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Ignacio Alabart, frente al Reus y a la leyenda de su padre

El joven valor del Voltregà visita mañana el templo rojinegro, donde Quico hizo historia en los años 80. La familia ya ha confirmado su presencia en las gradas

Marc Libiano Pijoan

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Quico Alabart, en su época de jugador del Reus y Ignacio, celebrando un gol con el Voltregà. Fotos: DT/Luis Velasco

Quico Alabart, en su época de jugador del Reus y Ignacio, celebrando un gol con el Voltregà. Fotos: DT/Luis Velasco

«Con dos o tres años lo tenía que sujetar en los parques públicos. Nació casi con unos patines puestos». Habla Quico Alabart (Reus, 1959), uno de esos exponentes de aquel hockey romántico de finales de los 70 y los 80, que abarrotaba pistas y alteraba corazones. Fue icono en su Reus Deportiu para hacer carrera en el mítico Liceo tiempos después. Hasta el punto que decidió inaugurar una experiencia vital en A Coruña, donde todavía reside y ejerce profesión de ejecutivo.

Quico respondía al perfil de defensor riguroso, de temperamento caliente. Su museo personal se encuentra decorado de premios. También de prestigio. Los genes de Alabart y también de Dori, su mujer, muy vinculada con el hockey coruñés, sólo podían crear un aspirante a estrella. De nombre Ignacio (A Coruña, 1996), el pequeño al que Quico cita en el inicio de la historia.

De cierto parecido físico, Ignacio adoptó unas virtudes arropadas en el talento, distintas a las de su mentor. Más técnico que su padre, más imaginativo, incluso mágico por momentos. Jugador con hechuras para marcar época. Ignacio no pudo disfrutar de su padre en directo. «Lo he visto en vídeos. Era muy bueno». Sólo con 20 años ya ha derribado la puerta de la OK Liga, el campeonato nacional con mayor envergadura. Juega cedido en el Voltregà, porque el Barça le cazó en edad júnior. Sus inicios se encuentran en el colegio Compañía María de La Coruña, uno de los nidos que fabrica más proyectos hockísticos del lugar. Quico entendió que la propuesta del Barcelona podía completar la formación y el proyecto del pequeño de la saga. «Fue una decisión personal mía. Yo no le guardaba mucho afecto al Barça, pero a veces las personas hacen los clubes y consideramos que era una buena oportunidad para él». En Barcelona, Ignacio se instaló en la Masia, hasta sobrepasar la mayoría de edad. Ahora comparte piso, tutelado por el mismo club azulgrana. Mientras sutura su carrera deportiva, acaba su proceso educativo cursando el tercer curso de Dirección y Administración de Empresas.

Mañana, el pequeño de los Alabart, se enfrentará a parte de sus raíces. Además lo hará con la familia en las gradas del Palau d’Esports de Reus. Su padre tomará un avión para llegar a tiempo y no perderse la cita. El Reus-Voltregà dará inicio a la segunda vuelta del campeonato doméstico. «Venir a Reus siempre es un placer. Motiva jugar aquí», asegura. Ignacio finaliza contrato con el Barcelona en junio de 2018. No se plantea el futuro a largo plazo. «Ahora estoy en Voltregà y quiero hacerlo bien aquí». A su padre le ilusiona la idea de que vista de rojinegro algún día. «Me gustaría pero las decisiones las toma él». Palabra de papá.

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