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La Sang del Prim de Joan Salvat, que jugó la final de Copa con la boca destrozada

El reusense había perdido tres dientes en la semifinal ante el Vic, pero quiso ayudar a sus compañeros en el partido decisivo. Apenas durmió en la noche anterior y tras la final pasó control antidoping

Marc Libiano Pijoan

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Joan Salvat se retira de la pista con síntomas de dolor y la boca repleta de sangre. Foto: Luis Velasco/FEP

Joan Salvat se retira de la pista con síntomas de dolor y la boca repleta de sangre. Foto: Luis Velasco/FEP

Joan, el padre del rojinegro Joan Salvat, se dedicó a peinar todas las farmacias de Alcobendas la noche del incidente. Había que comprar antibiótico para hacer más llevaderas las horas de descanso. El jugador del Reus había vivido una pequeña pesadilla durante la semifinal de Copa ante el Vic, el pasado sábado. Como siempre ingresó en la pista como rotación de Mariotti para ofrecer minutos de calidad a un Reus en plena batalla copera ante el Vic, en esa semifinal cardíaca que se decidió en la tanda de penaltis.

Joan, el pequeño de la saga que inició su padre como jugador de la primera plantilla rojinegra, controló una bola en el ataque del Reus, en un primer tiempo todavía sin la quinta marcha puesta. Presas, uno de los talentos más emergentes del Vic, le perseguía para contrarrestar las intenciones del canterano del Reus. Presas resbaló en ese parqué traicionero del palacio Amaya Valdemoro y, con la inercia, su stick impactó en la boca de Salvat, al que sus chillidos de dolor le delataron. Sangre a raudales y trozos de diente en la misma pista se perdieron. Fue conmovedora la imagen de Joan recogiendo sus propios dientes antes de salir de la pista. Ya no pudo volver a participar en el partido.

Marc Bosque, el fisioterapeuta, se encargó de velar por la salud del jugador, al que no abandonó en toda la noche. Antes hubo que pasar por el Hospital de La Paz, con Antonio Masip como amigo inseparable de Joan. Hasta el punto que el reusense terminó viendo el desenlace de la semifinal desde el celular del dirigente, en la plataforma OKTV. Con el triunfo final regresó al palacio para celebrarlo con sus colegas de viaje. Antes, eso sí, mandó un aviso a médicos y especialistas. “Si hay final, voy a jugar. No todos los días se juega una final. Me da igual el dolor”. La Sang del Prim en estado puro.

Salvat compartió habitación y confidencias con Marc Ollé, su colega de la cantera con el que ha pasado por un millón de situaciones. La noche previa a la final fue una pequeña pesadilla. Costó dormir y cada tres o cuatro horas, el fisio picaba a la puerta para inyectar el medicamento pertinente. Cuidados al detalle. Joan fue fiel a sus intenciones. Se presentó en el almuerzo previo a la gran final de Copa como si nada hubiera ocurrido. Soportó el dolor en el calentamiento. “Fue el peor momento, me sentía incómodo”, recuerda. Ni eso le paró. “Pensé que si quería jugar debía olvidarme de todo. Desconecté por completo”. Jugó. Sin tres dientes y con la boca hecha trizas, con varios puntos de sutura. Sus compañeros se lo agradecieron tras el partido, a pesar de la cruel derrota ante el Barcelona. Salvat, incluso, fue obligado a pasar por el control antidoping, para terminar de redondear la jornada.

Salvat no ve su respuesta a esa dificultad física como un acto de heroicidad. Todo lo contrario. Va con su ADN. El que lo conoce sabe que estamos hablando de un tipo honesto, de los de raza, de los comprometidos con la causa. Se ha educado en la calle Gaudí y probablemente ha renunciado a protagonismo en otros lugares para cumplir su sueño de actuar en el Reus, el equipo de su vida. Ante la exigencia del nuevo proyecto ha respondido con buen rendimiento.

Mariotti le ve como uno de los jugadores importantes. También como un fiel exponente de la Sang del Prim.

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