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La trama de los amaños en el tenis, con tentáculos en Tarragona, habría generado dos millones de beneficios

La operación dirigida por la Audiencia Nacional se saldó la pasada semana con 14 detenidos y 40 imputados en toda España

Francesc Joan

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La trama operaba en partidos de torneos Challenger y Futures. FOTO: DT

La trama operaba en partidos de torneos Challenger y Futures. FOTO: DT

La operación ‘Bitures’ contra el amaño de partidos de tenis y apuestas fraudulentas que se saldó la pasada semana con 14 detenidos y 40 imputados en toda España y cuya trama tiene tentáculos en Tarragona -hubo varios registros en domiciliarios en la ciudad-, habría generado unos dos millones de euros en beneficios, según los primeros cálculos de la investigación.

El juez de la Audiencia Nacional José De la Mata investiga a los implicados por supuestamente integrar una «organización criminal, principalmente dedicada a la estafa, corrupción entre particulares en el ámbito del deporte, organización criminal, usurpación del estado civil y blanqueo de capitales». Según el auto el núcleo está formado por tenistas, familiares, intermediarios, inversores y «cedentes de identidades».

Entre los apresados figuran dos hombres de nacionalidad armenia, corredores «profesionales» de apuestas asentados en Valencia con los que al parecer se alió el cabecilla en las pistas, el jugador Marc Fornell, al detectar que sus actuaciones estaban siendo vigiladas por TIU (Tennis Integrity Unit) y los supervisores de tenis.

En una primera fase de la actividad delictiva,  Marc Fornell, con la cooperación necesaria de sus gestores de cuentas también detenidos, Adrian B.M. y Miquel C. así como Albert C, supuestamente hicieron apuestas en eventos en los que jugaba él u  otros tenistas a los que él podía influir. Para hacer las apuestas la organización utilizaba como usuarios a personas de su entorno familiar o de amistades de máxima confianza.

En una segunda fase, al saberse vigilado, Fornell comenzó a relacionarse con los dos citados organizadores armenios, «pasando a ser intermediario con otros tenistas para incitarles a alterar el resultado de sus partidos a cambio de una compensación económica».

Existen indicios de que, además de la cantidad pactada por un amaño, los tenistas implicados también percibían parte del beneficio obtenido con las apuestas. La red llegó a pagarles 1.000 euros por dejarse un ‘break’ (ceder un juego estando al servicio), aunque los amaños abarcaban un amplio abanico de modalidades, incluido forzar dobles faltas y perder un partido entero.

Las elevadas apuestas en algunos partidos hicieron saltar las alarmas entre los organismos de control y derivaron en la investigación. El grupo, sin embargo, había llegado a perfeccionar tanto su operativo que logró sortear esa vigilancia utilizando casi un millar de identidades robadas, en su mayoría de ciudadanos españoles. Con ese sistema incluso una sola persona podía manejar al mismo tiempo decenas de perfiles. Con ese método la organización también evitaba los topes que imponen las casas de apuestas.

Fornell y  los tenistas implicados en los amaños que señala el juez en su auto habían sido asiduos de los torneos de Tarragona y Reus en los últimos años.

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