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K.O. peligroso (Nàstic 0 - Almería 1)

El Nàstic pierde por la mínima ante el Almería, rival directo por la permanencia, y deja escapar una buena opción para meter distancia con las posiciones de descenso. Kalu Uche decantó el partido

Iñaki Delaurens

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Foto: Pere Ferré

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Hay derrotas que escuecen. Ya sea por la manera o por el significado. El Nàstic encajó ante el Almería uno de esos traspiés que pican. Así lo reflejaba el semblante y tono de Juan Merino tras el batacazo. Ante un rival directo por la permanencia, los grana fueron incapaces de lograr el triunfo en casa. Una desdicha que ya se esta convirtiendo en mala costumbre.

En un partido definido por el juego directo, Luis Miguel Ramis volvió a Tarragona para remover los cimientos del Nou Estadi, el templo que lo vio crecer. No le hizo falta un choque espléndido para ello, sino aguantar la pegada grana, en horas bajas, y tener paciencia para esperar el despiste local. La fórmula surgió efecto.

El domingo madrugó con una genialidad de Manolo Reina. Apenas se habían hecho los jugadores a la olor del césped recién cortado cuando a Kalu Uche le cayó un cuero de los cielos en el área pequeña. La empalmó de primeras el nigeriano pero el meta el meta grana se hizo gigante para escupir la bola. La portería estaba bien resguarda.

La posesión estaba repartida y sin un dominador en el pasto, los grana tuvieron su primera llegada a cuero largo. Tejera se postuló para acomodarlo con la testa. Stephane apareció con su galopada africana desde atrás para romperla dentro del área. El camerunés cargó su fusil zurdo. Soltó el fuelle demasiado fuerte pero ni siquiera tocó pelota.

En otra asistencia de Tejera, ahora para Suzuki, en una falta en tres cuartos, el japonés se elevó con un salto de samurai. Su boinazo lamió el travesaño ante el lamento del Nou Estadi.

Mientras el juego navegaba en un mar táctico mareado por las olas de aburrimiento, el árbitro pedía su ración de protagonismo. Primero se comió una falta sobre Tejera que armaba la contra. Luego, una patada sobre Gerard en la orilla de la grande.

El guionista seguía escribiendo sus líneas intrascendentes por medio de faltas y saques de esquina sin historia. En ese paisaje diseñado para el cerocerismo, Gerard trazó su pincelada más gamberra. Bailó, dribló al rival y chutó con el alma. El misil apuntaba a la red, pero Casto sacó su mejor mano para enviarlo a córner.

El Almería salió descarado tras el paso por vestuarios. Se quitó la piel de cordero para enseñar sus colmillos de lobo. En un córner, la pelota murió a los pies de Kalu Uche. El nigeriano le pegó con todo el empeine. En un segundo que se eternizó, el esférico mordió la madera y salió fuera.

Tardó en llegar la réplica grana. El conjunto de Merino se fue quitando complejos y jugó cada vez más en terreno hostil. Tejera pispó el cuero con picardía de barrio en zona prohibida. Se plantó en la frontal y disparó la folha seca. Casto evitó el gol de puños.

Los pupilos de Ramis no se achantaron y sacaron a relucir su osadía. Presionaban arriba y no se precipitaban en la recuperación. Hallaron su recompensa. En un centro desde la izquierda, Joaquín cabeceó en el segundo palo. La bola, caprichosa, se dirigió al poste contrario. Allí aguardaba Kalu Uche con todo su arsenal de pesca listo para la acción. Sólo la tuvo que empujar, mientras la defensa grana se lo miraba incrédula.

Un arrebato de rabia de Delgado buscó el remedio. Como un obús descontrolado, la pelota salió cerca de la madera. Una caída de Muñiz dentro del área, la interpretó el colegiado en la frontal. Allí, en el porche de la grande la plantó el mismo Muñiz con mimo. Dibujó una parábola endiablada a la escuadra opuesta. Casto, con otro guante milagroso, forzó el córner.

En los últimos coletazos, con el campo inclinado hacia el arco del Almería, el Nàstic se conjuraba por el empate. Les debió de salir mal el hechizo. El gol quedó lejos. El K.O. deja al equipo grana al filo del infierno, en una situación comprometida. Parece que así será hasta el enigmático desenlace.

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