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Kakabadze, Erasmus y doctorado

El lateral georgiano es el máximo asistente de la plantilla y el sábado firmó su primer gol con la camiseta del Gimnàstic

Jaume Aparicio

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Kakabadze marcó su primer gol con el Nàstic en el partido ante el Barça B.

Kakabadze marcó su primer gol con el Nàstic en el partido ante el Barça B.

Ante el Barça B, Otar Kakabadze (22 años, Tiflis –Georgia-) aderezó la gran temporada que está haciendo con su primer gol con la camiseta del Nàstic. Un latigazo tenso al palo corto que cogió a Adrià Ortolà por sorpresa. ¿Quién iba a esperar que el georgiano soltara un tiro tan potente con la izquierda? Desde luego que ni el meta azulgrana ni el lateral Cucurella, que había tenido a Kakabadze más pendiente de cortar sus incursiones que de buscar el área culé.

El tanto daba la victoria provisional al Nàstic, pese a que minutos más tarde Marc Cardona puso la igualada. Pero Kakabadze ya había rellenado una nueva casilla en su registro personal. Un tanto que confirma la buena proyección del lateral esta temporada. 

‘Oto’ evoluciona a pasos agigantados y ya suena como uno de los futbolistas que pueden dejar ‘cash’ en las arcas granas este verano. Varios clubes han puesto sus ojos en el futbolista y le siguen con atención.

Kakabadze ha dejado en evidencia a quienes dudaban de su calidad cuando firmó por el Nàstic en verano del 2016, procedente del Dinamo de Tiblisi. El nombre del georgiano circulaba en todas las discusiones cafeteras como arma arrojadiza contra la labor de la dirección deportiva.

De nada servía el éxito previo en la contratación de su paisano Giorgi Aburjania. Un futbolista que ofreció un rendimiento extraordinario en los seis meses que pasó en Tarragona antes de facturarlo al Sevilla Atlético por una buena suma de dinero (unos 1,8 millones de euros). En octubre, ‘Oto’, de 21 años, estaba sentenciado por los más críticos de los hinchas del Nàstic.

Lo cierto es que el lateral de Tiflis no comenzó con buen pie. Suplente de Gerard Valentín, tuvo su oportunidad en el mes de octubre, cuando el gerundense se lesionó. Pero no la aprovechó. Entre eso y las continuas llamadas de la selección georgiana para la Clasificación del Mundial de Rusia 2018 llevó al Gimnàstic a tomar la decisión de ceder al futbolista al Esbjerg fB de la Primera división danesa. Un Erasmus de seis meses en una competición menor, pero en la que tomó la clara determinación de triunfar en el Gimnàstic.

Pese a tener contrato hasta el 2019, las perspectivas no eran muy halagüeñas para Kakabadze. Mientras se veía relegado a una cesión que sonaba a destierro, el Nàstic trataba de hacerse con el fichaje de Isaac Carcelén para cubrir a Gerard Valentín. El futbolista, por entonces en el Zaragoza, descartó la operación. Suzuki se convirtió en el relevo de urgencia del gerundense cuando hacía falta y dejó la puerta abierta al retorno del georgiano.

En verano, cumplida su cesión sin lograr salvar al Esbjerg del descenso, Kakabadze regresaba al Nàstic plenamente consciente de era su momento. La marcha de Gerard Valentín le garantizaba mayor presencia, pero para ello debía competir con el hermano pequeño de Gerard, Pol. Esta vez Oto no quería perder la partida. 

Sus conducciones con el balón cosido al pie deshaciendo líneas rivales como si fueran azucarillos en el cortado, han situado al defensa en una pieza importante dentro del esquema ofensivo del equipo. Esas incursiones le han convertido en un recurso muy preciado en ataque. Pisa constantemente el campo rival. Desde el carril y rompiendo con diagonales por el centro sorprendiendo a los contrarios. 

Pero su aportación en labores ofensivas no se queda ahí. Kakabadze es, junto con Manu Barreiro, el mayor asistente de la plantilla. Ha dado tres pases de gol. Todos ellos han supuesto puntos. El primero en Valladolid. Un centro preciso que Maikel Mesa remataba a la red para poner el 0-1. En Vallecas, cuando el reloj marcaba el tiempo de descuento se sacó un envío milimétrico que Barreiro cabeceó impecablemente para dar el triunfo al Gimnàstic (2-3).

También lejos de Tarragona ofreció su tercera asistencia. En El Sadar, ni más ni menos. Está claro que al georgiano le motivan los grandes escenarios. Cogió el cuero a pocos metros de la divisoria y picó el balón por encima de los defensores navarros para dejar a Barreiro, su socio predilecto, solo frente al meta. Fue el 0-1. 

El crecimiento de Kakabadze no está exento de aspectos a mejorar. Como ese exceso de confianza que se toma en algunos momentos en zona defensiva. Con 22 años, todavía tiene mucho tiempo por delante. Su cartel empieza a lucir. Tarragona está doctorando a un futbolista prometedor.

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