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Jesús Rueda, el general está de vuelta

El capitán del Nàstic se consolida como socio de Quintanilla en la zaga

Juanfran Moreno

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Jesús Rueda, durante el partido que el Nàstic disputó ante el Cornellà en el Nou Estadi. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Jesús Rueda, durante el partido que el Nàstic disputó ante el Cornellà en el Nou Estadi. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Hay en Jesús Rueda (Badajoz, 1987) el rostro de un guerrero con mil cicatrices en su espalda. Conoce la élite al milímetro, su carrera la ha visitado en abundancia. Han saboreado su rigurosidad en Valladolid, Córdoba y Extremadura, entre otros clubs de Primera y Segunda. Eso sí, no se le caen los anillos para remar en mar revuelto. En el Nàstic, con el club en el pozo de Segunda B, el defensor se ha puesto el primero de la fila para devolver a Tarragona el lugar en la aristocracia nacional del balompié. Rueda no sólo exhibe personalidad, también liderazgo y brazalete. La presión no le importa, se ha acostumbrado a vivir con ella.

Central de guerrillas, lejos de la pulcritud técnica, pero con gran capacidad física, el extremeño regresó al once en el primer domingo del año ante el Cornellà, dispuesto a no soltar su condición de elegido durante toda la segunda vuelta del campeonato. Dispone del beneplácito de su técnico, Toni Seligrat, que ve en él a un actor influyente en el comportamiento sano del vestuario. Rueda es un defensor de los códigos éticos del fútbol y en Tarragona se ha transformado en voz autorizada en la caseta del Nou Estadi. No en vano, luce condición de capitán.

La principal preocupación que ocupa ahora mismo al central tiene que ver con las inclemencias físicas. Las molestias que ha padecido en el primer rango del curso le han impedido actuar con continuidad y alcanzar un pico regular de rendimiento. Ha comparecido en siete de los 11 domingos de partido para el Nàstic, seis de ellos como titular. Su condición atlética precisa de tiempo y un rol de frecuencia estable para poder ofrecer prestaciones de seguridad, algo que Jesús pretende conseguir en el episodio decisivo de la temporada. Sabe que el club impone y exige la excelencia. Es decir; el ascenso a Segunda División.

Su carácter tiene una relación estrecha con la competencia y la ambición. Rueda no contempla la derrota en su libreto de comportamiento, sólo la observa como una posibilidad para mejorar. Juega para ganar, da igual cómo y dónde. Esos ingredientes responden y coinciden perfectamente con el ideario de Seligrat. Ganar por encima de todo. Resultados. También con el del Nàstic. El tiempo y ese estilo han llevado, de momento, al equipo a lo más alto de la tabla. De hecho, la pasada semana se proclamó campeón de invierno, un título honorífico que no da premios, pero que sí marca caminos.

Jesús Rueda aspira a repetir papel en el centro de la zaga grana, en la que Quintanilla parece contar ya con el rol asegurado. Los dos mezclan bien, uno más de colocación, otro más de derroche. Disponen de otro condimento esencial para Seligrat; la experiencia. Se han curtido en mil batallas. Centrales disciplinados y responsables, alejados del glamour que ofrecen el foco y las portadas. Más cerca de la discreción.

Otra vez el Nou Estadi

El Nàstic repitió etiqueta de local para recibir a un rival directo para acceder a las tres primeras plazas que abren el escenario del ascenso. El Barça B de Garía Pimienta, enrachado y mejorado, se presentó en la Bulladera con intenciones de ampliar su grandeza, pero se topó con el inicio demoledor del Nàstic, intenso, hambriento y resolutivo. En media hora le anotó tres goles al Barça y solucionó el envite.

Todo lo que vino después se relaciona con la fiabilidad. Los granas gestionaron el segundo tiempo bajo el prisma de un sistema defensivo firme y sin fisuras. En ese rol se agrandaron los dos centrales; Quintanilla y Jesús Rueda, que opositaron para apoderarse del puesto.

Badalona, aguarda

Las buenas prestaciones de los dos guardianes granas presagian su nueva titularidad este domingo, en la visita del Nàstic a Badalona. Defenderá liderato el equipo y también tratará de mejorar argumentos como visitante.

En un escenario grande, aunque con superficie sintética, los chicos de Seligrat precisarán adaptarse al distinto fútbol que propone la hierba artificial. Y para ello resultan casi imprescindibles los actores que lucen en la intendencia.

Como Jesús Rueda, un general que cuenta con un desafío mayúsculo; recuperar su versión más segura y ayudar al Nàstic sobre el verde a conquistar sus propósitos; los que acaban celebrando en la Plaça de la Font un ascenso.

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