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La sonrisa de la afición

El Nou Estadi vivió una fiesta tras un año lleno de tensiones y sufrimiento. El triunfo ante el UCAM permitió respirar tranquilos

Iñaki Delaurens

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Imagen de la grada del Nou Estadi este sábado. Foto: Pere Ferré

Imagen de la grada del Nou Estadi este sábado. Foto: Pere Ferré

No ha sido una temporada fácil para la afición del Nàstic. Hundidos en el descenso buena parte de la campaña, con tres entrenadores, jugadores nuevos, algunos decepcionantes y otros ilusionantes. Todo acompañado de una congoja, sufrimiento, enfado, miedo, lágrimas continuos que por fin han terminado. El Nàstic logró la permanencia y seguirá en Segunda División. 

Después de un curso en una montaña rusa de emociones, tras la victoria del Nàstic en Tenerife la semana pasada, la hinchada grana tenía ganas de vivir una fiesta. De ahí la buena entrada en el Nou Estadi (11.123), pero ni de lejos los deberes estaban hechos. El optimismo, compartido durante la semana, fue la tónica general en los instantes previos al encuentro. Aunque la permanencia aún estaba en el aire.

Los aires de fiesta del arranque se fueron diluyendo a lo largo del primer tiempo. Las victorias momentáneas de Alcorcón y Almería pusieron en alerta a todo el Nou Estadi. Si el UCAM era capaz de marcar el equipo grana estaría en Segunda B. Una preocupación latente. Pero el cuadro murciano tampoco creaba peligro, por lo que los ánimos tampoco se hundieron mucho. 

En la segunda mitad, aunque el duelo se abrió, la gradería se volvió a animar. La inocencia del UCAM en ataque invitaba a optimismo, mientras que el Nàstic disfrutaba por medio de Muñiz y Barreiro de las mejores ocasiones. Pero este estado de ánimo alegre se torció en un segundo. El penalti a favor de los murcianos silenció el Nou Estadi. Se encogió el corazón de la afición. Que siguieran latiendo en Segunda dependía de Reina. Su parada a Jona revitalizó al Nou Estadi. La hinchada revivió con más fuerza que nunca. 

El destino aún tenía un momento dulce guardado para la familia del Nàstic. Ya en el tiempo de compensación, con el estadio acariciando la salvación, el gol de Barreiro fue el colofón final. La fiesta se volvió a desatar y ya no hubo manera de frenarla. 

La invasión de campo fue inevitable por mucho que insistiera el speaker. Un inventario de cánticos grana se fueron sucediendo con toda la afición pisando el césped. El mismo sobre el que tanto les han hecho sufrir los jugadores grana esta temporada. Había sido sin querer. Al final se ha logrado la salvación. Esa sonrisa que los socios tenían guardada desde hacía mucho tiempo, se pudo volver a ver en el Nou Estadi. 

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