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Jorge Miramón, máquina de felicidad

La exhibición del aragonés del CF Reus en Vallecas le encumbra como un lateral decisivo en Segunda División. Anotó un gol antológico en el segundo tiempo, cuando se adaptó con asombro al carril zurdo

Marc Libiano

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Miramón conduce una pelota en el Estadi. Foto: Alfredo González

Miramón conduce una pelota en el Estadi. Foto: Alfredo González

Jorge Miramón (Zaragoza, 1989) eligió Vallecas para firmar su obra maestra. Había completado tardes de incendio mucho antes, con pequeñas exhibiciones de artesano del oficio, conocedor de una posición, la del lateral diestro, que nunca se había convertido en familiar para él. Jorge fue toda la vida un enganche, elegido en Segunda B y aceptado en Segunda A. Nunca halló un status tan diferencial como el que ha atrapado en el presente, como carrilero incontrolable. Jorge vuela. Decidió volar desde que a Natxo González, hace poco más de un año, se le ocurrió instalarle en esa nueva posición por obligación del guión. Desde entonces nadie le ha discutido la titularidad, tampoco su influencia, capital en el actual Reus.

En el tradicional escenario de Vallecas, Miramón ofreció magisterio a los niños de cómo elegir, porque en el fútbol la toma de decisiones correcta resulta un valor diferencial. El aragonés ha exprimido con rigor los registros de su nuevo ecosistema. Apenas concede espaldas en defensa y la atención que desprende resulta casi militar. Hoy, en el juego, los laterales no solamente pueden limitarse a las labores de contención, necesitan inundarse de importancia en la transición ofensiva. Aparecer con frecuencia en el otro fondo. El físico privilegiado de Miramón le permite muchas licencias. Cuando los rivales sufren el desgaste de la exigencia y del tiempo, él mantiene la intensidad y el apetito. Llega a menudo y con criterio al área rival, se ha transformado en un argumento primordial para el ataque del Reus.

Cuando el Rayo le exigía al Reus precisión milimétrica en la salida del balón, con una presión que ahogaba gargantas, la vía de escape se encontraba en la autopista derecha. Algunas veces por despliegue, otras por asociación, Miramón conseguía romper líneas y el Reus tomaba oxígeno, podía progresar. En el descanso, su jefe, Garai, tomó una determinación que parecía rizar el rizo. Sacrificó a Menéndez y acostó en el lateral izquierdo Jorge. Siguió volando. Se habituó con asombro al cambio de perfil. La ambición le permitió fabricarse un gol antológico, el 2-2 que encumbró un segundo tiempo excelente del Reus. Quizás el mejor del curso.

La aventura dispuso de todos los ingredientes futbolísticos. Primero combinó con Gus en el origen. La pared generó un espacio goloso para la conducción. El despegue de Miramón confirmó su poder. Sorteó piernas y rivales y en zona de definición se acomodó el cuerpo para culminar con la diestra, dirección al ángulo. Vallecas murmuraba, sus silencios eran una mezcla de frustración y resignación.
La confianza

Probablemente, el cambio más sustancial que ha experimentado este futbolista de tren inferior imponente, se encuentra en su cerebro. Ha modificado la rutina, el ser uno más, por el sentirse especial, por la felicidad que da lo distinto. La confianza que ahora dispone su juego ha cobrado un impulso imparable. En el Reus nadie imagina un domingo sin Miramón sino es por inclemencias físicas o de castigo. En la derecha o en la izquierda, da lo mismo.

El extraordinario servicio de Miramón no culminó con un resultado apetecible en Vallecas, donde el Rayo dispuso de eso que el Reus no tiene; la pegada. Acertó una vez más, con De Tomás como aniquilador del perdón rojinegro, sólo la ternura ante el gol impidió al equipo de Garai conquistar Vallecas. Lo mereció con una actuación convincente, ante un rival de peso, aspirante indiscutible a la Primera División.

En las entrañas de Vallecas, tras el esfuerzo titánico, el rostro de Miramón no podía creer el resultado, ni siquiera en el abrazo de sus padres, que aparecieron por el mítico estadio madrileño, pudo consolar el desencanto por la derrota. Quizás en el hambre de progreso se halla el secreto de un futbolista que no sólo se conforma con el foco individual. Él sabe que en Vallecas firmó un repertorio llamativo para los directores deportivos más lujosos, pero no se conforma con eso. Quiere el objetivo colectivo. Notición para el Reus, aunque renovarle parezca un desafío considerable.

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