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La presión y Noguera, claves para el resurgir defensivo

El Nàstic dejó la portería a cero tras tres partidos sin hacerlo y recuperó la mejora defensiva mostrada en la segunda vuelta

Juanfran Moreno

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Miguel Palanca fue una de las grandes sorpresas en el once y estuvo notable tanto con como sin balón. Foto: Alba Mariné

Miguel Palanca fue una de las grandes sorpresas en el once y estuvo notable tanto con como sin balón. Foto: Alba Mariné

La victoria ante el Numancia del Nàstic (2-0) sirvió para romper varias dinámicas negativas en las que andaba inmerso el equipo grana en las últimas semanas. Un triunfo que se puede explicar desde la pizarra y también desde el corazón, porque el Nou Estadi jugó un papel crucial en la actuación de los chicos de Enrique Martín.

Lo que consiguió el conjunto tarraconense con el triunfo ante los sorianos fue romper una racha de tres partidos encajando y tres sin ver puerta. Es decir, el Nàstic había vuelto a ser ese equipo sin gol y poco fiable defensivo que durante la primera vuelta había sido. Es cierto que el conjunto grana sigue sin ser ejemplo en ninguna ni a la hora de atacar ni a la hora de defender, pero en la segunda vuelta sí había mejorado en estas dos facetas del juego. 

Sorprende el hecho de que la victoria ante el conjunto de Aritz López Garai haya sido la primera que haya llegado con más de un gol de diferencia. Un hecho que explica las dificultades que ha tenido el equipo grana hasta en la victoria. Osasuna, Oviedo, Extremadura, Córdoba, Reus y Albacete habían caído por la mínima ante el Nàstic y ante el Numancia se consiguió ganar por más de un tanto. En todo caso, hay que recalcar que el segundo gol de los tarraconenses llegó por medio de José Kanté ya en la agonía. 

Lo evidente es que si el Nàstic ha competido con más fiabilidad en las últimas semanas, salvo el día de La Romareda, ha sido en parte por el progreso defensivo del equipo. Tal mejora ha permitido que los granas no sea el equipo que más encaja en la segunda vuelta de campeonato.

En concreto, el conjunto de Enrique Martín es el quinto por debajo de la tabla junto al Real Zaragoza con 14 goles en contra. Siguen siendo tangibles negativos, pero mejores que los de la primera vuelta en la que finalizó con 34 goles en contra, solo superado por el Córdoba con 37 tantos. 

Hubo varios factores que permitieron al Nàstic recuperar un buen nivel defensivo ante el Numancia. Lógicamente el rival cuenta y es evidente que los sorianos mostraron una versión plana y estéril en fase ofensiva. Solo Fran Villaba agitó en metros finales y el conjunto grana se sintió cómodo defendiendo en los dos contextos que dibujó.

En la primera media hora, el equipo dirigido por Enrique Martín apostó por una presión intensa en bloque alto que tenía como objetivo principal impedir que el Numancia saliera con el balón jugado desde atrás.

La presión surgió su efecto porque los numantinos se ahogaron en la presión y no encontraron la fluidez en la asociación que necesitan para interpretar el ideario futbolístico que intenta implementar Garai desde su llegada. 

Control estéril
Cuando a los futbolistas del Nàstic les comenzaron a fallar las piernas ante la exigencia sin balón a la que estaban siendo sometidos, Enrique Martín viró el contexto del partido. En el final de la primera parte dio pistas, en la segunda lo implantó desde el comienzo.

El conjunto grana replegó  en bloque medio con mucha gente por detrás del balón con un 5-3-2 claramente marcado. Se atrincheró con compromiso y colocación. Dejó al Numancia asociarse, pero en zonas estériles. Cuando el cuero aterrizaba en zona de construcción, el Nàstic apretaba para evitar desequilibrio e intentar robar y salir en la contra.

Con el paso de los minutos, el repliegue se hizo todavía más evidente y el equipo se colocó en bloque bajo. La entrada de Cotán por Palanca le dio oxigeno al equipo grana, pero insuficiente como para poder seguir aguantando en bloque medio.

En ese repliegue intenso, Noguera impuso su ley. El Numancia buscó el juego mucho más directo, viendo que el tiempo se agotaba, pero se encontró con el zaguero argentino que volvió a demostrar que su gran fuerte es el juego aéreo. 

Como en todo partido, hubo errores defensivos, pero no tan constantes como el día del Zaragoza. Sobre todo el penalti infantil de Villanueva a Higinio. De todas formas, reseñar el papel del Nou Estadi es obligatorio. El feudo grana volvió a estar inmenso. Con una asistencia baja (4.118 espectadores), pero de quilates. Ellos todavía creen. 

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