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Indigno de Segunda (Nàstic 0-2 Osasuna)

El Nàstic encaja una nueva derrota en casa ante Osasuna (0-2) en otro partido triste y gris de los granas

Jaume Aparicio

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Para seguir en Segunda hace falta merecerlo y el Nàstic no se lo está mereciendo. Un equipo que quiera salvarse no puede dejar escapar situaciones tan claras para asegurar la permanencia. Lo hizo en Lorca, en un partido bochornoso, y lo ha vuelto a hacer frente al Osasuna. Salvando el arranque de partido, 15 minutos de intensidad con el balón en campo navarro, el resto del encuentro dejó una sensación inquietante. Este equipo no parece preparado para ganar ni siquiera un partido. Ni al colista, próximo contrincante, ni a un rival directo, por no decir a los dos últimos rivales del campeonato, Rayo y Huesca, enlazados en la pelea por el ascenso directo. 

Ahora mismo, da la impresión de que si finalmente el Gimnàstic permanece en la categoría de plata será más por demérito del resto de equipos que por sus aptitudes en el tramo final de liga. Porque en esta Segunda se salvarán el mejor de los peores.

La derrota de Lorca no fue un accidente, sino una consecuencia de un equipo roto y sin carácter. La competitividad va pareja de intensidad. La ausencia de la segunda hace muy difícil la primera y deja la imagen pobre y triste que volvió a verse del conjunto grana ante Osasuna.

Hubo tanto de negativo que es difícil ver las notas positivas que se vieron en los momentos iniciales. El papel de Matilla en la elaboración cuando la posesión era local quedó desdibujado en su final, asfixiado e incapaz de imprimir velocidad al juego del equipo. Ni él, ni ninguno de sus compañeros. La lentitud con la que se ha movido el equipo durante la segunda parte ha sido insoportable. La frustración de malograr una oportunidad tan franca de dar el golpe definitivo a la temporada y vivir las últimas fechas de la liga con desahogo ha encendido aún más los nervios del público.

El partido de Lorca hizo ver que, entre otras muchas cosas negativas, había que recuperar esa sensación de frescura perdida en los últimos encuentros. Aunque para ello se tuviera que arriesgar con jugadores inéditos como Matilla, Uche y Gaztañaga. El centrocampista vasco siguió dando esa sensación de futbolista acongojado, sin valentía para mirar hacia adelante y asumir riesgos. Matilla fue todo lo contrario. Se mostró dinámico, buscando líneas de pase libres para ofrecerse al compañero. Fue la referencia en la medular con mucha intención y personalidad. Incluso se probó en una falta que despejó Herrera con los puños. 

Uche tuvo la ocasión de reeditar ese cartel de 'rescatador' que ganó en los últimos encuentros del curso pasado, cuando apareció sin que nadie se lo esperara para resolver la permanencia. El nigeriano quiso hacerlo todo en una baldosa. Controlar, prepararse y disparar. No pudo hacer ninguna de las tres. Sí pudo cabecear a gol en un centro de Tete Morente, pero el balón había salido del campo. 

El empeño grana fue diluyéndose al tiempo que el medio del campo navarro iba asumiendo el control de la situación. Borja Lasso, Lucas Torró y Roberto Torres impusieron su dictadura llevando al partido al campo del Nàstic. 

Sólo a través de la presencia, el Osasuna logró anotar el primer tanto. Ni aceleró. Cayó el gol con una inmensa facilidad. Fruto de un error de marcaje de bulto. Centro de Quique que Rober Ibáñez cazó al segundo palo totalmente libre de marca. Tuvo tiempo de acomodar el esférico y cruzarlo con potencia para batir a Dimitrievski, 

En ese punto, el Nàstic ya había desaparecido entre el desorden y la apatía. La capacidad de generar ocasiones de peligro resultó nula. No existía plan ofensivo. Ni por bandas, ni por el centro.  Uche y Barreiro no recibían y los pocos balones que les llegaban era muy lejos de la portería. 

El 'pasotismo' llegó a su punto más álgido en el segundo gol del Osasuna. De risa. El asistente levanta el banderín para señala fuera de juego. Todo el equipo se para. También los jugadores de Osasuna. Pero el silbato no ha sonado. El árbitro sigue concentrado en el cuero y Xisco, que tenía esférico de espaldas a la portería, remata de tacón. Gol y quejas infantiles del que se ha desentendido en pleno examen. Hasta los alevines (y muchos benjamines) saben que si el colegiado no pita, hay que seguir. 

El segundo tiempo fue una agonía. Una auténtica pérdida de tiempo. Desde los primeros minutos tras la reanudación quedaba claro que la remontada era imposible. Sin carácter, sin ganas y sin ideas de ningún tipo era evidente que el equipo tenía asumida la derrota. Mesa, en el 75’, disparaba a puerta por primera vez desde la falta de Matilla. Los pases entre los defensores desesperaban, pero las alternativas hacia arriba eran pelotazos que Aridane repelía con suma facilidad. 

El Osasuna era absoluto dominador del encuentro. No dejó puntal sin hilo. Incluso pudo aumentar su diferencia. El palo perdonó el tercero de Lucas Torró.

Los pitos, presentes desde el 0-1, despidieron a unos jugadores que deben hacer mayor merecimiento para mantener al equipo en Segunda.

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