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Jesús Olmo, portavoz y líder en tiempos de guerra

El capitán da la cara como jefe de un vestuario desgastado por la delicada situación del club. El central no se esconde y es el gran altavoz de la entidad en el peor momento desde que llegó al CF Reus

Marc Libiano

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Diario de Cádiz

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Probablemente Jesús Olmo (Barcelona, 1985) protagonizó, en el estadio Ramón de Carranza de Cádiz, una de sus peores primeras partes que se le recuerda en el Reus. Cumple su quinto curso de rojinegro y pocas veces se le había visto tan quisquilloso con el balón. Si por algo se distingue el central es por esa delicadeza para sacar limpia la pelota en el origen de cada ataque. Ante el Cádiz perdió la precisión que siempre le ha definido y su rostro, tras la última derrota del Reus, andaba cabizbajo, pensativo, triste. En días en los que apetece poco hablar y en medio de la tormenta que cae en el club por esa realidad insostenible que vive, Olmo salió a dar la cara en zona de mixta. En realidad siempre lo hace y suele aparecer, sobre todo, en tiempos de guerra, lo que dice mucho de él.

Jesús no es un tipo de palabra fácil. Su discurso no endulza, no posturea, va al grano. Habla claro. Si esperas que Olmo diga lo que quieres oír en cada momento no cuentes con él. Dice lo que piensa, guste o no. Quizás por eso se ha ganado el liderazgo del vestuario. Por eso sus compañeros le confían el brazalete. De sus servicios deportivos no existe ni atisbo de sospecha. Cinco años de máximo nivel le permiten la licencia del Carranza. “Ser capitán del Reus ahora no es fácil, lo llevo lo mejor que puedo, sólo intento ayudar”, declaró serio ante el foco. Minutos después de una derrota, claro. En las victorias, Olmo prefiere la discreción o, por lo menos, acude a ella.

En los dos últimos años, el capitán, junto a los otros tres socios elegidos para el brazalete (Badia, Juan Domínguez y Vítor en la actualidad), ha subido con demasiada frecuencia a las oficinas de la planta noble para reclamar o pedir mejoras en la rutina del equipo. Quizás lo ha hecho más veces de lo que hubiera preferido. Hoy, el abismo se encuentra tan cerca que la responsabilidad de Olmo alcanza una importancia vital. No sólo trabaja para su interés personal, también para el del resto de sus compañeros, que acumulan dos nóminas sin cobrar y que han sufrido la dejadez y la depresión progresiva del Reus a nivel institucional. Las charlas con Oliver tampoco han aclarado un futuro incierto y el desgaste de la situación resulta indiscutible. Convivir con esa pesadez forma parte del día a día del capitán.

Ni con el chaparrón encima, Olmo ni el resto de sus compañeros, capitanes y no, han descuidado sus obligaciones profesionales. Compiten como pueden y sostienen al club mientras Oliver busca inversiones por el mundo para mejorar la salud económica del Reus, ahora mismo en números rojos. El capitán tampoco ha promovido una guerra de guerrillas dentro del vestuario porque, entre otras cosas, siente al Reus y sus últimos éxitos como suyo. Quizás, el secreto de este equipo tiene que ver con las personas que lo forman. Lideradas además por la vieja guardia. Tipos como Olmo, Badia, Fran, Vítor o Ricardo, a los que les ha costado mucho tener lo que tienen ahora.

El momento de cierto desgobierno que padece el Reus ha provocado que el mismo Jesús Olmo se haya convertido en un el portavoz del club. Una especie de propietario-presidente que no sólo transmite una realidad deportiva compleja, también el desasosiego institucional, por esa escasez de soluciones a un problema que tiene fecha de caducidad; el 10 de diciembre. Jesús e incluso el mismo técnico, Xavi Bartolo (otro de los altavoces autorizados), saben que si no se corta la falta de cobro y se llega a los tres meses, el mercado de invierno puede resultar devastador para el Reus. Su capitán, mientras, lucha para mantener la calma. Hasta dónde pueda.

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