Sí, los asturianos son un equipo espectacular. Con un potencial extraordinario en manos de un entrenador, Paco Herrera, de carácter ofensivo y ganador. Pero delante apenas tuvo oposición. El Nàstic exhibió una vulnerabilidad impropia de Segunda. 

La imagen fue inadmisible. Por momentos bochornosa. Tanto que a falta de media hora para finalizar el partido había aficionados que desfilaban hacia sus casa. Incapaces de soportar la vergüenza del espectáculo sobre el terreno de juego. El correctivo, aunque aún es pronto, es de esos que duelen y hacen pensar en lo peor. No es cuestión de fantasmas, sino de una realidad irrefutable. El año pasado, en tres jornadas los granas sumaban tres puntos (tres empates). En el casillero de este curso solo hay un punto.

El cuadro grana fue blando, inexpresivo y hasta dócil. Un muñeco roto con las costuras deshilachadas. No hay por donde cogerlo. La imagen del equipo en el terreno de juego levantó en la grada comentarios jocosos. Humor para digerir el desconsuelo que provoca un equipo inocente en fondo y forma.

El lastre que arrastró al equipo fueron los errores individuales. No se pueden hacer tantas concesiones. A ningún equipo. Menos al Sporting. Candidato al ascenso.

La fragilidad defensiva quedó expuesta reiteradamente. Delgado, Perone y Suzuki abrieron las puertas de la cocina grana con pérdidas impropias de futbolistas de la categoría. 

Perales, en su debut con el Nàstic en Segunda división, tampoco estuvo acertado. Pareció derrotado cada vez que los delanteros asturianos llegaban a sus dominios.

El medio del campo existió un ratito. Gaztañaga y Eddy Silvestre debutaron para formar un triángulo con Maikel Mesa que naufragó con el primer gol visitante. Los intentos de hacer circular el balón eran inocentes y previsibles. Poco le costó al Sporting dominar la medular. En cuanto lo hizo se desperezó. 

En quince minutos los asturianos habían resuelto el partido con un 0-2. Demasiado fácil le resultó al conjunto de Paco Herrera destrozar a la defensa tarraconense. Carmona anotó el primero en una acción de estrategia. Saque de esquina que peina el centrocampista y Molina en línea de gol no acierta a despejar. 
El segundo gol visitante dejó en evidencia todo el sistema defensivo grana. Todo arranca de una pérdida absurda de Juan Delgado que interrumpe la transición del equipo hacia el ataque. El centrocampista del Sporting Carmona, el mismo que había marcado el primer tanto, detecta el desorden. 
El 4-1-4-1 de Carreras en defensa estaba completamente descolocado y sin tiempo de reaccionar. Scepovic leyó las intenciones de su compañero y tiró el desmarque por detrás de Perone. El brasileño no compitió con la velocidad del serbio. Solo quedaba Perales. Una prueba de fuego para el balear que no acertó en la salida y el futbolista del Gijón lo superó fácilmente.
Los asturianos pusieron el limitador para consumir menos gasolina. El fuerte calor exigía mucho desgaste. El árbitro lo entendió y detuvo el partido para permitir a los jugadores hidratarse en un tiempo muerto extraño.

El ‘water break’ no le fue mal al Nàstic que se fue entonando. Lo que le dejó el Sporting. Maikel Mesa y Juan Delgado lo probaron desde lejos. Uche trabajaba el cuerpo a cuerpo con los centrales para buscar espacio de remate, no lo encontró, y Omar encaraba con decisión pero sin llegar a finalizar nada. 

Javi Jiménez era de los pocos que estaban a la altura. Otra vez. Igual que en los dos partidos anteriores. El lateral jienense tiraba de potencia y desequilibrio para tratar de meter al equipo en el partido. Todos sus esfuerzos fueron en vano por otro error individual. Esta vez de Bruno Perone. El último bastión que le quedaba a Carreras en la defensa. El central se dejó robar el esférico por Rubén García frente a los dominios de  Perales que vio como el Sporting volviá a perforar su portería en un contragolpe mortal. 

El panorama siguió igual de desolador en el segundo tiempo. Los jugadores tarraconenses no sabía qué hacer. Habían perdido cualquier guión posible. Andaban desquiciados. Uche perdía los papeles con una durísima entrada sobre Lora que le pudo costar la roja. 

En ese estado de desubicación permanente los errores individuales eran trágicos. Objetivos fáciles para el pelotón ofensivo de Paco Herrera. Cada contragolpe era medio gol. Por la inoperancia de unos y la excelencia de otros.  Santos le sacó un penalti claro a Perales. El balear que ni vio el balón en el lanzamiento desde los once metros.
La veda estaba abierta. El Nàstic estaba muerto. El Sporting disfrutaba del festín. 

Mucho hay que construir para recuperar una imagen que vuelve a estar por lo suelos. 

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