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La plenitud de Albert Casanovas

El jugador del Reus no sólo aporta esa capacidad para interpretar el juego y reordenar las ideas de un equipo mágico. También ha añadido prestaciones ofensivas a su hoja de servicios. La selección es su única deuda pendiente

Marc Libiano , Diari de Tarragona

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Casanovas, junto a su pareja Laia, y a su hija Daniela.

Casanovas, junto a su pareja Laia, y a su hija Daniela.

Albert Casanovas Vázquez (Reus, 1985) disfruta de la plenitud deportiva sin presumir demasiado. Probablemente vive el mejor tránsito de su carrera instalado en el star system del hockey mundial. Su juego se aleja de los resúmenes televisivos. Toma decisiones más rigurosas que asombrosas, pero su figura resulta imprescindible para entender el éxito del campeón de Europa. Con Platero ha formado una pareja imperial de exteriores en el Reus, capaces de dominar tiempos y suturar penas en los días oscuros.

Albert Casanovas maduró en Portugal, donde precisó adaptarse a un clima antagónico. En el campeonato luso no hay espacio para el orden estricto. Se vive en la libertad más anárquica. Ni así pestañeó el defensor, que tomó cartas en el asunto con naturalidad y firmó dos cursos notables en el Oliveirense, con el que rozó el cetro continental en 2016. Sólo la polémica final ante el Benfica en Da Luz le impidió la gloria. El hockey le devolvió lo que le quitó aquel día en Lleida, el pasado 14 de mayo, ya vestido de rojinegro otra vez. En el club de su vida.

La felicidad del reusense

El reusense se presentó en la Final Four de dulce, acostado en un formidable estado físico y de autoestima. También en esa regularidad que acostumbra. Pocas veces se le ha visto suspender en una pista. A su nómina de servicios como líder táctico añadió goles, ese alimento que salta a la vista de los hinchas. Anotó ante el Benfica, en el juego y el decisivo en la tanda de penaltis de una semifinal fratricida. También ante sus ex en la gran final. Levantó su primera Champions bajo un estado de felicidad completa, con su hija Daniela en brazos, pareciendo entender poco de lo que estaba sucediendo. Con 32 años, Casanovas ya se ha colocado en el foco. Ha dejado el anonimato.

El regreso a casa se consumó este verano, cuando el Reus le eligió como una de sus apuestas franquicia, en ese ánimo de devolver al equipo al escaparate elegido del hockey europeo. Vino para ganar de nuevo. Junto a un grupo de jugadores entusiasta y talentoso ha logrado su propósito. Ha cumplido sueños. En 2011 levantó la Liga. Seis años después la octava Copa de Europa.

Hoy, sólo la selección española se mantiene como deuda pendiente. Méritos no le han faltado para convertirse en elegido. El Mundial de China, el próximo mes de agosto, puede abrir puertas a la revolución, en la que el reusense podría contar con un hueco. Completaría su ciclo de rendimiento astral.

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