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La presión como condena (Pobla 1-2 Figueres)

La Pobla cayó ante un Figueres mucho más maduro que le remontó un tanto inicial de Riad

Juanfran Moreno

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Pol Valentín en un acción ante el Figueres. Foto: José María García

Pol Valentín en un acción ante el Figueres. Foto: José María García

El fútbol está lleno de intangibles que suelen influir de manera extrema en el resultado final de un partido. A la Pobla ayer le tocó vivirlo. Porque el filial grana no pudo quitarse de la cabeza la presión con la que saltó al terreno de juego. Con la obligación de no fallar, una de las tesituras más insoportables que pueden haber. El equipo de Juanma Pavón vislumbró la felicidad, pero finalmente acabó viéndose superado por un Figueres tremendamente maduro.

El filial grana compareció en el Municipal de la Pobla con una salida en tromba en la que arrolló al Figueres. Con balón y sin balón. Parecía que aquel encuentro iba a ser un mero trámite. Nada más lejos de la realidad, porque tras esa salida impetuosa, el filial grana sucumbió. La Tercera División es una categoría que engulle a los dubitativos. De nada sirve contar con futbolistas de una excelsa técnica si estos no se desfondan sin balón. En cuanto te destapan tácticamente, suelen aparecer los desenlaces crueles.

La Pobla comenzó a llegar tarde a la presión y el Figueres lo aprovechó para trenzar jugadas que iban mermando el componente mental de los futbolistas granas. Además, los de Juanma Pavón no lograban circular el balón con fluidez. Siempre había un mal pase, un mal control, una mala toma de decisión. Sin embargo, cuando peor estaba el conjunto poblense, habiéndose expuesto a un palo del rival inclusive, Pol Ballesteros emergió en la izquierda para completar una acción maravillosa a nivel individual que finalizó Ryad de primeras. Uno a cero al borde del descanso. Un resultado soñado para cómo se habían desarrollado los primeros cuarenta y cinco minutos.

En la segunda mitad, el filial grana compareció más atemperado y consciente de que estaban por delante en el marcador. Encontraron mayor fluidez en su juego e intentaron resguardarse mediante la posesión. Cuando mejor plantados andaban, el árbitro señaló penalti para el Figueres. Una pena máxima, por cierto, que venía precedida de una jugada en el área contraria que debería haber finalizado con un penalti a favor para la Pobla tras una caída de Brugui. Pero no es excusa. El Figueres empató, recibiendo el premio que tanto había buscado durante una larga fase de la primera mitad.

Tras el gol, la Pobla no supo gestionar el empate. Se desbocó en exceso. En una de esas aventuras, el Figueres volvió a penalizar. Pons, quien estaba siendo un auténtico martirio para la defensa poblense, atacó un centro medido al segundo palo y conectó un cabezazo que entró ajustado a la base del palo largo de la meta de Perales. Otra picada mortífera de los visitantes.

Intentó la Pobla reaccionar pero no pudo. El Figueres supo jugar con cabeza. Administró con maestría su ventaja y fue cortocircuitando el ritmo del partido. Enseñó al filial grana una gran lección: en el fútbol no siempre ganan los buenos, a veces los pícaros condenan.  

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