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Josep Mir, el hombre que siempre estuvo allí

Preside la Pobla desde hace 15 años, un inusual caso de longevidad
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Josep Mir, sobre el césped del estadio de La Pobla de Mafumet.  Foto: DT

Josep Mir, sobre el césped del estadio de La Pobla de Mafumet. Foto: DT

Jugaba a la botifarra en un bar del pueblo, con los amigos, y allí, entre cafés, cartas y charlas distendidas, el ya alcalde, Josep Maria Sardà, le hizo una proposición deshonesta, casi a traición. «Vino con un concejal y me dijo que me tenía que poner al mando del club, que tenía que volver», cuenta Josep Mir ahora, a los 75 años.

La oferta le atribuló. Por entonces tenía 61 años, estaba a punto de jubilarse de su empleo de comercial y andaba desconectado del fútbol. «No les importó que respondiera que no. Insistieron. Me dijeron que confiaban en mí, que yo era hijo del pueblo…». Cuando le tocaron la fibra pobletana, el orgullo de la patria chica, se vino abajo y dijo que sí, que asumía el proyecto de ponerse al frente de un club, la Pobla de Mafumet, que pasaba por horas bajas.

 

Sin presidente ni estructura

No había presidente y ni siquiera estructura ni organigrama. Tampoco sabía que aquella decisión informal, un arreglo puntual para revitalizar una entidad en un periodo gris, le acabaría convirtiendo en el presidente más longevo del club. Josep Mir entró en el año 2000. Lleva, por lo tanto, 15 años en el cargo, convirtiéndose en el presidente más duradero de la entidad y en un ejemplo de supervivencia poco común en el fútbol catalán.

Nada fue fácil entonces. Lejos de los éxitos recientes, el equipo malvivía en Preferent Territorial y Josep, ya como presidente, se vio desguarnecido. «Le dije al entrenador de entonces, Ramon Coch, que no se fuera, que se quedara. Él se quería marchar pero le dije que no me dejara solo, que yo no conocía a nadie», cuenta.

Y eso que Josep Mir fue siempre un hombre de fútbol. De joven militó en la Pobla, antes de pasar al Reus. Allí estuvo cuatro años en el juvenil y uno en el amateur. Más tarde, se integró en algunas juntas poblenses, donde ejerció de secretario. «Hay etapas de todo. A veces te acabas saturando y lo dejas, y entonces terminas por no ir ni a los partidos, y te desconectas», confiesa.

Por eso, cuando en 2000 asumió la presidencia, no sin vértigo, le tocó empezar de cero y comenzar a salvar obstáculos. Después de 11 derrotas seguidas, Ramon Coch, el míster, se fue, pese a los intentos de Mir por retenerle. Con José Luis Guerra en el banquillo, el equipo salvó la categoría pero bajó al año siguiente. «Luego volvimos a subir». Ahí arrancó la vorágine futbolística, el ascenso a Tercera y la célebre gesta lograda en junio, hollando la Segunda B por primera vez en su historia. Ese es, claro está, el mejor momento de su trayectoria como dirigente. El lado más amargo ha sido prescindir de algún entrenador debido a cambios de proyectos pero, eso sí, jamás por malos resultados. «Nunca he sido partidario de cambios de técnico durante la temporada. Siempre se dice que es más fácil echar a uno que a once, y que por eso se despiden entrenadores cuando no se lo merecen. Confío en ellos, les doy continuidad», confiesa.

 

‘Ahora esto es más serio’

A estas alturas, la pregunta es obligada: ¿hay Mir para rato en la presidencia de la Pobla?. «No lo sé… A mí el cargo me estimula. Evidentemente, hay veces en que estás cansado pero por otro lado es algo que me gusta, me da vida, y veo que podría aguantar mucho más». Eso sí, esta Segunda B exige más. «Tecera División era un juego. Ahora esto es mucho más serio». Josep siempre ha sabido delegar, descargar trabajo en su círuclo de confianza y rodearse de gente eficiente. «La afiliación con el Nàstic nos ha venido muy bien en los últimos años», admite mientras piensa en el legado, en lo que le queda tras estos años de dedicación plena al equipo. «Me quedo con la unión en el pueblo, con lo que se siente hacia el club, y también con el trabajo de la junta y, por supuesto, con los futbolistas. Hemos tenido un buen grupo de jugadores que, cuando se van, siempre dicen que les gustaría algún día volver a la Pobla».

La nómina de jugadores insignes que han pasado por allí es inabarcable: desde el fichaje laborioso de Albert Virgili, a los hermanos Oriol, pasando por Aleix Vidal, ahora en las filas del Barça. Aunque diga Josep que presidir la Pobla le mantiene activo y que le queda energía para rato, confiesa medio en broma: «Tengo un pacto con el alcalde. Si él lo deja, yo también me puedo ir».

No parece que ninguna de las dos cosas vaya a ocurrir, puesto que Sardà, que lleva 20 años como alcalde, revalidó en mayo su mayoría absoluta. Tampoco a Mir, en el mejor momento de la historia de su equipo, le apetece irse, pese a que estar tanto tiempo de presidente no entrara en sus planes aquella lejana tarde en la que jugaba a las cartas en el bar.

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