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La guillotina culé ejecuta a Lopetegui (Barça 5-1 Real Madrid)

Un Barça superior en todos los aspectos golea (5-1) a un Madrid que solo reaccionó tras el descanso

Juanfran Moreno

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Luis Suárez celebra uno de sus tres goles conseguidos. Foto: EFE

Luis Suárez celebra uno de sus tres goles conseguidos. Foto: EFE

El primer clásico sin Cristiano Ronaldo será recordado como el partido que actuó como guillotina de Lopetegui. Lo cierto es que el técnico vasco ha hecho méritos para dudar de su capacidad de liderazgo de un plantel tan complejo como el Real Madrid pero eso no quita que muchas de las estrellas blancas anden en un nivel de forma paupérrima. Son caricaturas de lo que eran. 

Courtois vuelve a ser ese portero irregular de las últimas temporadas en el Chelsea y parece que lo suyo en el Mundial fue un espejismo. Nacho Fernández ya no es ese futbolista tan fiable. Raphael Varane transmite una inseguridad en el centro de la zaga preocupante. Sergio Ramos juega algunos partidos con un exceso de confianza irritante. Marcelo sigue marcando goles, pero en defensa no se aplica. Casemiro es de lo poco salvable porque debe de contener un centro del campo en el que Kroos y Modric son dos futbolistas intrascendentes con balón y que sin él destapan todas sus vergüenzas. A Bale se le sigue esperando como el nuevo líder blanco. Isco no está en forma y no corrige su falta de pragmatismo. Por último, Benzema lo intenta pero cada vez deja más evidente que no está capacitado para soportar la carga goleadora del Real Madrid. 

En el otro lado, el Barça fue capaz de humillar al cuadro blanco sin su futbolista más diferencial, Leo Messi. La lesión del argentino abría dos caminos, el primero era el de hundirse y poner como excusa la baja de uno de los futbolistas más grandes de la historia. El segundo camino era crecerse y que otros futbolistas dieran un paso adelante. Luis Suárez captó este mensaje y lideró al conjunto culé en la goleada al Real Madrid.

Isco y Piqué observan con detenimiento el cuero. FOTO: efe


En realidad, no debe sorprender ya que la puesta en escena del Real Madrid fue acorde a la de un club de media tabla y normalmente en el Camp Nou estos equipos suelen salir sonrojados. Lo cierto es que el cuadro de Lopetegui es un equipo de media tabla a nivel de sensaciones y tangibles. Se lo ha ganado a pulso. El conjunto azulgrana también se ha ganado comandar la liga ya con una cierta soltura. 

El encuentro comenzó con un Barça protagonista con el balón y que iba claramente a por el partido desde el segundo uno ante un Real Madrid que compareció replegado y buscando el milagro en alguna transición ofensiva. Sorprende ya que Lopetegui abanderó desde su primer día como entrenador blanco que el conjunto merengue iba a ser un equipo protagonista con el balón y agresivo en la presión sin él. 

Ante ese guion, todo apuntaba a que el Barça no iba a tener demasiados problemas para llevarse el clásico. El Real Madrid no es un equipo hecho para defender en repliegue, ni su escudo ni sus actuales futbolistas tienen características predilectas para ello. Coutinho evidenció esta realidad cuando dejó a Bale en el rebufo y tras encontrar un pasillo por el carril de Nacho dio un pase atrás que Coutinho solo tuvo que empujar. Uno a cero y con la sensación de que la pesadilla no había hecho más que comenzar para los aficionados blancos.

Luis Suárez no tardó en refrendar que aquel partido olía a calvario cuando le ganó la partido a Varane en el primer palo provocando que el francés lo arrollase en boca de gol. El colegiado no señaló penalti en primera instancia, pero sí que lo hizo cuando revisó la jugada con el VAR. El delantero charrúa transformó la pena máxima con una ejecución milimétrica. 

Reacción efímera blanca

Al descanso se llegó con dos a cero y con la sensación de que aquel partido podría incluir una de esas goleadas a las que los aficionados madridistas últimamente parecen acostumbrarse. Julen Lopetegui agitó el sistema del Real Madrid y lo transformó en un 3-5-2. Varane se quedaba en los vestuarios y en su lugar entraba Lucas Vázquez. Con este esquema, Casemiro retrasaba su posición hasta el centro de la zaga.

Lo cierto es que la variante táctica tuvo su efecto porque el Barça salió algo relajado y sorprendido. De repente, la presión alta azulgrana dejó de funcionar y el Real Madrid se plantó en campo contrario. Marcelo aprovechaba la buena salida blanca para recortar distancias en el marcador. El guion parecía que se inclinaba hacia el lado de la igualdad. Más si cabe cuando Luka Modric y Benzema tuvieron dos claras ocasiones para empatar el partido. El croata estrelló el balón en el palo y el francés envió a las nubes un cabezazo en boca de gol.

Imperdonable para un el ‘9’ del Real Madrid. No se duda de sus otras virtudes, pero sin Cristiano Ronaldo el cuadro merengue carece de gol. 
Ernesto Valverde acudió a la pizarra para cortar la sangría. Primero Semedo por Rafinha y luego Dembelé por Coutinho. El Barça pasaba a un 4-4-2 en el que la consistencia defensiva era mayor y sobre todo el peligro en las transiciones crecía con dos futbolistas en el frente ofensivo. El viraje táctico funcionó. Primero, Luis Suárez conectó un buen cabezazo para sentenciar el partido. La fiesta para uno y la depresión para otros no había terminado. El uruguayo conseguía su particular triplete después de un regalo de Sergio Ramos, ese central que se empeña con jugar como un mediocentro cuando no lo es. 

Casemiro cae rendido en el Camp Nou. Foto: EFE


El calvario blanco llegaba a su fin tras una gran jugada de Dembelé por la izquierda que acababa con un centro que Arturo Vidal aprovechaba para hacer el quinto. La manita era un hecho como lo es que a día de hoy el Barça es infinitamente superior al Real Madrid aun sin tener a Messi. 

Los azulgranas pueden presumir de tener a futbolistas preparados para liderar a su equipo, Luis Suárez, Coutinho, Jordi Alba etc. Aunque también fue un partido en el que Ernesto Valverde sacó pecho. En la primera mitad  le ganó la partida a Lopetegui y en la segunda supo corregir cuando el técnico blanco parecía haberle dado la vuelta al guion del partido. Curioso el fútbol una vez más, el primero estaba discutido en el tramo inicial de la temporada y el segundo era aclamado por una prensa madrileña y una afición que le llegó a ver como el líder del Real Madrid que jugaba como el Barça de Guardiola. Mejor no entrar en comparaciones. 

La era Lopetegui llega a su fin. No debería ser el único despido. Lástima que el fútbol exponga demasiado a unos y sobreproteja en exceso a otros. Pero por muy injusto que sea esto no va a cambiar. Así lo reconocía Isco hace una semana en la rueda de prensa previa al partido ante el Vitoria Plizen. «Si echan a Lopetegui, nos tienen que echar a todos», pronunció. Una afirmación demasiado rotunda ante lo visto. 
Si los futbolistas del Real Madrid quisieron proteger a su entrenador, fue lo último que hicieron. Es más dio la sensación de que fueron ellos quienes pusieron la cabeza en la guillotina azulgrana. 

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