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La rebelión de Pol Ballesteros

Fútbol. El delantero del Nàstic se ha acostumbrado a la etiqueta de revulsivo. A pesar de solo disputar un partido como titular ya es pichichi del equipo grana

Marc Libiano

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La rebelión de Pol Ballesteros

La rebelión de Pol Ballesteros

En algunas ocasiones se ha acusado a Pol Ballesteros (Vilassar de Mar, 1996) de poca implicación en los repliegues defensivos, hasta el punto que Seligrat, su jefe, no le ha considerado  pieza fundamental para figurar en el once hasta el momento. Sólo se ha acomodado en el equipo titular en una ocasión en diez fechas, demasiado poco para un atacante destinado al foco, sobre todo porque dispone de unas cualidades ofensivas elegidas para la categoría. «Me gustaría jugar más, pero estoy contento», reflexionó el protagonista en la zona mixta del Nou Estadi, después de otra intervención quirúrgica para sostener al Nàstic, que igualó ante el Cornellà sobre la bocina con una diana del pequeño delantero (2-2).

Extremo supersónico, hábil para atacar los espacios y con destreza para el gol, Ballesteros no se conforma con el rol de actor secundario que de momento ostenta. Los registros contradicen las apariencias. El barcelonés acumula cuatro goles y comparte pichichi con Brugui. De hecho no solo se reparten ese privilegio goleador, fuera del campo mantienen una relación de amistad casi idílica. De almas gemelas.

Ballesteros ha aprovechado al milímetro el poco espacio que ha disfrutado sobre el césped. Solo acumula 177 de los 900 minutos que el Nàstic ha consumido hasta el momento. De 10 partidos ha disputado siete y seis como suplente. La aportación del atacante habla con hechos, su rebelión también. Pol dignifica cada minuto que le ofrecen, en lugar de borrarse y dejarse ir ante la poca fe de su técnico, protesta sobre el verde y con rendimiento. Se ha olvidado de las malas caras.

La etiqueta de revulsivo no contenta al futbolista, que pretende escalar posiciones en los estatus de que momento Seligrat ha marcado en el plantel. A Ballesteros se le ve ahora como un argumento perfecto para agitar los partidos que se encuentran atascados, sobre todo en esas medias horas finales en las que el Nàstic precisa de ingredientes relacionados con la épica. Le funcionó ante el Cornellà.

Con el Nàstic enredado y por detrás en el marcador, Toni Seligrat acudió al factor Pol Ballesteros a los 60 minutos de juego. Le soltó en un escenario ideal para un jugador capaz de asumir responsabilidades. Parece que entre arenas movedizas y ante la dificultad, el barcelonés siente la plenitud. En parte, porque se toma cada oportunidad como una última aventura. El resultado del invento ya se conoce; gol de Ballesteros y botín para el Nàstic.

Ocurrió a los 83 minutos. El extremo interpretó antes que nadie una pelota muerta dentro de la zona caliente y la acompañó a la red. Una acción de listo, de tipo hábil, con capacidad para adivinar causas perdidas. Seligrat había descubierto a su equipo con cambios casi temerarios. Despejó el centro del campo y llenó de delanteros la ofensiva final, aunque, de momento, la carta que siempre funciona se llama Pol Ballesteros.

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