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Joan Oliver negocia la venta del CF Reus

La delicada situación económica obliga la entrada de nueva inversión antes del 29 de octubre, fecha en la que se celebrará la Asamblea del Consejo de Administración para aprobar la ampliación de capital

Marc Libiano

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Joan Oliver, en una rueda de prensa. Foto: Alba Mariné

Joan Oliver, en una rueda de prensa. Foto: Alba Mariné

El CF Reus se encuentra en una situación difícil a nivel institucional. Su poder adquisitivo es mínimo y el proceso se agudiza con la problemática de las fichas, con varios jugadores importantes con contrato y que no han sido inscritos ya que el club no ha podido llevar a cabo una ampliación de capital hasta el momento. Eso ha dejado su límite salarial en 3.1 millones de euros, el más bajo de toda la Segunda División. La única vía para hallar una solución con recorrido pasa por una venta del club o, por lo menos, la venta de un paquete importante de acciones, superior al 50 por ciento, que ahora son propiedad de Oliver y su grupo inversor, en el que también conviven el expresidente del FC Barcelona, Joan Laporta, y otro exdirectivo azulgrana, Rafa Yuste. El mismo grupo dispone además de un proyecto futbolístico en China, vinculado al CF Reus. Manejan al BIT, un equipo universitario de Pekín que juega en la segunda categoría.

El CF Reus ha fijado una asamblea extraordinaria el 29 de octubre para que el Consejo de Administración pueda aprobar esa ansiada ampliación de capital, aunque para que ésta se produzca resulta indispensable la entrada de nueva inversión. Es por ello que Oliver negocia con varias opciones para acelerar los plazos y llevar a cabo la venta antes de ese 29 de octubre, aunque nadie asegura que pueda hacerlo. Propuestas no le han faltado. Por ejemplo, la semana de final de mercado veraniego, la última de agosto, recibió a contrarreloj la oferta de 3 millones de un grupo inversor dispuesto a solucionar la crisis de las fichas, aunque finalmente el trato se rompió. 

La entrada de dinero en las arcas de la entidad es ahora mismo indispensable para su subsistencia, tanto a nivel de plantilla como a nivel de funcionamiento de la estructura. Si se logra realizar esa ampliación de capital, con un mínimo de tres millones de euros, el Reus, mediante su dirección deportiva, ya dispone de un plan para reforzar la plantilla. En principio intentaría inscribir a dos futbolistas agentes libres (uno sería Isaac Cuenca) para llegar a diciembre con garantías de subsistencia. En el mercado invernal se inscribiría a Vítor Silva, Tito y Yoda, los futbolistas con contrato que quedaron cortados por el límite salarial y que siguen entrenando con el equipo.

En todo caso, esa idea se mantiene como pura hipótesis hasta el momento, ya que primero debe cerrarse una venta que a día de hoy parece inevitable y necesaria para que el Reus pueda permanecer en el fútbol profesional. De momento, el equipo, muy mermado de efectivos y además con problemas importantes de lesiones, aguanta fuera del descenso con nueve puntos, casi en un ejercicio heroico de supervivencia, aunque nadie sabe cuánto tiempo va a resistir más.  

Llegó en 2013
Joan Oliver se dejó ver, por primera vez, de forma pública, en una asamblea, por entonces todavía de socios, en la que se debía dar el «sí» o el «no» a la conversión del Reus en Sociedad Anónima Deportiva, paso obligatorio para acceder al fútbol profesional. El equipo se encontraba en Segunda B. En aquella asamblea del 20 de septiembre de 2013 se dio el apoyo mayoritario a Oliver, que posteriormente compró la mayoría de acciones del club, más del 90 por ciento, para convertirse en máximo propietario, junto a su grupo inversor.

Oliver asumió el capital social en el que estaba cifrado el CF Reus, casi 300.000 euros en aquel entonces, justo antes de acceder a la Segunda División. En 2013, la entidad rojinegra andaba más o menos saneada, aunque no podía progresar más allá de la Segunda B por falta de recursos económicos. En aquella Asamblea se reconoció un déficit de 173.000 euros. Aquel 20 de septiembre simbolizó el inicio de una nueva era.

Oliver logró el propósito que se había marcado en tres años de plazo más temprano de lo esperado. Situó el equipo en Segunda A un mes de mayo de 2016, dos temporadas después de su llegada. Invirtió en plantillas importantes en la categoría de bronce y, de la mano de Natxo González, alcanzó el objetivo. En todo caso, durante ese curso 2015-16 empezaron a salir los primeros brotes de dificultad económica. El plantel llegó a estar seis meses sin cobrar. Ahora la situación obliga a un giro más importante. El Reus, de la mano de Oliver, cumple su tercera temporada en la categoría de plata y se enfrenta a un escenario decisivo para su futuro.

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