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Deportes Crónica

La pasión del Nou Estadi no bastó para que el Nàstic sumara ante el Cádiz (Nàstic 2-3 Cádiz)

El delantero sabadellense lideró a un Nàstic que con la grada volcada a su lado no pudo sumar ante el Cádiz y se aleja de la permanencia

Jaume Aparicio

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La pasión del Nou Estadi no bastó para que el Nàstic sumara ante el Cádiz (Nàstic 2-3 Cádiz)

La pasión del Nou Estadi no bastó para que el Nàstic sumara ante el Cádiz (Nàstic 2-3 Cádiz)

El Nàstic se vació. Y con él el Nou Estadi. Pocos días afición y jugadores han mostrado esa unión este curso. Se dieron la mano para seguir peleando por la permanencia. Incluso cuando el partido se puso cuesta arriba, la conjunción público-equipo resistió para rozar una gesta que no se culminó. Mereció más, pero el Cádiz venció y lanzó una nueva dentada al moribundo Nàstic. Un león mucho más peleón que el que comenzó el curso pero con demasiadas heridas para curarse.

Jugó al engaño Enrique Martín en la previa respecto al estado de José Kanté. La astucia (o mentira, depende de cómo se mire) para tratar de sorprender al Cádiz. «Tiene una microrrotura, no va a estar», decía el técnico navarro en sala de prensa. De ahí la mayúscula sorpresa al verlo en el once titular. Lo que no quita que fuera una sorpresa agradable. Kanté es un futbolista determinante. Dota al equipo de carácter en la presión y criterio a la hora de jugar con balón. Todo el ataque del Nàstic pasa por él.

Su asistencia en Riazor no fue casual. Ayer sumó la segunda, también a Luis Suárez, después de recuperar el esférico en zona de creación gaditana para que el colombiano hiciera el 1-1. No mereció el infortunio de marcarse un gol en propia puerta. Quiso ir a repeler el córner y su testarazo se envenenó. Acabó marcando de penalti pero completamete exhausto.

Bernabé volvió a demostrar que está en un nivel altísimo. Su primera aparición en el partido fue soberbia. Una doble parada sensacional. Primero a remate de cabez abajo de Querol y después al disparo a bocajarro de Salvi que despejó con el cuerpo tenso. A lo Ter Stegen, aunque su preferencia sea Oblak.

Hacía tiempo que al Nàstic no se le veía combinar en la medular con tanta claridad como lo hizo en algunos momentos. Siempre transitorio, para recuperar la verticalidad en cuanto se vislumbraba una oportunidad de hacerlo.

El factor diferencial en Segunda División suele estar en las individualidades. Esos futbolistas descomunales que incomprensiblemente dan con sus huesos en la categoría de plata. Machís bien podría encajar en esta categoría. Sus impulsos van cargados de alevosía futbolística. Solo necesitó de una dejada exquisita de tacón de Querol -ese jugador que tonteó con la retirada hace unos meses y ahí está- para recortar y colocar la pelota en la cruceta del arco grana.

El venezolano era un auténtico suplicio para la zaga tarraconense. En especial para Salva su pareja de baile. Respiró el Nou Estadi cuando vio al delantero sudamericano llevarse la mano a la parte trasera del muslo y solicitar el cambio. La grada estaba celebrando esa oportuna lesión cuando llegó el 1-2 en el saque de esquina que remató Kanté a su portería. Parecía que era el momento del Nàstic. Luis Suárez había conseguido igualar el duelo con una gran finalización para la asistencia de Kanté. Picó suavemente el balón por encima de la salida de Cifuentes para colocarlo en la red.

El Cádiz no conseguía dominar y debía hacer frente a la baja de uno de sus mejores futbolistas. El 1-2 apaciguó las buenas sensaciones que había transmitido el equipo desde el césped.

El partido perdió la cordura en el segundo tiempo. El Cádiz pensó que lo tenía todo atado con el 1-3. Manu Vallejo, sustituto del lesionado Machís, sacó petróleo de un error defensivo grana. Ningún zaguero se activó cuando el balón pasó de largo y el cadista tuvo tiempo de controlar y rematar a Bernabé.

Pero Kanté estaba molesto por su autogol. Quería resarcirse y aún no había dicho su última palabra. Cazó el cuero en la linde del área grande. Recortó y fue al suelo. Pareció fuera, pero el colegiado marcó los once metros. El primer penalti a favor para el Nàstic en toda la temporada. Kanté agarró el balón para plantarlo y ponerlo en las mallas.

El Nou Estadi entró en ebullición. Lanzó bocados desde la grada para acongojar a un Cádiz superado por la histeria local. Perdió lucidez el cuadro andaluz. Querol se encontró con un mano a mano, pero el público y Bernabé, sobre todo el arquero, desbarató la ocasión.

El Cádiz se veía en peligro y acudió al oficio de equipo peleón que quiere ascender. Paró el partido con pérdidas de tiempo que tuvieron al árbitro de aliado y la ingenuidad de los futbolistas granas que dejaban escapar el enésimo tren para aferrarse a la salvación.

NÀSTIC. Bernabé, Salva, Noguera, Mikel, Abraham, Fali (Sadik, 53’), Imanol, Thioune, Luis Suárez, Kanté (Palanca, 79’) y Pipa (Barrada, 53’).

CÁDIZ. Cifuentes, Rober Correa, Jose Mari, Salvi, Alex (Sergio, 78’), Jairo, Matos, Machís (Manu Vallejo, 35’), Sergio Sánchez, Querol (Rennella, 70’) y Kecojevic.

Goles. 0-1, Machís (13’); 1-1, Luis Suárez (19’); 1-2, Kanté (p.p.)(34’); 1-3, Manu Vallejo (52’); 2-3, Kanté de penalti (56’)

Árbitro. Moreno Aragón. Amonestó a Salva, Kanté, Thioune, Rober Correa, Luis Suárez y Noguera.

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