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Ignasi López, 'el señor de los ascensos'

A sus 38 años, ha peregrinado desde hace 20 por el fútbol regional de Tarragona con una dulce marca a sus espaldas: ha subido ocho veces de categoría con seis equipos distintos
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Ignasi López, defensa del CF Vila-seca, seguirá jugando el año que viene con el equipo amarillo en Primera Catalana.  Foto: Pere Ferré

Ignasi López, defensa del CF Vila-seca, seguirá jugando el año que viene con el equipo amarillo en Primera Catalana. Foto: Pere Ferré

Ignasi López (L’Argilaga, 1976) es uno de esos jugadores que han hecho carrera en el fútbol regional. Un trotamundos de la territorial tarraconense. Con los años se ha convertido en un talismán para los equipos por donde ha pasado, ya sea actuando de defensa o mediocentro. Hace un par de meses celebraba el ascenso a Primera Catalana con el Vila-seca. Es el octavo de su palmarés.

Bombero de profesión, Ignasi dio las primeras patadas a un balón en el equipo de fútbol sala de su colegio. A los 13 años entra en la cantera del Nàstic y de ahí pasa a jugar con La Salle. Tras su etapa de juvenil, la primera oportunidad le llega en El Vendrell en el año 1995 con García-Ramos de entrenador. «Sales del pueblo y empiezas a ver un mundo totalmente distinto. Fue todo un descubrimiento. Entonces jugábamos en campos de tierra y todo era muy diferente», recuerda.

Dieciocho años han pasado entre su primer ascenso y el de este año. Los revive todos con cariño, aunque recuerda el primero con especial ilusión: «Fue con el Sant Pere i Sant Pau. Hicimos una rúa con nuestros coches por todo el barrio pitando. Fue una locura». Tras una segunda temporada en el SPiSP ficha por el Llorenç, donde consigue su segundo ascenso, esta vez a Preferente. «Subimos al balcón del Ayuntamiento, firmamos el libro de honor... ¡Éramos como las estrellas del Barça!», cuenta.

 

Primera etapa de amarillo

Tras volver al Sant Pere i Sant Pau medio año y una campaña en el Morell, Ignasi recala en la 2002-03 en el Vila-seca. Allí es protagonista de uno de los ascensos más épicos que recuerda. «Fuimos segundos de liga y en la promoción contra el Mollet ganamos en la ida 4-0. En la vuelta perdimos 4-0 y al final subimos a Preferente con un gol de oro», rememora. El director general del Nàstic, Lluís Fàbregas, era el portero de aquel Vila-seca y Ramon Coch, el ‘míster’.

Dos años más tarde llega a El Catllar, donde pasa cuatro años de su carrera y vive dos ascensos más. De ahí vuelve al Camp Clar y logra su sexto ascenso en la 2008-09. El año siguiente, en Preferente, vive el único descenso de su carrera con el conjunto tarraconense. «Éramos un equipo demasiado anárquico y eso en una categoría más alta lo pagamos», apunta.

Tras ese episodio se incorpora al Torredembarra de Primera Regional. Después de la reestructuración de categorías del fútbol catalán, en la 2011-12 sube de Segunda Catalana a Primera con el cuadro torrense, que contaba con el mítico Rosado como artillero.

Es en el siguiente curso cuando vive uno de los capítulos más delicados de su carrera. Fue por una tendinitis en el isquiotibial. «Ya hacía años que la arrastraba, pero después de unos partidos no pude jugar más. Estuve entrenando con el equipo y hacía tareas de segundo entrenador. Me planteé dejarlo, pero las ganas de jugar pesaron más», relata.

En invierno del 2012 regresa al Vila-seca, donde está viviendo una segunda juventud y ya ha renovado para la próxima temporada. «Llevábamos un par de años jugando muy bien y este año, con un fútbol mucho más práctico, nos ha salido una temporada redonda. Edu Franco –el entrenador– ha conseguido hacer un grupo muy unido con gente de la casa y jugadores de fuera que llevamos años jugando juntos», cuenta.

Ese es precisamente uno de los secretos de su laureada carrera. «Siempre que miro de ir a un equipo, me fijo en la gente que hay, en el grupo con el que voy a jugar. Te tienes que sentir a gusto para aportar algo y eso me asegura estar en equipos con buenos bloques. Al final, lo más chulo de esto son los compañeros que te quedan», sentencia.

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