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Jordi Casas, domador de imposibles

Con sólo tres años de dedicación deportiva, el tarraconense logró acabar La Marató de Barcelona en la posición 149, en una carrera en la que tomaron la salida 18.000 deportistas. Gracias a la actividad ha dejado de fumar

Marc Libiano

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Se habían decretado los últimos 10 kilómetros de La Marató de Barcelona y Jordi Casas (Tarragona, 1990) completaba su aventura consumido por la fatiga, había iniciado una batalla particular con su propia mente. Esos últimos pasos en la carrera no iban a escapar del sufrimiento. Jordi se encontraba ante el segundo desafío maratoniano de su trayectoria. Con sólo tres años y medio de dedicación deportiva cosechó un éxito indiscutible. Terminó una prueba de 18.000 atletas en la posición 149. Jordi no es profesional ni dispone de un mar de patrocinadores detrás que faciliten su rutina deportiva. Simplemente ha convertido el deporte en una forma de vida.

Hubo, en ese último esfuerzo por las calles de la gran Barcelona, motivaciones especiales. Sobre todo, el pensamiento hacia su madre María del Carmen, fallecida hace unos años debido a una enfermedad, aunque motor principal en su viaje vital. También pensó en la familia y en todo el arropo que recibe a diario. “Mi sufrimiento de esos últimos kilómetros es para ellos”, comenta. A los pies de Montjuïc, en la majestuosa avenida Maria Cristina, Casas cumplió con ese reto personal que se había marcado. Coronó los 42,195 kilómetros en dos horas y 49 minutos y sintió la plenitud del objetivo cumplido. Su cuerpo, eso sí, pedía una dosis extra de reposo. Jordi compartió sensaciones con el también tarraconense Ángel Martínez, un atleta veterano que logró cerrar el recorrido en menos de tres horas.

Natural del barrio de Bonavista, donde convive desde la infancia, este chico de 27 años camina alejado de las estridencias. De carácter tranquilo y de estilo de vida sencillo, ocupa sus horas laborales como encargado de una empresa de ámbito deportivo. Dedica seis días a la semana a la preparación desde hace tres años, cuando inició un nuevo camino vital que le ha llevado a descubrir rasgos de sí mismo que ni siquiera conocía. Jordi se ha convertido en un explorador de límites. Ha inaugurado una relación íntima con su propio cuerpo.

La actividad intensa le ha llevado a superar otro argumento relacionado con su salud. Jordi no pudo huir de la tentación del tabaco y fumaba como hábito. Unos 20 cigarros diarios. La exigencia del asfalto, de cada entrenamiento, de cada prueba contra su resistencia física, le obligó a tomar una determinación. “Llegó un momento en el que tuve que decidir. Si quería progresar necesitaba dejar de fumar”. Tres años después ha olvidado el humo en sus pulmones. Anda limpio de tabaco. No sólo eso. Cuida con rigurosidad su alimentación, fundamental para poder alcanzar un carácter competitivo adecuado en el deporte actual, exigente y detallista.

El atleta vio como en noviembre, la organización de La Mitja Marató de Tarragona utilizaba su imagen para promocionar la carrera por la ciudad. En autobuses o carteles inmensos, se apreciaba la foto de Jordi en pleno esfuerzo. También coronó un buen premio en casa. Quedó segundo de su categoría y confirmó ese progreso que parece imparable. Como un auténtico conquistador de límites.

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